viernes, 26 febrero, 2021
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La cabeza es la parte más importante del ser humano. Lo que nos diferencia del resto del mundo animal, y nos define como humanidad, es lo que se encuentra dentro de la testa, y lo que esta misma conforma. Porque no solamente es importante lo que se piensa, sino también lo que se decide hacer con ello. Y Nicolás González lo tiene claro. Desde su rechazo a River y Platense, no ha hecho otra cosa que pensar, razonar, y usar la cabeza. En todos los sentidos.

Oriundo del barrio Stone, de Belén del Escobar, Nicolás Iván González siempre se ha caracterizado por tener la cabeza amueblada. Ataviado de una mentalidad fuerte como pocas, que le ha protegido en aquellos sacrificios por los que ha tenido que pasar, es algo que ha transmitido a sus piernas y a su juego con el paso de los años. Porque si algo hay que destacar de Speedy, como le apodaban en un principio, es que se merece todo aquello que el fútbol decida darle, porque está donde está gracias a él. Y a Fernando Batista, que merece una mención honorífica, pues a él le debe su salvación.

 

De decir que “no” a escuchar que “sí”

El argentino comienza jugando en las divisiones inferiores, o baby fútbol, como se les conoce más allá del Atlántico, del club Sportivo Escobar o el Atlético Belén de Escobar con apenas 5 años. Así es que con 6, viéndole potencial, River Plate decide darle una oportunidad, probarle una semana, con visos de hacerse con sus servicios y formarlo de cara al futuro. Pero él, tras probar en el Millonario, decide echarse atrás. No le prestan atención, no se preocupan por él, y no le gusta lo que siente en esa semana que pasa entrenando con ellos. Él quiere estar donde le quieran tener, y se preocupen por tenerle. Por esto mismo, cuando años más tarde, ya alcanzada la decena de vida, Argentinos Juniors acuda a su casa para hacerse con sus servicios -a través de su hermano, todo sea dicho-, y no precisen siquiera de una prueba para ficharle al completo, dirá que sí sin atisbo alguno de inseguridad.

Conforme va creciendo y va cambiando de categoría, algo falla. Su físico no evoluciona al ritmo de sus compañeros, no cuenta con las oportunidades que podría merecer, y las 6 horas de viaje que se hace para ir a entrenar de su casa al barrio de Bajo Flores, donde se encuentra el complejo futbolístico de las categorías inferiores de Argentinos, no le merecen la pena. Quiere ser traspasado, y si esto no funciona, se plantea incluso dejar el fútbol. Y aquí aparece Fernando Batista. Que le convence de que a su edad, los 14 años, lo normal es no jugar, y que no lo ponía para que se “cociera a fuego lento”, no se quemara por precocidad, y cuando alcanzara la plantilla del primer equipo siguiera esforzándose a pesar de tener que ocupar el banquillo. Y él acepta. Agacha la cabeza, sigue trabajando, y se gana merecidamente alcanzar la gloria con el club de La Paternal.

 

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No sorprende, luego, que cuando Argentinos descienda a Segunda División en 2016, el que le dé el ascenso matemático el año próximo, a falta de cuatro fechas para finalizar el curso, acabara siendo un gol desde el sector izquierdo de Nicolás González. Algo recurrente en su carrera posterior, claro está. Un jugador menudo, sin un físico exponencialmente destacable, pero que se había ganado estar ahí por méritos propios. Y que al año siguiente acaba haciendo honor a uno de los apodos del club, El Semillero del Mundo, pues es vendido al VfB Stuttgart por 8’5 millones de euros. La mayor cantidad jamás recibida por el conjunto argentino en su historia. Sí, superando con creces lo que dejó en las arcas en febrero de 1981 Diego Armando Maradona. Y no es poca cosa superar al Diego en el que fue su primer hogar.

En sus primeros tiempos en tierras germanas, en la formación de Baden-Württemberg lo pasó mal. La aparente frialdad de la gente, la evidente frialdad del país, y la barrera del idioma fueron algo complicado de superar. Pero igual que hizo en Argentina, en Alemania se puso el mono de trabajo y se acabó asentando como una pieza clave para conseguir el ascenso de los de Pellegrino Matarazzo a la Bundesliga. Siendo convocado entre medias para el combinado de Lionel Scaloni en 2019, como el primer jugador “de Segunda División” utilizado por Argentina desde que llegó el ex jugador del Deportivo de La Coruña.

 

Sus vicios y sus virtudes

En 13 partidos de Bundesliga disputados este curso, siendo titular únicamente en 9 de ellos, ha dejado 6 goles y 2 asistencias. En apenas 868 minutos completados -lo que supone un gol aportado cada 109 minutos- acumula de promedio 3’7 tiros por partido, la 3ª mayor cantidad de toda la competición, y 2’3 duelos aéreos ganados, el 4º en el Stuttgart en este sentido. Porque la cabeza, como ya he dicho, es un apartado fundamental para González. Tiene un testarazo muy acertado, y además lee con mucha certeza los movimientos de la defensa rival para posicionarse en consecuencia, ya sea para rematar un centro o pelear un balón dividido. 

Un aspecto a cuidar, eso sí, es precisamente su carácter. Es una persona expresiva, que no tiene reservas en mostrar todo su fútbol, y su enorme personalidad. Lo que acaba provocando que vea tarjetas amarillas con bastante asiduidad, estando empatado en el 7º lugar de la Bundesliga en cartones enseñados, con 5. Otro aspecto a cuidar es su lectura defensiva, y su toma de decisiones en la presión. No tiene demasiados puntos débiles, pero este es uno de ellos sin dudarlo. Costándole a veces bregar en labores de presión, cuando decide tomar una decisión, el paso adelante que da suele acabar siendo un paso en falso, como se puede observar en esta secuencia ante el Borussia Dortmund, donde lee mal el movimiento del mediocentro rival y deja desprovisto el centro del campo de su propio equipo.

Su lectura del rival en ataque, en cambio y ya mencionado en cuanto a su juego por alto, es soberbia. El jugador de 22 años es capaz de fijar a los centrales y descargar y dividir el contraataque, siendo además un jugador muy hábil al primer toque. No solamente para su disparo, sino también para asistir a sus compañeros. Devuelve bien las paredes que le propone, por ejemplo, el capitán del VfB Gonzalo Castro, al que dejó una gran asistencia ante el Eintracht, y además tiene una visión del campo propia de un águila, o de videojuego, pues puede leer los movimientos individuales de sus compañeros dentro del funcionamiento colectivo del Stuttgart.

Al igual que esto, aunque no destaque por su capacidad asistencial o asociativa, también tiene una definición eficaz y espectacular ante la portería rival. Aunque a veces no tome la decisión correcta, pues en ocasiones trata de asistir cuando debería encarar a portería y viceversa, remata muy bien tanto dentro como fuera del área, y tiene distintos recursos. Es capaz de golpear al cuero de volea, con el interior, de vaselina, e incluso intenta con cierta frecuencia disparos de chilena.

Su gran capacidad regateadora, sumada a su extraordinario físico al contraataque, permite a sus entrenadores situarle en banda para que recorte hacia el interior y finalice en el carril central, sin importarle en demasía el contacto recibido por sus contrincantes cuando trata de avanzar conduciendo con el balón cosido a sus pies, y no en vano es el 3º jugador de toda la liga que más faltas provoca por encuentro. Esta cantidad de choques en otro momento de su carrera habrían supuesto un problema, pero su ética de trabajo le ha permitido reforzar su fútbol con un tren inferior bien potenciado y desarrollado, que absorbe todo tipo de golpe que reciba sin mayores distracciones.

Puede llamar la atención, eso sí, que dando un rendimiento tan sobresaliente en tan pocos partidos y minutos no haya jugado más, pero solamente hay una explicación para ello; sus problemas físicos. Empezó el curso con problemas musculares, tras debutar acumuló 3 goles y 1 asistencia en sus primeros 3 partidos, y la rodilla volvió a detener su extraordinaria temporada. Todavía no se le puede poner la etiqueta de “injury prone” o propenso a las lesiones como dirían en un contexto anglosajón, el famoso “jugador de cristal”, pero es algo en lo que él y el club deben trabajar, pues siempre es mejor prevenir que curar.

No deja dudas de que si sigue su astronómica proyección va a acabar dando muchas alegrías a los aficionados argentinos, muchos millones al club alemán, y muchos tantos al fútbol europeo. Tiene el carácter para triunfar allá donde vaya, la versatilidad para funcionar allá donde le pidan, y el talento, el talante y la personalidad, para dejar huella allí por donde apoye sus pies. Allí donde, en definitiva, pueda dejar hacer a su cabeza sin ataduras.

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Andrés Weiss
En el 2004 el baloncesto me abrió las puertas de la imaginación, y Manu Ginóbili fue quien se encargó de que nunca más se volvieran a cerrar. La velocidad con la que mis dedos teclean historias nunca ha menguado, y la pasión de revivir relatos de sudor y sacrificio es la motivación mas grande que mueve mi redacción. Soy alemán, español y gallego, sin orden, y desde 2012 vivo ligado al traqueteo de las teclas de mi ordenador.

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