sábado, 23 enero, 2021
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Detrás del espectáculo que nos regala el futbol, de la elegancia y la magia, de las guerras, las tristezas, las alegrías y las emociones, detrás de toda esa pintura que admiramos, se esconden vivencias, pero sobre todo personas que llevan años de su vida e incluso una vida entera dedicadas al futbol.

Entre sus manos desgastadas, entre sus palabras de ánimo silenciosas y sus innumerables tareas, los utileros también guardan historias, hitos, mitos y leyendas. Pero estoy muy seguro de que Ann Kristin Aaroneses es la única utilera en el mundo que un día fue Bota de Oro de un Mundial y Campeona del Mundo.

El origen

Un paisaje montañoso que cuenta con unas bellas costas nos recibe en Ålesund, perteneciente a Møre og Romsdal, en Noruega. Siete islas conforman este paradisíaco y acogedor destino: Aspøy, Ellingsøy, Hessa, Humla, Nørvøy. En esta tierra, donde los cuentos de trolls, duendes y mucha fantasía habitan desde hace siglos, en esa naturaleza quimérica, fue donde en los años 80´ se empezó a forjar una dinastía que años después colocaría a Noruega en el mapa mundial del futbol femenino.

Ann Kristin Aarones nació en Ålesund, en 1973, y desde muy temprano se unió al Spjelkavik IL, donde no tardó en volverse una goleadora a pesar de ser aún una niña. Gracias a su paso goleador, fue tomada en cuenta en la Selección Femenina de Noruega, que para esos años ya tenía una algo de relevancia en el futbol femenino europeo.

Sin tener tantos reflectores, Noruega en 1990 ya había ganado una Eurocopa y registraba un subcampeonato en la misma competición. Estaban en posición de dar un golpe en la mesa mundialmente, combinando experiencia con juventud para los próximos torneos.

Como si fuera un guion sacado de las mejores tramas de los años 90´, Aarones debuta con el combinado noruego en el teatro de los sueños, en Old Trafford, aunque con un empate 0-0 ante Inglaterra, en un partido por las clasificatorias rumbo a la Euro de 1991.

Ya en ese torneo Noruega fue la revelación y alcanzó la final del certamen para medirse con Alemania,; sin embargo las noruegas recibirán un duro golpe en sus aspiraciones. Las germanas no tuvieron piedad y los goles de Mohr y Neid terminaron por sellar el resultado de 3-1, en la prórroga, para que las teutonas se quedaran con el título.

Fue un golpe duro para la generación de mujeres en Noruega, porque era el segundo bicampeonato en el torneo de manera consecutiva y con el Mundial de China 1991 a la vuelta de la esquina. Con cuatro meses desde aquella fatídica derrota, Noruega se presentó en China al partido inaugural ante cerca de 65 mil personas, pero con un costoso debut de 4-0 ante las anfitrionas. Hasta Hege Riise se había impresionado por el marco: “Recordaré aquel partido el resto de mi vida, no por el fútbol ni por el resultado, sino por los espectadores”.

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Tras ese juego y los dos subcampeonatos Europeos, Noruega dejó ante los ojos del mundo una imagen trastocada, con muchas dudas, no de la calidad de sus jugadoras y de la formula que querían aplicar, sino del momento anímico y mental que atravesaban. Sin embargo, fue esa misma adversidad la que motivó a las jugadoras para golear a Nueva Zelanda y vencer 2-1 a Dinamarca y no parar en su viaje hasta colocarse en la final del torneo, donde la historia volvería a negarles la gloria. A los 78 minutos, en un partido muy cerrado, Michelle Akers le dio el título a Estados Unidos y una nueva desilusión al pueblo noruego. Una tercera final al hilo perdida.

Resiliencia

En 1992, la federación de Noruega redirigió el proyecto con las selecciones femeniles de cara a dos grandes compromisos que suponían la Eurocopa de 1993 y el Mundial Femenil de 1995. La formula no fue otra más que combinar experiencia con juventud, pero esta vez dándole gran peso a jóvenes futbolistas durante todo el proceso como Linda Medalen, Merete Myklebust, Kristin Sandberg, la portera Bente Nordby, Anne Nymark Andersen, Gro Espeseth y Ann Kristin, todas ellas protagonistas de los años venideros.

El trabajo y la planificación rindieron sus frutos; en 1993, tras dejar en semifinales a Dinamarca, Noruega llegó como favorita para llevarse el título ante Italia. Un gol de Hegstad en el Estadio Dino Manuzzi rompía con la sequía de títulos y la racha de tres finales perdidas. La segunda estrella continental llegaba, pero aunque las jóvenes jugadoras habían destacado poco, la gente y la prensa ya hablaban de lo bien que pintaba el futuro para la Selección de Noruega Femenina.

Teníamos el mismo seleccionador que en 1991 y más o menos las mismas jugadoras, y habíamos desarrollado una forma de entrenarnos, realmente intensa, que nos había proporcionado la mejor forma física de nuestras carreras y hacía que nos sintiéramos prácticamente imparables de camino a aquel Mundial. Llegamos al torneo en la cresta de la ola, plenas de confianza”.

En un marco pletórico, Noruega se presentó a la Copa del Mundo Femenina Suecia 1995 como una aplanadora en el Grupo B, marcando 17 goles y cerrando su portería al completo durante esa primera fase. 8-0 a Nigeria, 2-0 a Inglaterra y 7-0 a Canadá. 5 de esos 17 fueron de una Ann Kristin que empezó a llamar los reflectores en el certamen.

Rumbo a la fase final, Noruega eliminó a unas viejas conocidas: Dinamarca, por marcador de 3-1. Y Aarons se cobró una de tantas ante Estados Unidos, en un partido donde se hizo presente la “suerte del campeón”. Las americanas estrellaron tres veces el balón en los postes y en un tiro de esquina, Ann se levantó para en un suspiro mandar el balón al fondo de las redes. “Ganamos 1-0 y yo marqué el gol a la salida de un córner. Supongo que tuvimos algo de suerte en aquella victoria y que, seguramente, las estadounidenses sintieron que les habíamos arrebatado el oro”.

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Horas más tarde en ese mismo estadio en Helsingborg, Alemania cortó las ilusiones de China con un solitario gol de Wiegmann. La mesa estaba lista para Aarons y las noruegas: había llegado otra oportunidad de vengar de la humillación de 1991.

El Estadio Råsunda fue el encargado de albergar esta cita con la historia, mismo estadio que hoy ya no existe y que se convirtió en un complejo de apartamentos y oficinas. Ahí, abajo de unas cuantas mesas, escritorios, salas y cocinas, el futbol noruego femenino escribió historia pura el 18 de junio de 1995.

Con un nerviosismo claro en los rostros, las noruegas se presentaron en el encuentro para vencer sus miedos, sus propios fantasmas, en medio de una lluvia que azotaba el municipio de Solna. Ahí, por el carril izquierdo y con una cinta singular en la cabeza, Aarons empezó a hacer daño a la defensa alemana.

Una recuperación de Anne Nymark en media cancha fue clave para que el destino le hiciera una caricia al futbol femenino noruego. Nymark cedió a Hege Riise, que con dos gambetas y caño incluido se quitó a dos rivales para posicionarse fuera del área y prender el balón que, con la lluvia como cómplice, llegó a las redes para marcar el 1-0 de esa tarde.

La alegría duró lo mismo que duraron los tres minutos inmediatos al gol antes de incrementarse. Tras una mala salida de la defensa alemana, Linda Medalen sacó un disparo que la portera Goller rechazó al centro, donde el balón esperó a que alguien lo empujara y ahí apareció Marianne Pettersen, para hacer los honores y marcar el 2-0.

En la segunda parte, Alemania no bajó los brazos, pero la figura de la juvenil portera, Nordby, se hizo enorme en el arco llegada tras llegada, minuto tras minuto. Con la grada apoyando a Noruega y un sueño que parecía imposible, en medio de una lluvia que acompañó todo el partido, en un campo lleno de lodo y que tenía muchas huellas de la batalla que se había vivido, el árbitro silbó el final del encuentro y eso trajo uno de los festejos más emotivos en la historia del futbol femenino.

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Tres finales perdidas, en un país donde el futbol no era prioridad, en una época donde el futbol femenino no tenía difusión, apoyos y demás, Noruega no había bajado los brazos. Este grupo comandado por Riise y Aarons, había peleado de principio a fin por la gloria, por el título del mundo. Ese momento había llegado.

Hay momentos que no se olvidan, y aquel gol en la final es uno de esos momentos para mí. Sin embargo, aunque dominábamos tan claramente el partido, éramos bien conscientes de que teníamos delante a Alemania, una selección que nunca se rinde, por lo que no nos relajamos hasta el pitido final. Luego lo celebramos a lo grande. Incluso dos aviones militares volaron junto al nuestro, a modo de escolta especial, de regreso a Noruega, donde nos esperaba una gran fiesta en el aeropuerto”, contó Riise.

No es nada habitual que Noruega gane un Mundial de fútbol, tampoco la selección masculina. Empezamos pronto con el fútbol femenino, y en los noventa teníamos un equipo sensacional. Fue positivo para el fútbol femenino noruego que nosotras ganáramos grandes torneos, y conquistar aquel Mundial fue muy importante para todo el país”, señaló Aarons.

La dinastía

A esa Selección de Noruega los éxitos siguieron llegándole, pero nada se comparó a aquella noche en Suecia. Fueron tricampeonas de la Copa Algarve en 1996, 1997, 1998, terceras en los Juegos Olímpicos de Estados Unidos y cuartas en el Mundial de 1999.

Aarons jugó 111 partidos con el combinado de Noruega, marcó 60 goles y se llevó la Bota de Oro de 1995 con 6 tantos. Es la tercera mejor anotadora en la historia de la selección pero, además, está entre las mejores goleadoras en la historia de los mundiales con 10 tantos. En clubes ganó cinco títulos de liga y seis copas.

Hoy es la Directora de utilería de la Selección Nacional de Noruega, que lejos ha estado de aquellos años donde Aarons, Riise, Medalen y otras importantes jugadoras vencieron los medios, los paradigmas y los discursos del futbol, pero sobre todo, lograron dominar el futbol mundial a placer.

Ojalá tuviera 20 años menos para poder volver a jugar”.

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Vicente Escobar
Especialista en scouting y análisis

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