lunes, 26 julio, 2021
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La Final del Mundial de Clubes 2015, sin dudas, será recordada como el comienzo del declive del Barcelona en la “era Messi”. Y es que aunque han ganado dos Ligas y tres Copas del Rey desde entonces, mientras que en el plano internacional la suerte no les ha vuelto a sonreír, tampoco en el plano futbolístico lo han hecho bien, ya que se encuentran lejos, muy lejos, de aquel dominio que producía la MSN (Messi, Suárez, Neymar).

Aquella lejana y fría noche de diciembre, el Barcelona de Luis Enrique se puso a prueba ante un River Plate que también vivía sus mejores tiempos, un equipo recientemente campeón de la Primera División de Argentina y de una Copa Libertadores ganada, paradójicamente, al Tigres de México, que ahora es finalista del Mundial de Clubes 2020.

En sí, fueron dos proyectos sólidos, con jugadores que más tarde se convirtieron en referentes de esos equipos y de otros más; Marcelo Gallardo y Luis Enrique en los banquillos demostraron también su valía años después, pero este partido significó un punto de quiebre para la historia de ambos clubes, que seguirían ganando copas importantes, más River que Barcelona, que de a poco se fue apagando desde entonces.

Desde el primer día del certamen, Osaka y Yokohama fueron una sucursal del Estadio Monumental, te podías encontrar aficionados de River en los Konbini, una tienda de conveniencia popular en Japón, te podías encontrar aficionados de River en el metro, en los saunas, en los hostales más baratos, en los hoteles de más prestigio, en los templos de monjes, en cada restaurante. Fue impresionante ver el apoyo que tuvieron los millonarios en ese torneo y tras vencer al Sanfrecce Hiroshima 1-0 con gol de Alario, su público llegó más que motivado a la finalísima ante Barcelona.

 

 

La cita con la historia fue la noche del 20 de diciembre del 2015, cuatro días antes de nochebuena. Suárez era una máquina y había metido un ‘hat-trick’ en la semifinal ante el Guangzhou Evergrande de Luiz Felipe Scolari y Paulinho, que más temprano habían echado al América de México que comandaba Oribe Peralta y Ricardo Antonio La Volpe.

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El Estadio Olímpico de Yokohama vio a Brasil coronarse como campeona del Mundo ante Alemania en 2002, con doblete de Ronaldo. También vio llorar a Steven Gerrard al perder el Mundial de Clubes de 2005 contra el São Paulo de Rogerio Ceni y compañía; también se sucedieron en este estadio el fin de la era Rijkaard con el Barcelona, que perdió en la edición de 2006 ante el Internacional y el AC Milán goleando 5-2 a Boca Juniors antes de llegar a ver el climax del Barcelona de Pep Guardiola, que lo había ganado prácticamente todo tras derrotar al Santos de Neymar en el 2011.

Fue con este escenario como lienzo donde Luis Enrique y la MSN pintaron una de sus noches más icónicas. El estratega salió con Claudio Bravo, Dani Alves, Javier Mascherano, Piqué, Jordi Alba, Sergio Busquets, Ivan Rakitic, Andrés Iniesta, Lionel Messi, Neymar y Luis Suárez. Por su parte, Gallardo presentó a Marcelo Barovero, Gabriel Mercado, Jonathan Maidana, Eder Álvarez Balanta, Leonel Vangioni, Carlos Sánchez, Matías Kranevitter, Leonardo Ponzio, Tabaré Viudez, Rodrigo Mora y Lucas Alario.

El marco fue inmejorable, desde el principio la hinchada de River puso el ambiente con un canto que se hizo más que pegajoso durante muchos años y sobre todo en esos días en las calles de Japón: ‘Que vas a hacer? Si vos no tenés los hue… de River Plate y sí señor, de la mano del ‘Muñeco’ vamo’ a Japón. Y dale alegría, alegría a mi corazón, la Copa Libertadores es mi obsesión’. Aquel mismo canto que hoy suena en Anfield para Firmino y en Molineaux para Raúl Jiménez, con sus respectivas adaptaciones.

 

 

El ritmo del juego fue vertiginoso hasta que la magia de la MSN se hizo presente: una jugada de Alba por la derecha abrió el camino para Neymar, que asistió de cabeza a Messi, que con dos movimientos dejó en el césped a Maidana para conseguir el 1-0. De ahí en más, Barovero fue el que más se hizo presente para los argentinos, con muy buenas intervenciones que lo colocaron como uno de los mejores porteros del continente. Luis Suárez se haría presente en el marcador tras un pase de Busquets a la espalda de la línea defensiva de River, que poco pudo hacer para alcanzar al pistolero, que vivía un momento de ensueño y marcó el 2-0.

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La anotación definitiva fue el sello de una época, una conexión sideral que hoy extrañan culés y que extraña el mismo balón, jugada de Messi por el centro entre Maidana y Balanta, para abrir por izquierda con Neymar, que con mucha clase metió un centro preciso a la llegada de Suárez, que de cabeza cruzó a Barovero para el 3-0.

Fue una noche que será recordada por el ambiente incomparable que hubo de los aficionados de River Plate, de los miles que entraron y los miles que se quedaron afuera, y que a pesar del marcador adverso no dejaron de apoyar, pero también será para recordar que la MSN marcó una época y que como aquella noche, Messi no volvió a sonreír, quizás no igual como lo hizo con Neymar y Luis Suárez, al ganarlo todo nuevamente.

 

 

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