miércoles, 21 septiembre, 2022
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Por más impensado que sonara hace 30 años, Nueva Zelanda está comenzando a dar grandes pasos en los deportes de invierno. El legado de Anelisse Coberger, primera medallista olímpica del hemisferio sur en Albertville 1992, hizo mella en su país al igual que el de Steven Bradbury, primer campeón del hemisferio sur en un Juego Olímpico de Invierno, en Australia. Es cierto que en la pequeña isla de Oceanía costó más que en su vecina aussie, pero los Juegos de Pyeongchang 2018 marcaron un punto de inflexión en su historia, al punto tal que en Beijing 2022 consiguieron una gesta que parecía imposible: conseguir un oro olímpico y finalizar por delante de los australianos en el medallero.

Si bien la delegación neozelandesa en los Juegos estuvo compuesta por 16 atletas, dos de ellos fueron los principales responsables de semejante hito: Zoi Sadowski y Nico Porteous, este último el encargado de darle a su país el segundo oro de su historia sobre el cierre del evento, una semana después de que su compatriota consiguiera el primero en el slopestyle femenino de snowboard. Ambos son la cara de la nueva generación de deportistas de invierno tanto en su país como en el mundo, ya que Sadowski “retiró” a Jamie Anderson, mientras que Porteous pisó fuerte en Estados Unidos, imponiéndose en el Mundial de 2021 y en los X Games de 2021 y 2022.

En el caso particular de Porteous, su inicio en el esquí se dio gracias a su abuela, que le regaló a su hermano Miguel un video con los mejores saltos del esquiador australiano Chris Booth. Esto hizo que Miguel se enamorara del esquí acrobático y, en consecuencia, comenzara a entrenar bajo la tutela de Tommy Pyatt en el resort Cardrona. Tras unas semanas de práctica, llevó a Nico a una de sus sesiones para que se pusiera unos esquís por primera vez en su vida. Si bien sus padres lo habían introducido al deporte en unas vacaciones familiares en Francia cuando tenía tres años, aquel día en Cardrona fue el momento que lo cambió todo: el viento, la nieve, la sensación de adrenalina corriéndole por el cuerpo fueron los catalizadores que despertaron la pasión que lo llevaría a la posteridad.

Nico se sumó a los entrenamientos de su hermano con tan solo seis años y se dedicó al esquí alpino hasta los nueve, cuando cambió la modalidad de carrera por las acrobacias que su hermano venía realizando a la par. Su ascenso fue meteórico y sus padres entendieron que ya no podían seguir viviendo en Christchurch, porque los viajes de sus hijos al Cardrona eran cada vez más frecuentes y los tiempos no los favorecían. Se mudaron a Wanaka y las jóvenes carreras de sus hijos despegaron automáticamente. Nico se convirtió en el esquiador más joven en lograr un triple cork 1440 en el Jossi Wells Invitational con 14 años y, semanas después, en uno de los más jóvenes en ser patrocinado por Red Bull. Fue toda una sorpresa, ya que lo habían invitado haciéndole creer que iba a ser soporte en un día de prensa del australiano Russ Henshaw, quien le pidió que le alcance su casco, que estaba enterrado en la nieve. Allí, Porteous levantó el que resultó ser su casco con el logo de Red Bull, recibiendo la noticia más importante de su corta carrera al compartir sponsor con leyendas de su país como Molly Meech, Alex Maloney y Ben Brown.

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Cuando dio el salto a las competencias de mayores reconoció que era raro y, al mismo tiempo, complicado para él ser mucho más joven que el resto de los competidores, pero que eso le hizo ganar mucha experiencia y le ayudó a controlar los nervios antes de cada pasada. Ese aprendizaje prematuro que tuvo que incorporar a la fuerza fue el factor diferencial para conseguir la clasificación a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang en 2018 con 16 años, el segundo neozelandés más joven de la historia por detrás de la esquiadora alpina Alice Robinson. Allí iba a estar acompañado por su hermano Miguel, quien también había conseguido su lugar en los Juegos en el halfpipe.

Su corta edad y el poco conocimiento que se tenía sobre él fueron los principales motivos por los cuales su nombre pasó desapercibido en los medios de su país en la previa de Pyeongchang. Las esperanzas de una hipotética medalla estaban puestas en los hermanos Byron y Beau-James Wells, que también iban a participar del halfpipe, por lo que no tuvo ninguna presión mediática a la hora de afrontar las dos pasadas de la clasificación en el Bogwang Park. Tras un primer intento flojo que le valió una puntuación de 51.20, salió a jugarse la clasificación en el segundo con una ejecución más prolija que lo depositó en la 11° posición (72.80) y que le garantizó un lugar en la final del jueves 22 de febrero por haber finalizado en el top 12, a diferencia de su hermano que culminó 17°. Sin embargo, esto tampoco fue visto como un logro, ya que estuvo eclipsado por el 4° y 5° lugar de los hermanos Wells, quienes continuaban absorbiendo la presión que permitió que Porteous estuviese liberado de todo tipo de factor extra deportivo a lo largo de su debut olímpico.

Sin embargo, en la previa de la final tuvo lugar un hecho que le hizo perder la concentración que había logrado hasta el momento: en el último entrenamiento establecido su compatriota Byron Wells se fracturó la rodilla derecha y no pudo disputar la prueba definitoria, relegando la responsabilidad de dejar en alto la bandera de Nueva Zelanda a su hermano y a Nico. En su primera pasada ambos cumplieron al finalizar 3° (87.40) y 5° (82.40), la mejor marca de la carrera de Nico, respectivamente, aunque eran conscientes que, independientemente de sus mejoras, iban a ser relegados un puesto cuando David Wise completara una rutina sin sufrir caídas como en la primera (17 puntos). Poco le pesó esto a Porteous, ya que en su segunda salida registró el mejor puntaje hasta el momento, y cuarto una vez finalizada la prueba, con una valoración total de 94.80, que lo catapultaba hasta la segunda posición, aún sin novedades de Wise, que había vuelto a sufrir una caída.

Su tercera salida registró tan solo 30 puntos, Alex Ferreira mejoró 40 centésimas y se ubicaba de manera provisoria como el primer clasificado (96.40), seguido por el neozelandés. Pero todos estaban esperando a David Wise. En la última pasada de la final el estadounidense demostró por qué había sido campeón olímpico en Sochi 2014 y se despachó con el mejor puntaje del día (97.20). En los festejos no se podía distinguir quién había sido bicampeón olímpico y quién había logrado la primera medalla de su historia, porque tanto Wise como Porteous se fundieron en un abrazo mientras ambos gritaban de felicidad. Ferreira, por su parte, se alejó de la escena porque todavía no podía creer cómo se le había escapado la medalla de oro a falta de una salida. Con 16 años y 91 días, Nico Porteous le daba a su país una medalla inesperada, incluso hasta para los hermanos Wells, y gracias al bronce de Sadowski una semana antes convertía a la delegación neozelandesa de Pyeongchang en la más laureada en la historia de un Juego Olímpico de Invierno, superando a la de 1992 que contaba con la medalla de plata de Anelisse Coberger.

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Cuando volvieron a su país, los dos adolescentes se convirtieron en estrellas por unos días: les pedían fotos, saludos, autógrafos y eran reconocidos en la calle. Sin embargo, eso no los movió de su eje. Cumplieron con compromisos con sus sponsors, atendieron a los medios y viajaron a Wanaka para rendirle tributo a Tom Campbell, entrenador del resort Cardrona que había fallecido en julio de 2017 en un accidente automovilístico.

Al tener 16 años, ambos tenían un futuro enorme por delante y la responsabilidad de ser las caras de los deportes de invierno en el país a tan corta edad. Así y todo, aceptaron el desafío y se cargaron al hombro la bandera neozelandesa: Sadowski ganó la Triple Corona de Invierno y Porteous obtuvo el bronce en el superpipe en los X Games de 2019 antes de que el Coronavirus obligara a cancelar todas las competencias del mundo. Un mes antes del estallido, vieron como Luca Harrington obtenía el bronce en el esquí halfpipe masculino de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Invierno en Lausana y se perfilaba como un nuevo juvenil que podía acompañarlos en la búsqueda de nuevas medallas olímpicas.

Tras el parón por Covid, los eventos retornaron sin público, lo que según el entrenador de Porteous cumplió un papel esencial para ganar los X Games y el Campeonato Mundial de Halfpipe en 2021. En este último realizó una pasada que incluía dos 1620 que había estado practicando por más de seis meses y, al encontrarse con el mismo entorno que en sus entrenamientos en Cardrona, no notó ninguna diferencia a la hora de llevarla a cabo. Fue el primer esquiador neozelandés en consagrarse en este evento y uno de los campeones mundiales más jóvenes de la historia, lo que confirmaba que tanto él como Sadowski, subcampeona en snowboard Big Air ese mismo año, ya habían dejado el estatus de promesas para convertirse en el presente de sus respectivas disciplinas.

El gran desafío de 2021 era mantener ese mismo ímpetu durante todo un año calendario para poder materializarlo en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Beijing. Y, en la previa, parecía que Nico iba bien encaminado, ya que el 23 de enero de ese año volvió a consagrarse campeón en los X Games en la modalidad de halfpipe por sobre Aaron Blunck, nuevamente secundando al neozelandés como en 2021, y David Wise, bicampeón olímpico vigente. De hecho, Porteous no tuvo tiempo de celebrar, ya que al día siguiente de haber obtenido su campeonato tenía que emprender el vuelo rumbo a China para cumplir con el aislamiento que había dispuesto el gobierno y el comité organizador para los atletas participantes.

Al igual que en 2018, Nico vivió la experiencia olímpica junto a su hermano, con la diferencia de que esta vez sí iban a poder compartir la final del evento al finalizar la clasificatoria en la 2° y 9° posición, respectivamente. Dos neozelandeses en el evento decisivo aunque, también, cuatro estadounidenses que venían pisando fuerte. Wise en busca de su tercer oro consecutivo, Alex Ferreira con sed de venganza de lo que había ocurrido en Pyeongchang, Aaron Blunck que había dominado la clasificación y Birk Irving, bronce en el Mundial de 2021 y múltiple medallista de los X Games.

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Esta vez, la presión estaba volcada sobre Porteous. No había nadie que la pudiese absorber, sino que debía aceptarla y superarla si quería conseguir lo que había ido a buscar a Beijing. Durante los últimos dos años se había transformado en la cara del esquí halfpipe a nivel mundial y debía validarlo en el evento más grande del deporte ante unas condiciones climatológicas totalmente adversas. La temperatura no superaba los 10 grados bajo cero, el viento se hacía sentir y la niebla bajaba hasta la zona del medio tubo. Eran condiciones que todos debían enfrentar, pero para Nico era la prueba definitiva para demostrar que no había nadie mejor que él. Y se encargó de dejarlo claro cuando en su primera pasada registró un total de 93 puntos, superando los 90.75 que había clavado David Wise. Era la mejor forma de asentar su dominio y de dar el primer y último golpe psicológico de la jornada. Solo uno de los 12 esquiadores pudo mejorar su marca en la segunda pasada, Noah Bowman con 84.75, y solo hubo 18 pasadas sin caídas de las 36 totales. Hubo sustos, como el de Gus Kenworthy, que cayó de espalda sobre el filo del medio tubo, y el de Aaron Blunck, quien cayó de cabeza en la curva del medio tubo. Tal fue el impacto de la caída que el propio Wise corrió a asistirlo mientras llegaban los médicos al lugar.

Ni siquiera Nico estuvo a salvo, ya que en su última salida cayó con el brazo derecho también sobre la curva del medio tubo, aunque ya tenía la medalla de oro garantizada dado que nadie había podido superar sus 93 puntos. Su hermano Miguel, 11° con 63.50, fue el primero en acercarse para celebrarlo con él, sacarse una selfie junto a su entrenador Tommy Pyatt y realizar un haka en su honor junto al resto de los neozelandeses que se encontraban presentes en el Genting Snow Park. Se volvía a repetir el podio de Pyeongchang aunque con el orden diferido ya que Wise se quedó con la plata y Alex Ferreira (86.75) con el bronce.

Tantas similitudes hubo con los Juegos de Corea del Sur que Porteous volvió a conseguir una medalla una semana después que Sadowski, que se quedó con el oro en el slopestyle, convirtiéndose en la primera campeona olímpica no australiana del hemisferio sur, y la plata en el Big Air. Así, eran los protagonistas de la delegación más laureada de la historia de Nueva Zelanda en unos Juegos de Invierno, superaban el logro de Anelisse Coberger, superaban por primera vez a Australia en el medallero y generaban un punto de inflexión en su país respecto a los deportes de invierno. Abrían un abanico de posibilidades que sólo el futuro y los dirigentes determinarán si será fructífero.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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