miércoles, 22 septiembre, 2021
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Ser el hijo del heptacampeón del Mundo Michael Schumacher no ha de ser muy fácil. Mucho menos aún cuando también te dedicas al automovilismo. La sombra de “Schumi” es demasiado larga, y las expectativas que se posan sobre el joven Mick parecen demasiadas a primera vista. Aunque en este deporte nunca se sabe qué puede pasar, parece improbable que pueda acercarse a los registros de su padre, pero no se le debería de juzgar basándose en eso.

Un segundo lugar en el Campeonato de Fórmula 4, ganador de la Fórmula 3 al segundo intento y campeonato de Fórmula 2, también a la segunda. Ese es el palmarés que avala al alemán para llegar a la máxima categoría. Pero, a pesar, de sus buenas actuaciones, da la triste sensación de que los medios y los fans solo quieren resaltar los fallos que pueda tener. Por redes sociales o los propios medios deportivos, las únicas ocasiones que la Fórmula 2 estaba presente era cuando Mick tenía un accidente, una salida de pista o un error manifiesto. O eso, o comparar sus buenas acciones con las de su padre, como si no tuviese suficiente presión de por sí el antiguo piloto de PREMA Racing.

Con 22 años recién cumplidos, Mick Schumacher se subirá por primera vez a un Fórmula 1 a los mandos de un Haas. A priori, no es el mejor lugar para aterrizar en el “Gran Circo”. Un equipo con problemas de todos los tipos, que cada año da un paso atrás y cada vez está más cerca de ser la peor escudería que de estar peleando por los puntos. Además, la polémica livery del coche y tener como compañero a alguien tan polémico como Nikita Mazepin puede ocasionar que el alemán se vea eclipsado.

Aún no siendo el asiento idóneo, Mick tiene varios retos a cumplir para empezar a consolidarse como un gran piloto. El primero de todos, y el más obvio, es batir a su compañero de equipo. Ya sabe cómo hacerlo, pues el año pasado ya lo demostró en Fórmula 2, así que este debería ser el más fácil de cumplir. A partir de ahí, tratar de mejorar la irregularidad que acompañaba a los nombres de Romain Grosjean y Kevin Magnussen tiene que ser una obligación. Y si consigue esa consistencia, entrar en zona de puntos en alguna carrera sería la guinda perfecta a un año que tampoco se espera que le pueda aportar mucho más. Así, además de abrir su cuenta particular, ayudaría enormemente al equipo: cada punto vale oro en este deporte.

La realidad es que el alemán ha demostrado ser un gran piloto, muy rápido y que sabe adelantar, aunque a veces peca de impaciente y comete algún que otro error bastante grave. El más sonado fue el accidente que tuvo en Bahréin el año pasado durante la clasificación, donde le pudo el ansia y trató de adelantar durante la vuelta de instalación y acabó chocando con Roy Nissany. En la parte positiva, su mejor demostración de talento quizá haya sido la salida del GP de Monza, donde partiendo séptimo se colocó segundo en la primera curva y acabó ganando la carrera.

Las expectativas de futuro que se tiene con él son bastante altas. El propio Mattia Binotto, Director General de la Scuderia Ferrari, dijo recientemente que tiene confianza en poder verle vestido de rojo para 2023 y poder así emular de alguna manera los pasos de su padre. Un mensaje quizá demasiado prematuro, pero que habla a las claras de las esperanzas que se tienen en que sea un grande de este deporte y, por supuesto, del impacto mundial que tendría un Campeón del Mundo hijo del “Káiser”.

A la espera de ver si toda esa presión, esas insinuaciones y ese espejo en el que mirarse le afectan a su rendimiento, tiene la oportunidad perfecta de ganarse un nombre por sí sólo en el paddock. Aún con el Covid pululando por todo el mundo y en un año de transición hacia la nueva normativa, no podemos esperar muchas sorpresas, pero Mick es un aliciente más para una temporada que se prevé interesante. Esperemos que el joven alemán pueda cumplir con las expectativas, pero no las que los hooligans le imponen de demostrar que es un verdadero Schumacher, sino las de cumplir con consistencia como cualquier rookie. No carguemos la mochila con más piedras de las que pueda soportar y simplemente disfrutemos de otro Schumacher en la categoría reina del automovilismo.

 

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2001. Iba para geógrafo, luego para político y me tuve que conformar con el fútbol. Amante del fútbol exótico y que trasciende más allá de dar patadas a un balón.

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