jueves, 24 septiembre, 2020
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Imagina que un día cualquiera, mientras te estás cortando el pelo, haciendo las compras del supermercado o bañando a tus hijos, suena tu teléfono y tu vida, al menos por las próximas horas, da un giro de 360º. Eso es lo que les pasó a un selecto grupo de personas que pueden jactarse de haber formado parte de un equipo deportivo profesional de hockey sobre hielo sin ser verdaderos deportistas. Muchos de esos afortunados lo fueron en sus años de juventud, en equipos menores. Otros, participaron del gran circo profesional durante un puñado de primaveras que han quedado bien atrás en el tiempo, y los hay quienes recién comenzaron a vincularse al deporte a una edad bastante avanzada.

Todos aquellos tipos de personas tiene algo en común, y es la etiqueta de EBUG (Emergency Backup Goaltender) -Arquero Suplente de Emergencia, por sus siglas en inglés-.

A diferencia del fútbol, del handball o del hockey sobre césped, por nombrar algunos de los deportes que incluyen al portero en sus denominaciones posicionales clásicas – todas ellas disciplinas que poseen en su lista de jugadores bajo contrato su única fuente de recursos a la hora de poner un equipo en cancha -, la NHL tiene una particular regla dentro de su Constitución que ha dado lugar a varios casos curiosos y sucesos irrepetibles que han ocurrido a lo largo de la historia en el hielo, o al menos, en las inmediaciones del mismo.

Se trata de una norma creada una temporada después de que los Florida Panthers se encontraran sin portero tras las lesiones de sus dos porteros oficiales. Robb Tallas, un ex arquero de la NHL de 41 años y entrenador de guardametas de los Panthers, se disponía a entrar hasta que Roberto Luongo se apresuró a volver del hospital, finalizando el encuentro con un hombro fracturado. Fue después de aquel incidente que la liga ordenó que todo equipo tuviera una lista de posibles guardavallas a ser llamados en caso de necesidad, esclareciendo las circunstancias en las que dicho ingreso pudiera darse.

Aquella norma de la que habla el párrafo anterior es la regla 5.3, incluída en el libro oficial de reglas de la NHL, Apartado 2: Equipos, exclusiva sobre los guardavallas. 

En primera medida, la NHL obliga a cada equipo a presentar dos arqueros por partido, uno titular y otro suplente. En caso de lesión de algún integrante de la dupla principal, los equipos pueden llamar a uno de los tantos porteros que juegan dentro de su sistema satélite de equipos de las ligas menores para reemplazar al jugador lesionado. 

Pero existen momentos dentro de la vorágine de la campaña que se extiende hasta los 82 partidos de temporada regular en la que casos excepcionales tienen lugar, y soluciones inesperadas son requeridas para salir del problema. Es este el momento en el que los EBUG entran en escena. Suelen ser llamados en noches de partido en las que uno de los dos arqueros sufre algún imprevisto -lesión o enfermedad son los más comunes, aunque nacimientos de hijos o problemas personales de otra índole han tenido su aparición-, y el portero miembro del equipo satélite se encuentra imposibilitado de hacerse presente a tiempo. 

Es ahí cuando, con una rapidez increíble, los Managers y Presidentes de Operaciones comienzan a rastrear posibles sustitutos que se encuentran por la zona donde se va a jugar el partido, convocándolos para vestirse con la ropa oficial y saltar al hielo para el calentamiento, para luego sentarse en el banco de suplentes, ejerciendo su tarea para la cual están ahí, ser el suplente de emergencia.

Normalmente, su participación no va más allá del calentamiento y algunos minutos en la banca, a la espera de que alguno de los miembros de los equipos menores arribe al estadio y se vista para ahora sí ser él quien supla al portero titular. Algunos equipos organizan pruebas abiertas, otros crean una red de contactos y arqueros por toda la región y otros se guían por la palabra de algún miembro de la organización para dar con la solución más adecuada que pueda salvar la noche a ambos equipos, independientemente de quién sea el local o el visitante.

A continuación, una recopilación de los casos más resonantes que han tenido lugar a lo largo de los años:

Scott Foster – Chicago Blackhawks – 29/03/2018

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Es uno de los casos más recientes pero a la vez el mejor ejemplo de historia que la regla nos puede dar. 

El arquero titular para esa noche, Corey Crawford, estaba lesionado y el suplente, Anton Forsberg, se lesionó durante el calentamiento previo al partido. Estas dos desafortunadas lesiones dejaron la responsabilidad en manos del joven debutante Collin Delia, quien se encontraba haciendo las veces de guardameta para los Rockford IceHogs, el equipo de ligas menores afiliado a los Blackhawks. 

Scott Foster, de pasado por la Universidad de Western Michigan, se prestaba para protagonizar la historia más inverosímil de la década. Foster acudía al estadio invitado por el equipo como arquero de emergencia unas doce veces al año, y normalmente se sentaba en un cómodo asiento para disfrutar del partido. Pero cuando Forsberg cayó lesionado, todo cambió. Scott, sorprendido por lo que poco a poco había empezado a comprender que se le venía encima, se vistió y apareció en la banca local.

Cuando el partido se encontraba ya en el tercer y último período, Delia comenzó a sentir calambres en sus músculos. De repente, sin sus dos arqueros, y con la tercera opción arrastrándose por el hielo, el equipo se vio obligado a recurrir a la última carta que tenía a disposición.

Tras la lesión de Delia, el estadio estalló cuando Foster ingresó al hielo con 14 minutos por jugar y una ventaja de 6 goles a 2. Dicen que en el caso de los arqueros, la primera acción es la más difícil, y viniendo de trabajar 8 horas en una oficina, tecleando números en una computadora, uno puede imaginarse que Foster la iba a tener algo más que complicada. 

En total, Foster desvió los 7 tiros que los Winnipeg Jets le azotaron durante los 14 minutos que estuvo en el hielo, consiguiendo dejar su portería a cero en el caso más inverosímil de la época moderna, mientras sus amigos, que estaban jugando su partido semanal amateur a unas calles del United Center, celebraban al ver a su arquero batiéndose a duelo contra profesionales del deporte, en el más alto nivel existente.

Jorge Alves – Carolina Hurricanes – 31/12/2016

Siete segundos. Ese fue el tiempo que Alves estuvo en el hielo para los Carolina Hurricanes después de haberse tenido que vestir a la velocidad de la luz cuando le comunicaron que Eddie Lack se había lesionado.

Tras haber marcado el tercer gol que daba la ventaja definitiva a los Hurricanes sobre Tampa Bay, con 7,6 segundos por jugar, Alves, de 37 años, ingresó al hielo por primera vez desde su previa experiencia como arquero de ligas menores. El hecho ocurrió en 2016, y fue considerado como el único EBUG en pisar el hielo de manera oficial en la última época del hockey profesional hasta aquel momento. Por si fuera poco, Alves, el manager del equipo de utilería de la franquicia, tuvo que trabajar entre los descansos afilando patines como lo hizo siempre, solo que esta vez lo hizo enfundado en la ropa de competición oficial.

Paul Deutsch – Minnesota Wild – 24/11/2011

Cuando Paul se encontraba trabajando como una tarde cualquiera, recibió la llamada de su viejo amigo Mike Ramsey, un ex jugador y All-Star de la NHL, y actual entrenador asistente del Minnesota Wild. Ramsey fue al grano, no había mucho tiempo. ¨Paul, te necesitamos¨, dijo el entrenador. Y es que la esposa del arquero titular, Niklas Backstrom, comenzó con su trabajo de parto, haciendo que el suplente Josh Harding tuviera que cuidar la valla. Esto dejó al equipo sin un guardavallas suplente y, ante la imposibilidad de hacer llegar a tiempo a Matt Hackett, arquero de su equipo afiliado, Ramsey se acordó de su amigo Paul, de 51 años. 

De repente, el Wild llamó a un arquero amateur que no había ejercido como tal hasta los 37 años, habiendo jugado hockey a nivel organizado por última vez en 1978. Al final, Hackett llegó a tiempo y se puso el uniforme para tranquilidad de toda la franquicia, pero la experiencia vivida por Deutsch en el precalentamiento no se la quitará nadie.

Rob Laurie – Vancouver Canucks – 5/01/2014

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La situación era la siguiente: como sucede en la mayoría de estos casos, la necesidad de un arquero de emergencia se da cuando alguien se lesiona y el equipo afiliado de ligas menores se encuentra lejos. Todo aquello se dio en esta ocasión, en la que Rob Laurie, un arquero que se pasó su carrera de diez años en las ligas menores, atendió la llamada de los Vancouver Canucks para suplantar a Eddie Lack ante la lesión de Roberto Luongo, el titular indiscutido. Era la segunda ocasión en la que Laurie fue llamado a la acción tras haber sido el portero de emergencia de los Anaheim Ducks durante la temporada 2012/2013

Laurie, de 42 años, finalmente no vio acción, pero otra historia se dio en aquel partido. Mientras las dos posiciones, titular y suplente estaban cubiertas, alguien se preparó para ejercer como tercera opción en caso de catástrofe. Era Dave Zarn, el preparador físico del equipo, a quien habían solicitado vestirse en caso de que Eddie Lack sufriera un imprevisto. Zarn, que viajaba siempre con el equipo, llevaba su equipo de arquero allá a donde fuera, siempre listo para ejercer como rueda de auxilio.

Tom Fenton – Phoenix Coyotes – 16/12/2010

¨Contesta el teléfono, estúpido, vas a jugar para los Coyotes en el Madison Square Garden¨. Esas fueron las palabras que Fenton escuchó mientras se estaba cortando el pelo antes de ir a visitar a sus padres por Navidad en la pequeña localidad de Sarnia, Ontario. Aquella noche, Phoenix jugaba ante los New York Rangers y se había quedado con un solo portero disponible luego de enterarse de que Ilya Bryzgalov tenía fiebre. 

Fenton, quien trabajaba para una universidad después de haber dejado el deporte años atrás tras haber sido jugador del American International College, tomó prestada la camioneta de su amigo y llegó a tiempo al estadio. Al final del día, Tom pasó la totalidad del juego en la banca y pudo contarle a su familia la mejor anécdota de su vida.

Chris Levesque – Vancouver Canucks – 9/12/2003

Uno de los casos más recordados. Vancouver necesitaba un arquero suplente debido a una lesión en la pelvis de Dan Cloutier. Alex Auld, su guardameta afiliado, se encontraba en la ruta junto a su equipo, varios kilómetros al este. Aquello derivó en la llamada a Chris, un arquero de la Universidad de British Columbia, a quien su entrenador, que estaba presenciando la práctica de los Canucks en el General Motors Place, había recomendado como opción. Lo que ocurre aquí es que Levesque no era ni la primera ni la segunda opción de los universitarios Thunderbirds, sino la tercera. 

El chico no lo creía. Ni sus amigos podían convencerle. Tuvo que esperar una llamada del Manager de Scouting Jon Wall, para que la historia tomara tintes verídicos. Levesque llegó al estadio, se puso la ropa y saltó a precalentar. Recibió unos tiros, y se sentó en la banca, todavía aturdido por las luces y el griterío que un partido de las ligas mayores emana.

Todo parecía ser rutinario. Salvo catástrofe, Johan Hedberg cubriría la valla durante todo el juego. Pero un salvaje choque entre Hedberg y Konstantin Koltsov pusieron los nervios del estudiante por las nubes. La cámara inmediatamente se posó en él, exponiéndolo ante los miles de televidentes y presentes en la arena. Su único refugio era un chicle, que masticó y masticó hasta el hartazgo, buscando que el reloj pasara más rápido. 

Hedberg finalmente se recuperó y completó el partido, declarando luego que se había roto la muñeca en aquella colisión. No hubo minutos en el hielo para Levesque, pero se llevó a su casa la camiseta número cuarenta y una historia que seguramente muchos quisieran poder contar.

Brett Leonhardt – Washington Capitals – 12/12/2008

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Sentado en su escritorio, Brett producía contenido para la web oficial de los Washington Capitals. Hacía el trabajo por el que le pagaban: entrevistas, videos, actualización de información, entre otras cosas. El día transcurría como cualquier otro hasta que Brett siente que alguien le toca el hombro. Era George McPhee, el mismísimo General Manager de la franquicia. Sus palabras fueron las siguientes: ¨asegúrate de que tu ropa esté en el estadio y prepárate para la acción a las 5¨.

Su cara se transformó. Terminó en la banca durante los primeros diez minutos del período inicial hasta que Semyon Varlamov, arquero del equipo satélite de los Capitals quien al principio del día estaba en Houston, arribó al estadio para ocupar el lugar de suplente.

Pero aquella no fue la única vez para Leonhardt. En 2013, los Capitals se encontraron ante una situación similar. El equipo afiliado estaba demasiado lejos como para llamar a su portero para suplantar al lesionado Neuvirth, así que Brett firmó su segundo contrato temporal con la franquicia y se enfundó el uniforme. Esta vez no hubo campana salvadora, por lo que tuvo que pasar todo el partido sentado en la banca, a la espera de que nada raro pasara. Mientras tanto, durante los descansos, siguió trabajando en su nuevo puesto de coordinador de video para el staff técnico, aún con su ropa puesta.

Alfie Moore – Chicago Blackhawks – 5/04/1938

Sin dudas, el caso más exitoso de todos. Finales por la Stanley Cup de 1938. Chicago frente a Toronto, dos de las franquicias fundadoras de la liga. Un choque de titanes. 

El Maple Leaf Gardens esperaba a los Chicago Blackhawks, quienes se disponían a intentar asaltar la casa de los canadienses en el partido número 1 de las Finales. Hasta que su arquero titular hizo saltar la alarma. Los entrenadores se encontraron con que Mike Karakas se había roto un dedo del pie en algún momento de la serie anterior, y se acababa de enterar el mismo día de partido. Desesperados, y sin arquero suplente, los Blackhawks terminaron eligiendo a Alfie Moore, un arquero de ligas menores con pasado en la NHL que se encontraba en la ciudad.

En aquellos tiempos, el rival debía conceder al equipo necesitado la posibilidad de utilizar a otro arquero profesional que pudieran encontrar por la zona. Tras una serie de malentendidos con el dueño de los Maple Leafs, Conn Smythe, quien terminó declinando la solicitud de los Blackhawks de utilizar a Dave Kerr, arquero profesional de la NHL que vivía en Toronto, los visitantes dieron con Moore.

La historia se cuenta así. Miembros del equipo estadounidense fueron hasta la casa de Moore, a quien encontraron volviendo de un lugar. Según dice el mito, Alfie regresaba a su casa después de disfrutar de unas cervezas cuando fue notificado de que su presencia era requerida en el estadio.

Los dichos varían en relación a qué tan bebido se encontraba el guardameta, incluso se llegó a contar con que los Blackhawks fueron a buscarlo hasta un bar y lo lanzaron al hielo unas horas después para defender la portería en unas finales, algo desmentido por los periódicos de la época.

Pero sobre lo que no hay dudas es sobre su actuación en aquel primer y único juego que disputó. Tras encajar el primer gol del partido, Moore ayudó al equipo a conseguir la primera victoria de la serie por 3 a 1. Para el segundo partido, Paul Goodman se hizo presente y en el tercero, Karakas volvió a ocupar el arco de Chicago para terminar venciendo a Toronto por un global de 3-1. 

Gracias a aquella victoria, el nombre de Moore descansa grabado en la base de la copa junto con el resto de sus compañeros de aquel día, haciendo de la suya una historia inolvidable y mitológica, una que forma parte del folklore de este deporte.

 

Fuentes: NHL, Sportsnet, ESPN, CBS Sports.

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Enzo Del Llano
Periodista. De Córdoba, Argentina. Hincha del fútbol modesto y del básquetbol en todas sus formas. Convencido de que el deporte es cultura.

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