miércoles, 4 diciembre, 2019
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“…Silbatazo de Ben Haverkort, el PSV Eindhoven inicia la temporada 2006-2007 con goleada de 3-1 sobre el Nec Nijmegen. Goles de Phillip Cocu, Alex Rodrigo y Jan Vennegoor, el peruano Jefferson Farfán colaboró con dos asistencias. Además, el mexicano de 26 años, Carlos Salcido, debutó de manera oficial con el equipo y lo hizo con una buena actuación…”

Así se empezaba a escribir una de las carreras más exitosas de futbolistas mexicanos por Europa. Pero más allá de los logros deportivos, Carlos Salcido, que acaba de retirarse con Veracruz, abrió un camino, conquistó una tierra desconocida favoreciendo, a priori, a que más mexicanos llegaran a Holanda y al PSV en particular.

Esa conquista no fue fácil, empezando porque 7 años atrás de aquel 30 de agosto del 2006, Salcido no tenía en mente el fútbol, mucho menos ser futbolista y ni remotamente, jugar para la Selección Mexicana y en Europa.

La historia del también ganador de la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con la Tricolor puede compararse con aquella historia del corredor de ultramaratón estadounidense David Goggins, que narra en su libro Can’t hurt me los fantasmas de su pasado, una infancia difícil y el cambio de vida que tuvo que realizar en menos de tres meses para convertirse en el “hombre más duro del mundo”.

 

Ser, sufrir y sobrevivir

Proveniente de una familia humilde, Salcido se encontró a los 9 años el primer golpe de vida cuando su mamá falleció de cáncer. Aquello le sirvió para madurar rápidamente y enfrentar retos difíciles que lo llevaron a tomar decisiones complejas, demostrando a temprana edad el liderazgo que años más tarde se le vería en las canchas.

Mis hermanos más grandes se fueron a Estados Unidos y no recibimos ni una llamada, ni un dólar. Había veces que no teníamos donde dormir, ni para pagar la renta. Caminábamos en el pueblo a las 2 o 3 de la madrugada, para ver en qué casa podíamos pasar la noche”, describió en una entrevista para Televisa.

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Salcido se dio cuenta que el único que podía cambiar la situación era él mismo, tomó el control y a los 14 años dejó Ocotlán para ir a la ciudad de Guadalajara, donde consiguió su primer empleo en una central camionera: lavando autobuses.

Tras dejar aquel trabajo, el joven Salcido, siguió tocando puertas, pero aún nada relacionado al futbol. Una vidriería primero, y luego una ferretería, de la que tuvo que huir por una supuesta venta de autopartes robadas.

Sin trabajo y con tiempo libre, un lunes, Carlos es invitado por otros amigos a verlos jugar en un polideportivo popular de la ciudad y es ahí, donde su vida daría un giro de 180º grados.

El destino

Uno no elige las circunstancias de la vida. Aún así, nosotros tenemos el poder de cambiar nuestra vida o encontrarnos en el destino casualidades que nos guían a lo impensado. Así fue como Salcido a los 19 años tuvo su primer contacto con el fútbol.

El equipo de mis amigos eran como 9, me metieron con un registro de alguien que se parecía a mi y terminamos ganando el partido 3-2. Llegó un profesor y me dijo que tenía físico de futbolista y me preguntó que si no quería jugar, le dije ‘no creo’”.

En la ferretería, Salcido ganaba alrededor de 600 pesos mexicanos, aproximadamente 30 dólares estadounidenses, por lo que cuando le ofrecieron el doble por jugar al fútbol, Carlos no lo dudó. Meses después, Chivas, uno de los equipos más populares de México, lo puso como prioridad para intentar ficharle e integrarlo a sus filas de inmediato.

Salcido había sido guiado por algo mucho más poderoso: el camino de mayor resistencia. Talento, no requerido. El debut con el Rebaño Sagrado llegó, enfrentando dificultades en su andar hasta que se hizo de un puesto titular y un contrato de Primera División.

La cima

Entre el 2003 y 2004, ‘Salcitas’ decidió transformar su vida. No culparía más a su infancia, ni a su falta de habilidades, ni a las circunstancias, ni a su situación actual.

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Con 24 años, Salcido recibía su primera convocatoria a Selección Mexicana para las eliminatorias rumbo a Alemania 2006. El nacido en Ocotlán, lo había logrado: era titular en Chivas, iba a representar a su país y pudo ver a sus hermanos luego de 15 años, pero su mayor anhelo, su dolor más grande, tenía aún algo por sanar.

…muchas cosas se las debo al fútbol. Gracias a eso se cumplió mi sueño, un sueño muy grande que yo tenía, que era comprarle el pedacito de su tumba a mi madre. Si alguien muere te dan 5 años para pagar el lote y si no lo pagas, sacan los restos. Mi madre tenía su montoncito de arena y su cruz de madera. Me costó unos 7 mil pesos (350 dólares) comprarle su pedacito y hacerle su casa”, reveló en una entrevista en 2011.

Llega un momento en la vida que tienes que comenzar tu viaje. Puede que cueste, pero eventualmente saldrás del otro lado y estarás en la cima. Tras sacrificios, malos momentos, trabajo, esfuerzo y sobre todo entrega, después del Mundial del 2006, el PSV le abrió las puertas de la mano de Ronald Koeman.

Y de nueva cuenta, ahí en Holanda y más tarde en Fulham, Salcido volvería a demostrar que poco o nada podía lastimarlo. En Londres fue víctima de un robo en su propia casa, en Holanda enfrentó dificultades, discriminación por ser mexicano, por no hablar inglés, soledad y problemas hasta con la comida, pero el PSV fue donde también cosechó éxitos y títulos, hasta llevarlo a ser capitán del equipo y hoy embajador.

Solo era un niño asustado que encontró la motivación y la pasión, en la memoria de su mamá, por su esposa, por sus hijos, por saber cuanto cuestan las cosas, pero sobre todo por ser alguien mucho mejor de lo que ya era.

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Vicente Escobar
Especialista en scouting y análisis

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