viernes, 24 septiembre, 2021
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“El tenis es mi obligación, quiero ser el número uno del Mundo.” – Novak Djokovic (7 años) 

 

 

Cuando alguien tiene claro lo que quiere en la vida, no hay qué se interponga entre el sueño. Habrá que hacer un sacrificio, muchas veces vas a querer desistir porque parecerá que las cosas nunca van a llegar, pero lo importante es no dejar de insistir, porque la oportunidad va a llegar, solo hay que tener paciencia. 

Novak Djokovic, nació el 22 de mayo de 1987, en Belgrado, Yugoslavia. Comenzó su carrera como tenista desde muy joven y lo apadrinó Jelena Genenic (tenista y entrenadora serbia), quién, al ver el talento del pequeño “Nole”, quedó impresionada y supo desde entonces que había algo diferente en él, tenía un talento especial. 

Él siempre tuvo claro cuál era su objetivo, a dónde quería llegar y qué quería ser. Su “mamá del tenis”, como él la llama, fue de gran ayuda y cuenta en una entrevista que fue ella quien le mencionó sus padres que con el talento que tenía y lo pequeño que estaba podía llegar a ser el mejor del mundo.

A pesar de lo difícil que fue su infancia y adolescencia por las guerras que atravesó el país, su refugio siempre fue el tenis y, quizá, era su escape ante la realidad que tenía que afrontar. Los estragos las guerras pueden causar son muchos, además de generar traumas en las personas que lo viven y sobreviven. 

En 2003 su carrera como profesional ya había iniciado, estaba inspirado por su gran ídolo Pete Sampras y comenzó a avanzar de una forma silenciosa, pero que lo llevaría lejos y a colarse entre un grupo selecto del que pocos tenistas pueden decir que pertenecen. 

En 2006 consiguió su primer título ATP y ese mismo año terminó en la posición número 20 del ranking. Un año más tarde ganó Miami, llegó a la final del Indian Wells, alcanzó semifinales de Wimbledon y Roland Garros y terminó el año como número tres del mundo. Al año siguiente por fin llegó su primer Grand Slam, lo ganó en Australia ante uno de sus grandes rivales hoy en día, Rafael Nadal. Se convirtió en el cuarto jugador más joven en conseguir el título en ese torneo. 

Para el 2010 Djokovic seguía figurando entre los tres mejores, pero por delante de él tenía a dos leyendas en su mejor momento, Federer y Nadal. ¿Cómo se compite ante tales personajes? ¿Qué se necesita para poder colarse entre estos dos, en una era donde eran los que dominaban este deporte? ¿Qué hay que hacer para que te vean cuando los reflectores están en otros? 

Ese 2010, entonces, fue un año crucial para el tenista, porque él quería más que nadie ser el mejor, pero estaba a la sombra de dos de los mejores de la época. Debe ser muy difícil competir con semejantes figuras y ponerse de tú a tú con ellos. Nole daba destellos de lo que podía lograr, pero no le daban el mérito suficiente y sus logros aún no eran suficientes. Aquel mismo año Novak alcanzó finales, pero había algo en él que no cuadraba, parecía que por más que intentara llegar a la cúspide no lo iba a lograr. Él cuenta en una entrevista para el podcast “The School of Greatness” que en ese momento decidió desistir, quiso tirar la toalla. Toda la frustración que él sentía la reflejaba en cancha con berrinches, rompiendo raquetas y con actitudes que cualquiera pensaría que no son aptas de un tenista de élite. Aunque manejar esa presión no es fácil, todo parecía nublado para él, no logró ningún Grand Slam ese año, pero terminó siempre en la posición número tres del ranking. 

Después de visitar a psicólogos, familiares y meditarlo encontró la respuesta que necesitaba. Cuando los objetivos están claros y no se consiguen hay que hacer una cosa: cambiar el plan, mas no la meta. Lo único que tenía que hacer era cambiar su mentalidad. Eso no es tan fácil cuando hay cosas que ya están tan arraigadas, pero para ser el mejor hay que estar dispuesto a hacer sacrificios que después de un tiempo valdrán la pena. Al año siguiente la historia para el tenista serbio comenzó a tomar un rumbo completamente diferente, después de tomar la decisión de hacer cambios radicales de eliminar pensamientos y actitudes que no le beneficiaban por fin consiguió. 

2011 fue, en definitiva, el año de Djokovic, donde tocó la cima. Llegó a las cuatro finales de los Grand Slams, ganó tres y solo perdió una en Francia ante el rey de la arcilla, y aunque ese duelo comenzaba a repetirse en varios escenarios, el serbio era de los pocos que sabían cómo arrebatarle partidos a Rafa, algo que hasta la fecha es muy difícil de conseguir. 

 

“La disciplina es el puente entre las metas y conseguir lo que te propones, cualquier cosa que desees en la vida realmente debe tener una parte de disciplina”

 

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Este personaje es muy querido por muchos y odiado por varios, depende qué lado vean de él. Es de esos atletas que te enseñan cosas para la vida con su forma de jugar. No rendirte, adaptarte al cambio, luchar por lo que realmente se quiere y, sobre todo, saber que cualquier cosa que desees es posible si trabajas y crees en que lo es. El deporte implica sacrificios, y uno como el tenis está lleno de retos que se deben afrontar solos, por ser un deporte individual. Es una persona dedicada a causas sociales, que las mismas situaciones que ha vivido lo hacen ser el ser humano que es. 

 

“Todos deberíamos ser amables con los demás, no importa qué, porque no sabemos qué es lo que los otros están pasando, por eso siempre debes ser amable.” – Novak Djokovic, entrevista en The school of greatness 

 

Nole tiene varias caras: la del ser humano que es empático, simpático, divertido y amable, que es como le suelen ver fuera de una cancha. El que compite, el que sabe pelear, que se emociona al ganar un partido complicado, el que siempre trata de ser amable con los rivales, pero también puede ser aquel que se frustra, que se enoja, que grita, que se exige más, que tira una raqueta, el no puede lidiar con la frustración. 

Tokio ha sido el mejor ejemplo de las mil facetas de Djokovic, desde que llegó e iniciaron los Juegos fue la sensación, todos querían una foto con él y todos tienen una foto con él, vimos quizá su lado más humano, compartiendo con otros atletas y apoyando a su país en otros deportes; repito, el Novak más humano que han podido ver. Pero también pudimos ver a ese Djokovic de hace unos 11 años, aquel que se frustra, que no puede manejar la presión ni el estrés y que comete errores en cancha, que le han costado la crítica de muchas personas.

¿Quién mejor para soportar la presión que él? Son pocos los que pueden lograr las cosas que él y su mente hacen, como levantar un partido que lo tenía prácticamente perdido, salvar match points, terminar remontando ante Federer, doblegó a Nadal en su propio terreno para ganar un título ante el mejor de esa pista, en fin, pudiera enumerar más cosas y demostrar todas las habilidades del serbio. 

Aunque nadie niega que cuando deja que las emociones lo dominen sus actitudes dejan mucho que desear, cuando él logra dominarlas es otro definitivamente. Como una persona que sabe soportar presión, expresó unas palabras sobre eso que coincidieron en el momento en el que Simone Biles decidió retirarse para no competir en la final por cuidar de su salud mental.

Competir al más alto nivel requiere de una fortaleza y de un gran trabajo, la mente es poderosa, pero si no eres capaz de dominarla, ella lo hará. 

Djokovic se quedó tan cerca de lograr algo realmente histórico, que solo la esposa de un grande ha podido conseguir: “el Golden Slam” ganar los cuatro grandes y un oro olímpico el mismo año. Se quedó cerca del oro olímpico tanto en dobles como en singles, pero él mismo declara estar exhausto y no es para menos con el nivel que se le pide. Compite, cumple y hasta demuestra más de lo que se le exige. 

Estamos tan acostumbrados a verlo sobrepasar nuestras expectativas, que cuando él falla pocos le aceptan que pase, dejando de lado que aunque pareciera inhumano, es una persona que necesita un respiro y un descanso. Novak sabe que los límites están en la mente y él sabe dominar su mente. “Me recuperaré y volveré a intentar ganar el oro en París 2024” dijo tras lo sucedido en Tokio. Solo alguien tan fuerte como él es capaz de decir algo así, solo alguien como él que sabe hasta dónde puede exigirse y hasta dónde puede llegar si se lo propone es capaz de decirlo. Ahora solo falta que el tiempo, la suerte y el destino coincidan, pues el objetivo ya está trazado y él lo va a intentar. 

 

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