lunes, 23 mayo, 2022
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La historia de los Juegos Olímpicos de la modernidad no está exenta de tragedias. De hecho, desde el retorno del evento en 1896 se contabilizaron 16 muertes durante el desarrollo de alguna edición de Verano y de Invierno, siendo la última de ellas la del georgiano Nodar Kumaritashvili, especialista en la prueba de luge.

Ya desde su nacimiento la disciplina corría por sus venas debido a los antecedentes de su familia: su abuelo Aleko introdujo el deporte en la Georgia de la época soviética tras años de entrenamiento en Alemania, potencia histórica del luge; su tío Felix fue presidente de la Federación Georgiana de Luge y su entrenador personal cuando se adentró en las competencias profesionales y su padre fue campeón juvenil de la Unión Soviética y tricampeón de las Espartaquiadas, dos de ellas en luge y la restante en bobsleigh.

Como se mencionó anteriormente, su tío lo acompañó en la transición de la competencia amateur a la profesional cuando tenía tan solo 19 años, tras practicar el deporte por poco más de seis años. Dio sus primeros pasos en cuatro carreras de la Copa del Mundo 2008/2009, llegando a tener que manejar durante días para arribar a los eventos por la situación económica de su familia, y en la temporada 2009/2010, ya con algunos sponsors asegurados que mejoraron su situación, finalizó 38° al momento del corte clasificatorio, lo que le aseguró un lugar en los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010. Con 20 años, estaba encaminado a ser uno de los 8 atletas que iba a representar y defender la bandera de Georgia, pero hay veces en las que el destino decide cambiar el libreto a mitad de camino y uno no tiene más remedio que aceptarlo, por más trágico que sea.

Al igual que algunas modalidades de los Juegos de Verano, como el beach volley y el judo, por ejemplo, hay deportes que comienzan su actividad o entrenamientos días antes o el mismo día de la ceremonia inaugural. Este último fue el caso del luge, disciplina a la que le fue asignado el 12 de febrero, día de la ceremonia, como último día de prácticas. Y allí ocurrió la desgracia: saliendo de la curva 15, Kumaritashvili tomó más velocidad de la esperada, se fue de la trazada ideal y perdió el control del trineo en la curva 16, provocando que chocara con el costado opuesto y saliendo despedido a 144 kilómetros por hora contra un poste que no estaba recubierto.

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La asistencia médica, la ejecución de RCP y el traslado al hospital de Whistler fueron inmediatos, pero la posición en la que había quedado el cuerpo del georgiano entre las columnas y la reacción de los presentes permitían intuir que todo el esfuerzo estaba siendo realizado en vano. Y así fue: un par de horas después del accidente se confirmó la muerte de Kumaritashvili producto del impacto y, de esta manera, los Juegos de Vancouver estaban de luto sin siquiera haber comenzado. Sus compatriotas se reunieron y habían llegado a considerar no participar de los Juegos, pero una charla con Nika Rurua, Ministro de Deporte y Cultura de Georgia, los hizo desistir. En cambio, los siete atletas vistieron un lazo negro en sus uniformes y en la bandera durante la ceremonia de apertura a modo de homenaje y el 14 de febrero se llevó a cabo un minuto de silencio durante el primer día de las pruebas oficiales de luge con el rostro de Kumaritashvili en todas las pantallas de registros de tiempos. Su cuerpo fue trasladado a Georgia, donde se llevó a cabo un funeral rodeado de amigos y familiares que incluso contó con la presencia del entonces presidente Mikheil Saakashvili.

 

 

La pista y el informe final

La construcción de la pista del Centro Whistler estuvo a cargo de la empresa alemana Ingenieurburo Gurgel, mejor conocida como IBG, y su director, Udo Gurgel, es un ingeniero alemán especializado en la construcción de pistas de luge, skeleton y bobsleigh. De hecho, él y su equipo fueron los encargados de la construcción de la primera pista de luge de Alemania Oriental, en un intento del gobierno de no parecer menos que Alemania Federal, que había logrado construir la pista de Konigssee en 1968, la primera artificial de su tipo. Tras varios fracasos derivados del proceder casi secreto del Ministro de Seguridad y Estado de Alemania Oriental, el equipo de Gurgel se especializó en planificación y cálculos para desarrollar su propio software de programación y así convertir a la pista de Oberhof en la primera en ser diseñada exclusivamente por computadora. Además de esta innovación tecnológica, su compañía fue la pionera en dejar de lado la utilización de madera para reemplazarla por inyecciones de cemento.

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Volviendo a lo ocurrido en Vancouver, IBG ganó la concesión de la pista de Whistler y el 23 de octubre de 2004 presentó el plano final al Comité Organizador, en el que especificaba que los cálculos habían arrojado una velocidad máxima de 136.3 kilómetros por hora. Sin embargo, tras los numerosos accidentes ocurridos en febrero de 2005 durante la homologación de la Cesana Pariol, la pista que iba a ser utilizada en Torino 2006, la Federación Internacional de Luge (FIL) instó al comité italiano a realizar cambios en el trazado, que luego replicó para el comité canadiense para llevarlos a cabo antes de la construcción que estaba pautada para mediados de ese mismo año. Tras muy poca consideración, el Comité Organizador de Vancouver ratificó su postura y sostuvo que la construcción se llevara a cabo en base al diseño original que había presentado IBG en 2004.

La construcción finalizó en diciembre de 2007 y luego de más de 200 salidas practicadas a principio de 2008 consiguió la certificación de la FIL y de la Federación Internacional de Bobsleigh (FIBT). En febrero de 2009 se llevó a cabo una fecha de la Copa del Mundo de todas las disciplinas (bobsleigh, luge y skeleton) con la sorpresa de que el alemán Felix Loch registró una velocidad máxima de 154 kilómetros por hora, casi 20 más de lo que habían estipulado los cálculos. Esto generó preocupación en el presidente de la FIL Josef Fendt, quien se dirigió a los diseñadores de IBG para que hagan de cero todos los cálculos que habían presentado para encontrar dónde estaba el error que llevaba a ese diferencial de velocidad tanto por la proximidad de los Juegos como para no repetirlos en la construcción de la pista de Sochi, que también iba a estar a cargo de la empresa alemana.

El Comité Organizador de Vancouver sostuvo que había que mantener el trazado tal y como estaba, ya que entendían que la preocupación de la FIL estaba puesta en los Juegos de Sochi 2014 mientras que IBG publicó un informe de 9 carillas en el que explicaban que el diferencial de velocidad se debía al avance tecnológico de los trineos, que reducía los coeficientes de agarre y de fricción, permitiendo a los atletas llegar a velocidades imprevistas en el momento del diseño cinco años atrás.

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Dos meses después del hecho, la FIL publicó su propio informe sobre lo ocurrido, en el que concluía que el accidente se debió a errores de manejo por parte de Kumaritashvili en las curvas 15 y 16, aunque no dejó de mencionar el hecho de que en la práctica se registraron velocidades superiores a las presentadas en los cálculos. Esto sirvió para agregar un ítem en el que aclaraba que sólo homologarían la pista de Sochi si las velocidades máximas oscilaban entre los 130 y 135 kilómetros por hora.

Esta no fue la única investigación realizada, ya que la oficina del juez de instrucción de la Columbia Británica también llevó adelante su propio informe en el que coincidía con la FIL en los errores de manejo del georgiano por querer ir rápido en una pista que no conocía, aunque también criticaba la elección del Centro Whistler para la construcción de la pista por sobre las Montañas Blackbomb por motivos comerciales. Los organizadores de los Juegos y Gurgel sostuvieron que esta última opción fue descartada por la FIBT y las federaciones adheridas por razones que no quisieron dar a conocer. David Kumaritashivili no tardó en salir a criticar esta conclusión ya que, desde su óptica, si su hijo no hubiese tenido la experiencia suficiente, no habría clasificado a los Juegos Olímpicos.

Así se cerró el último capítulo negro, hasta el momento, de la historia de los Juegos Olímpicos, tanto de Invierno como de Verano. Con fallos e informes que no terminan de ser sumamente convincentes y que, lamentablemente, tienen muchas probabilidades de ser las últimas líneas de entidades oficiales dedicadas a Nodar Kumaritashvili.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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