domingo, 18 agosto, 2019
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¿Qué pensarían si les dijera que a Ronaldhino o Romario no los dejaban jugar al fútbol por ser hombres? ¿Estaría diciendo una locura, no lo creen? Bueno, a su homóloga femenina le decían todo el tiempo que dejara el balón y se dedicara a cuidar muñecas, porque eso era “lo de ella” ¿Acaso esto no debería parecernos una locura también?

Los inicios de Marta Vieira da Souza no fueron sencillos. Su familia, enclavada en un lugar bastante humilde, no quería que hiciera un deporte tan “masculino”, y de hecho ella, la única en medio de muchos niños que correteaban detrás de una pelota, no era bien vista por los vecinos de la zona, incluso aunque estos vieran que ella tenía algo especial.

Pero para la muchachita de Dois Riachos todo cobraba sentido cuando veía que con su talento podía llegar a ganar dinero, y así ayudar a su familia. Su amor por el juego y sus ganas de progresar fueron, en aquellos primeros tiempos, un motor más fuerte para avanzar que cualquier tipo de prejuicio o comentario despectivo que llegó a recibir.

A los 14 años, Marta decidió que era tiempo de intentarlo, de dar un salto de fe. Muchos, a su edad, tienen sueños sencillos, como el pensar que pronto comenzarán a salir a bailar o comenzarán a pensar en que carrera universitaria seguirán. Pero ella no era así: no iba a sentirse plena si no lo arriesgaba todo con tal de conseguir una oportunidad. Esa perseverancia sería vital en su trayectoria.

Vasco Da Gama (un club de Rio de Janeiro, a 2000 kilómetros de su hogar) y Santa Cruz fueron sus primeros pasos profesionales en el fútbol de su país. Marta encandiló de inmediato al público, al punto tal de que ya para el 2002 ella sería seleccionada para competir en el Mundial Sub 19 de Canadá, el primer torneo juvenil femenino organizado por la FIFA.

Siendo una de las grandes promesas del gigante sudamericano no decepcionó: su nombre apareció en los marcadores de un torneo de esta índole por primera vez el 21 de agosto, cuando su escuadra barrió a la francesa por 4-0, endosándole un hattrick en el camino. Luego le marcaría dos a Australia para ayudar a Brasil a pasar a semifinales (4-3 acabó ese gran encuentro) y por último convirtió en el 1-1 ante Canadá, en donde caerían por penales. El cuarto puesto conseguido por la selección verde y amarilla sería un presagio de todo lo bueno que estaba por venir.

Apenas un año después le tocaría afrontar un reto aun mayor: el Mundial de mayores, en la meca del FutFem: los Estados Unidos. Su idilio con el gol en los campeonatos globales de la FIFA se mantendria, ya que a los 14′ marcó el primer tanto de la victoria por 3-0 de Brasil ante Corea del Sur. Las brasileñas, sorprendentemente, golearían a Noruega (campeona mundial en 1995) e igualarian ante Francia, pasando como líderes de grupo, aunque aquí comenzaría el gran karma de este equipo en particular y de Marta en particular: Suecia las eliminó en cuartos de final. Sin enbargo, su trabajo estaba hecho. El mundo pudo ver por primera vez su excelsa calidad y sería el país escandinavo que tanto dolor le causó el que le abrió las puertas para jugar en Europa.

En el Umea IK terminaría por consagrarse como una de las mejores jugadoras de la época, ganando tres ligas suecas, una copa y una Champions League en el 2004. Su sonrisa era cada vez más cotisada y el público comenzaba a prestar más atención a los juegos, resfregándose los ojos porque no podían creer lo que veían.

Para aquellos que no la han visto jugar, solo puedo decirles una cosa: Marta esta a la par de muchos colegas suyos contemporaneos, comparándose con el ex hombre de la felicidad eterna del Barça, Ronaldinho. Ella no es solo posee gambeta, pisadas o túneles por montones: cuenta con una visión de juego extraordinaria, lo que le permite no solo usar su velocidad para esquivar rivales (como antes lo hacía con sus hermanos, cuando estos la iba a buscar para que dejara de jugar), sino que, entre toques de tacón, medios giros o sombreros, puede saber donde se encuentran sus compañeras, dando asistencias precisas.

Y, además, demuestra tener un pie privilegiado para el gol, siendo el Mundial su conpetición predilecta, teniendo hasta la fecha 15 tantos, aunque en Francia 2019 podrá seguir alejándose en el primer lugar de esa tabla.

Pelé mismo se ha encargado de elogiarla varias veces, diciendo que ve una versión femenina de si mismo. Los elogios no son casualidad. Mucho los premios invidivuales, como los Balones de Oro, contando con nada menos que con seis en sus vitrinas, siendo la actual poseedora del mismo.

La brasileña lo ha ganado casi todo en su carrera: ligas suecas, norteamericanas, la Champions, la Libertadores, varios Sudamericanos o Panamericanos o hasta medallas plateadas en los Juegos Olímpicos del 2004 y 2008. Es una campeona y competidora nata, capaz incluso de perder su sonrisa en el campo si ve que no le sale el juego que ella pretende.

Lamentablemente, le ha pasado lo mismo que a otros genios, como Messi, Di Stéfano, Zico, Sócrates, Baggio o Cruyff, y es el hecho de que el Mundial se le ha hecho muy cuesta arriba por momentos, sufriendo derrotas dolorosas desde aquel gran debut en el 2003.

Cuatro años después de aquel debut en mayores (y ya siendo toda una leyenda en Suecia), lograría llegar a la que es su única final de este torneo. En la fase de grupos se cargaron con comodidad a Nueva Zelanda, China y Dinamarca, sufriendo en cuartos ante la correosa Australia (ganaron 3-2 con un gol suyo, aunque la escuadra verdeamarela ganaba 2-0 y se lo empataron) pero goleando, sorprendentemente, a la Estados Unidos de Rampone, Lilly o Wambach por 4-0, marcando ella un doblete. Sin embargo, la Alemania de Angerer y Prinz sería demasiado para la escuadra sudamericana, perdiendo una oportunidad única de campeonar al caer por 0-2.

Brasil, incluso con la reencarnación misma del fútbol hecho mujer, no pudo con su cometido máximo, bajando incluso peldaños en los sucesivos certámenes de la FIFA: perdieron en cuartos de final en el 2011 y en octavos en el 2015. Pero ella no se rinde: la delantera, de 33 años, buscará en Francia ese trofeo que tanto ahnela. Esa es una deuda que el fútbol deberá saldar con una de las jugadoras más desequilibrantes y maravillosas que se haya visto jamás, siendo incluso reconocida hasta por aquel público que desconoce el fútbol femenino.

La pequeña Marta (mide 1,62 mts), ahora orgullo de su tierra, tiene las cosas claras: “para tener verdaderamente la voluntad de brillar, en la vida hay que saber asumir riesgos, hay que tener fe, sin miedo a cometer errores”. Ella, despreciada de pequeña por ser una niña futbolista en medio de un mundo de hombres, arriesgó todo y no falló: su nombre, gane un mundial o no, estará grabado en letras doradas en el gran libro del fútbol. Y eso no es poca cosa…

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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