domingo, 1 agosto, 2021
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Puede sonar incómodo, pero no por eso ser menos cierto. Hay personas que tienen el derecho a ser insoportables. Su excepcionalidad, su brillo individual los hace únicos e irrepetibles y, por esa razón, gozan de un raro privilegio que nos es esquivo al resto de los mortales. Ojo, pagan un precio muy alto y la cuota de enemigos suele ser muy grande, pero incluso quienes los detestan terminan por reconocerles ciertas virtudes, aunque se cuidan de separar al jugador del hombre, como si eso fuese posible. 

Con Brian Clough sucedía exactamente eso. Durante más de una década, Cloughie fue el entrenador más importante de futbol británico y él mismo se encargaba de que nadie lo olvidara. Para gran parte de la estirada sociedad inglesa de los ´70 y ´80 -aquella que ni los swinging sixties y ni la Cool Britannia de los ´90 pudieron aflojar- ver salirse con la suya a este fanfarrón, que además era un socialista declarado, resultaba indignante.

Incluso antes de que conquistara la gloria con el Derby County y el Nottingham Forest, Clough ya era una celebridad por derecho propio. En sus participaciones en los programas deportivos como el joven manager que destacaba en la Cuarta División con el Hartlepool United, Brian rápidamente entendió de qué iba el juego de los medios y construyó su perfil contestatario y provocador. Durante la Copa del Mundo 1966 –torneo del cual seguramente hubiese participado de no haberse lesionado en 1962- fue muy crítico del nivel general y no dudaría, años más tarde, en poner en discusión el tradicional estilo británico de patear la pelota para arriba y ver que pasa después (“Si Dios hubiese querido que juguemos al futbol en las nubes, seguro hubiese puesto allí el campo de juego”). 

Motivador nato, cultor de la pelota al piso y el juego por las bandas, Brian podía pasar de ser encantador a aterrador en lo que tardaba en construir una frase. Exigía a sus futbolistas una obediencia cuasi espartana, pero les inculcaba el respeto por el deporte, el rival y los hinchas. Un verdadero miracle worker que, junto a Peter Taylor -su ayudante, su alter ego, su cómplice y todo-, consiguió sacarles agua a las piedras y construir grandes equipos desde el barro. Futbolistas como los escoceses John McGovern, John O’Hare, Archie Gemmill, John Robertson o el inglés Trevor Francis disfrutaron de sus mejores años bajo la tutela de Clough y junto a él se dieron el lujo de conquistar Europa por partida doble con aquel mítico Forest de finales de los ´70 y principios de los ´80. 

Como es sabido, su tendencia a querer tener razón le trajo muchos problemas durante el breve y tumultuoso período al frente del Leeds United. Sin Peter Taylor -en ese momento entrenador del Brighton- para calmarlo y volverlo a poner en su eje cada vez que su boca y la bebida le jugaban una mala pasada, Clough llegó a Yorkshire en julio de 1974 con la intención de prender fuego el granero. Don Revie, su antecesor en el puesto y nuevo manager de Inglaterra, había construido un legado en Leeds a fuerza de títulos (dos ligas, una FA Cup y una Copa de Liga entre otros) y era poco menos que Dios en Elland Road. Antes de partir a su nuevo trabajo, Don le había dejado en claro a la junta directiva que su reemplazante debía ser uno de sus jugadores -Johnny Giles y Billy Bremmer fueron considerados para el puesto-, pero sorpresivamente el club fue a buscar al único entrenador que no debían. 

Histórico detractor de Revie y el juego brusco de su Dirty Leeds, los cuarenta y cuatro días de Brian en Yorkshire fueron quizás el periodo más errático de su carrera, donde la obsesión por superar el legado de Revie lo impulsaron a romper todos y cada uno de los códigos de un vestuario que había jurado lealtad a su antiguo mister. En ningún momento de ese mes y medio que duró en el cargo Clough pensó con claridad. Desde el primer día se puso en contra a los referentes del plantel y a los directivos (en ese periodo gastó más dinero en fichajes que su némesis en trece años) y al cabo de seis semanas se fue del cargo tras el peor arranque de temporada en quince años.

Pese al mal trago, el año nuevo traería buenas noticias. En enero del 1975 volvió al ruedo como nuevo manager del Forest y ese sería el inicio de la etapa más brillante de su carrera, nuevamente con Pete Taylor como su ayudante principal. En poco menos de cinco años, Nottingham pasó de jugar en segunda división a ganar, entre otros trofeos, la liga y dos Copa de Europa de manera consecutiva. Menudo botín para un equipo acostumbrado a pelear por mantener la categoría. A estas alturas, Cloughie era un Rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba y ya nadie ponía en discusión su estatus como mánager mas importante del futbol europeo.

Como si se tratase de un guiño del destino, la etapa de Don Revie al frente del equipo nacional terminó en escándalo y para 1977 la FA buscaba un reemplazante. Clough era el principal candidato para sucederlo y las encuestas lo situaban, por abrumadora mayoría, como el favorito entre los aficionados, pero su carácter y su imprevisibilidad lo hacían peligroso para él conservador orden establecido de la asociación, un organismo históricamente presidido (de manera honorífica) por un miembro de la familia real.

Así y todo, el entrenador fue entrevistado por las autoridades de la FA al igual que el resto de los candidatos (entre los que se encontraba Bobby Robson). El día de la audición, Brian concurrió a los cuarteles generales de la FA junto con otro de los candidatos, Lawrie McMenemy. Mientras esperaban para ser recibidos, el dúo divisó a un anciano tratando de subir las escaleras y Clough no tuvo mejor idea que sugerirle, entre risas, que mejor tomara el ascensor. Lo que el DT ignoraba era que ese anciano formaría parte del panel que lo iba a evaluar minutos más tarde. El partido arrancaba 1 a 0 abajo para el manager del Forest. Así y todo, como consignó años más tarde, el creía que lo había hecho bien y estaba listo para tomar el trabajo. 

Pero la FA optó por mantener en el cargo al interino Ron Greenwood. La explicación oficial era que el nuevo/viejo entrenador podría realizar un trabajo integral con las categorías formativas mientras que el alto perfil de Clough haría muy difícil que el DT se ocupe de algo más que el primer equipo. En realidad, fue su carácter lo que terminó jugándole en contra. Sus ácidas disputas con el propietario del Derby County, Sam Longson, y su turbulenta etapa en el Leeds le habían dejado marcado y nadie en la FA quería tener que lidiar con otro escándalo. También es verdad que, al momento de la entrevista, la etapa dorada del Nottingham recién comenzaba y el manager solo podía exhibir como único logro reciente haber conseguido el ascenso a la First Division. 

Tras la Copa del Mundo 1982, otra vez Inglaterra buscaba conductor y, como ya venía siendo costumbre, todas las encuestas públicas señalaban a Brian Clough como el favorito. Para ese entonces, el Forest ya se había consagrado bicampeón de Europa y el público y la prensa entendían que ya no quedaban excusas para no darle las riendas del equipo nacional. Sin embargo, la asociación nuevamente lo rechazó y optó por darle el trabajo a Bobby Robson, ganador la Copa UEFA 1981 con el Ipswich Town. 

Pese a que nadie ponía en duda las credenciales de Sir Bobby, la decisión fue muy mal recibida por los aficionados que inmediatamente se manifestaron en distintos programas de radio. La presión mediática fue tan grande que incluso Robson, ya confirmado en el cargo, llegó a sugerirle a la federación que de todas maneras le ofrecieran el trabajo a Clough. Si el entrenador triunfaba, el pueblo estaría contento. Y si fallaba, ya nadie lo pediría nunca más. Pese a la oferta de dimitir, la FA mantuvo a Bobby Robson en el cargo y este guiaría al seleccionado durante los próximos dos Mundiales. 

Tras la salida de Robson posterior a Italia 1990, el buzo de entrenador nuevamente estaba a disposición y otra vez Cloughie era uno de los candidatos predilectos entre los fanáticos. Sin embargo, el fútbol había cambiado demasiado en ese tiempo y el propio Brian comenzaba a quedar descolocado en este nuevo ambiente. Sus últimos años en Nottingham Forest fueron irregulares y en 1993 no pudo evitar el descenso. Ese sería el punto final en su carrera como entrenador. Los años venideros serían tristes, y pese a su exitosa carrera como analista en los medios, el alcoholismo y los problemas legales lo perseguirían hasta el día de su muerte.

Aunque hayan pasado casi treinta años desde la última vez que Brian Clough estuvo sentado en un banquillo, los ingleses todavía siguen debatiendo qué hubiese sido de su selección si este fanfarrón hubiese tenido la oportunidad de dirigirla. Simon Kuper una vez escribió que Inglaterra siempre va a los Mundiales pensando que puede ganar el título. Quizás con Clough eso hubiese sido posible. En su autobiografía, el entrenador ensayó una explicación sobre por qué no tuvo esa chance:

“Supongo que en la FA pensaban que si me contrataban yo iba a querer dirigirlo todo. Que todo fuera a mi manera. ¿Y saben qué? Tenían razón”.

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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