jueves, 6 junio, 2019
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El fútbol italiano es la mezcla de la belleza con el escepticismo en su más puro estado. Un nuevo capítulo de tragedia se escribió la mañana del 4 de marzo, cuándo previo al Udinese – Fiorentina, Davide Astori es encontrado muerto en su habitación, de un presumible paro cardíaco.
Para los italianos, se trata de un nuevo caso para la Fiorentina, que tiene en su historial una terrible fortuna para con las enfermedades, como la esclerosis lateral amiotrófica, los tumores, problemas cardíacos, leucemias y demás muertes que se tornan misteriosas y dan a pensar que algo ocurre, u ocurrió, en Florencia durante mucho tiempo.

Entre 1970 y 1980, algo se tornó raro en los vestuarios de la Viola. Sus jugadores morían jóvenes sin razón aparente, mientras que otros después de viejos enfermaban de gravedad hasta morir. El caso más emblemático fue el de Bruno Beatrice, que murió a los 39 años de leucemia, dando paso a otros casos como el de Giuseppe Longoni, que a los 64 años fallecía luego de muchos años en silla de ruedas, tras sufrir una vasculopatía y presentar daños cerebrales.

Un tumor en la amígdala acabó con la vida de Ugo Ferrante a sus 54 años mientras que a sus 56, Nello Saltutti y Massimo Mattolini engrosaban la lista tras un ataque al corazón y una insuficiencia renal, respectivamente. Mario Sforzi también murió de un linfoma y Ferruccio Mazzola en 2013 tras pelear contra una larga enfermedad, pero que, a su vez, generó impacto en el mundo ‘calcistico’ tras acusar al Inter de Helenio Herrera de dopar a sus jugadores colocándoles anfetaminas en el café. Luego, vinieron las noticias más positivas: Domenico Caso sobrevivió a un tumor hepático, el capitán Giancarlo de Sisti a un abseso cerebral y Giancarlo Gialdolo a la demencia y el ELA.

Esta última enfermedad cegó la vida de Armando Segato en 1973 con apenas 43 años. Con uno menos murió en 2002 Gianluca Signorini, ídolo y capitán del Genoa, mientras que en 2013 Stefano Borgonovo (quien era sin duda alguna el gran símbolo contra la ELA en Italia) falleció y se unió al largo y lamentable listado.

¿Una justificación para todo esto? El doping. La hija de Bruno Beatrice comentó que su padre era constantemente sometido a una inyección, a la que llamaba ‘el globito morado’, de contenido desconocido y que –externamente- se hacía ver ya que mientras todo cicatrizaba correctamente en él, los tres puntos morados por dónde se introducía la aguja no se borraron jamás de su brazo. Además, Beatrice se exponía constantemente a 40-45 minutos de Rayos X para curar sus lesiones.

Asimismo en Informe Robinson, el exatacante del Milan, Carlo Petrini, contó que los futbolistas de su época eran sometidos a una inyección que los hacía rendir a su máximo potencial físico en el campo, sin sentir cansancio hasta aproximadamente las cuatro de la mañana del día posterior. Y a todo lo denunciado, el uso abusivo de los anti-inflamatorios generó una gran ola de tragedia, que se desató en Florencia con ELA, enfermedades terminales y muertes misteriosas.

Sin embargo, esa no fue la única gran oleada del fútbol italiano. Años antes de la historia anteriormente contada, la Tragedia de Superga en 1949 azotó al ‘Grande Torino’ y a una selección italiana que vió a la mayoría de sus internacionales morir a bordo de ese avión.

También se producirían muertes tan insólitas cómo reales, como la de Gigi Meroni en 1967 cuándo fuese envestido y arrollado por un automóvil, que iba conducido por Attilio Romero, quién para la fecha era un simple fanático pero 35 años después se convertiría en presidente del Torino Calcio; o la de Luciano Re Cecconi, futbolista de la Lazio que a sus 28 años ingresó a una joyería con un compañero de equipo fingiendo ser un ladrón, provocando que el dueño del establecimiento le disparara en el pecho inconsciente de que se trataba de una broma de muy mal gusto.

Luego, la historia de los paros cardíacos tomó gran fuerza y generó muchísima preocupación en las canchas de la Serie A. El juvenil Stefano Gessa murió en noviembre de 1993 de un infarto en el entrenamiento del Cagliari. Casi veinte años después, el defensor español Dani Jarque lo haría en su hotel de concentración en Converciano (Florencia) de una asistolia. El nigeriano Daniel Gabriel en 2010 y más recientemente Piermario Morosini en 2012 se desplomaron a medio partido e ingresaron sin vida a los hospitales.

Quedan como casos aislados un par de accidentes de tráfico (Gionata Mingozzi en 2008 y Jason Mayelé en 2002) y el penoso deceso del prometedor central de la Juventus Andrea Fortunato, que murió en 1995 de una leucemia con apenas 23 años de edad.

Ahora la muerte vuelve a azotar a Florencia -cuándo parecía que al fín veríamos un poco de paz- con el deceso de Davide Astori: capitán, ídolo y hombre de familia. Internacional italiano y fiel a los colores violeta cuándo el equipo no tenía para pagar salarios. Lo llora el fútbol italiano completo, ya que se trató de una persona insigne y respetuosa dentro y fuera del terreno, con sus compañeros y con sus rivales.

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Fabrizzio Cuzzola
Loco según los conceptos de Marcelo Bielsa. En la radio me llamaban el rockero del gol y sobrevivo en la fúrica ciudad de Caracas. Diestro de pierna y ambidiestro con una cámara. Analizo futbol desde los 14 en La Pizarra del DT y relato mis historias en este rinconcito de la web.

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