lunes, 2 agosto, 2021
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Sin dudas, Mark Viduka es el jugador mas determinante en la historia del futbol australiano. Desde su irrupción en 1993 jugando para en los Melbourne Knights, Dukes rápidamente se transformó en la mayor esperanza del siempre vapuleado soccer aussie y, años más tarde, fue el encargado de guiar a la generación que en 2005 consiguió -contra todo pronóstico- el ticket a una Copa del Mundo después de casi 32 años de ausencias.

Como tantos otros deportistas australianos, este hijo de croatas que habían llegado a Melbourne en la posguerra fue un producto del Australian Institute of Sport (AIS), un centro de alto rendimiento creado por el estado tras la desastrosa performance del contingente olímpico en los Juegos de Montreal 1976. Ubicado en las afueras de Canberra, en este complejo de 66 hectáreas los atletas del futuro se someten a un riguroso entrenamiento deportivo y académico que le garantiza al deporte aussie una cosecha de medallas para nada despreciable en cada cita olímpica (también hay un largo historial de depresión entre sus egresados, pero esa es otra historia). A los 17 años, edad en la que egresó del instituto de alto rendimiento, Mark ya era considerado una estrella en ascenso y se destacaba como uno de los miembros más valiosos de los Olyroos, el equipo olímpico australiano. 

Fue en esos días de juventud donde se unió a los Knights, el cuadro de la comunidad croata de la ciudad y club al que había alentado desde niño. En un momento donde el tan mentado multiculturalismo australiano todavía no se había consolidado, los clubes de las diásporas eran el refugio para aquellos expatriados (y sus descendientes) que deseaban mantener viva sus tradiciones y su lengua materna. Obligados a adaptarse a una sociedad eminentemente conservadora (“mi país, mis reglas”) el soccer no solo era un evento deportivo, sino también un encuentro cultural. De esta manera, cuando Viduka pasó a forma parte del primer equipo de los Knights, estaba haciendo algo más que jugar en el team de sus amores: estaba manifestando una parte de su identidad

Su impacto en el plantel entrenado por Mirko Bazic fue instantáneo y se transformó en el factor determinante para dar “el golpe sobre la mesa” y quedarse con el postergado título. Tanto en la temporada 90/91 como en la de 91/92, los Melbourne Knights estuvo cerca de la gloria, pero quedó a las puertas tras perder las finales frente a South Melbourne y Adelaide City respectivamente. Ya en 1993 y con Dukes en el XI titular, la escuadra de Victoria volvería a caer ante el Adelaide de Damian Mori, aunque todas las miradas se posaron sobre el novato que, en su primer año, ya se había transformado en el goleador de la liga, había sido elegido el mejor jugador joven de la competencia y el futbolista australiano del año. 

Sin embargo, estos logros personales no acallaron las voces de algunos de sus críticos más acérrimos. Muchos lo tildaban de perezoso – en varias oportunidades el propio Mark admitiría que no le gustaba correr de más y que su pasatiempo favorito era dormir -, pero sobre todo hacían foco en su desmedida pasión por los Knights. Cada vez que marcaba un gol, el delantero se besaba el escudo de su club y la bandera de Croacia, algo que muchos sentían como una falta de respeto hacia Australia. Pero en junio de 1994, y cuando ya la federación croata tenia noticias de un delantero letal que podría ser elegible, el propio Viduka enterró cualquier especulación y aceptó la convocatoria a los Socceroos. Su debut finalmente llegó el 18 de ese mes, en una serie amistosa frente a la selección nacional de Sudáfrica.

Para mediados del campeonato siguiente ya todos sospechaban que al futbolista no le quedaba demasiado tiempo en las canchas aussies. Otra vez su equipo peleaba el título, con un Viduka goleador del torneo y figura, una que varios clubes de Inglaterra estaban vigilando de cerca. Curiosamente, y ante la especulación de los medios, el jugador respondía que prefería jugar en una competición donde no hubiera demasiado desgaste físico.

En la final de la National Soccer League 1994/95 esperaba otra vez el Adelaide City, que ya se había transformado en una especie de cuco para el cuadro de Victoria. Esta vez, sin embargo, los Knights se impusieron 2 a 0 frente al conjunto de South Australia y pudieron levantar el trofeo de campeón. Aunque en ese partido Viduka no marcó ninguno de los tantos, sus 21 goles en 24 partidos fueron vitales en la carrera hacia la gloria. 

Tras la conquista, las ofertas llegaron desde varios puntos del continente europeo y hasta incluso se decía que el Real Madrid también estaba interesado en sumarlo a su plantilla. Sin embargo, el delantero escuchó a su corazón y decidió primero hacer una escala en la liga de Croacia, mas precisamente en el Dinamo Zagreb. En esta decisión  jugó un papel importante el primer presidente de Croacia Franjo Tuđman quien, en uno de sus viajes protocolares a Australia, pidió exclusivamente conocer al futbolista. 

Pero hubo un momento en donde la historia grande de Viduka podría no haberse escrito. El título de la National Soccer League de 1995, su exitosa estancia en Dinamo Zagreb y en Celtic de Escocia, su apoteótica tarde en Elland Road convirtiendo cuatro goles contra el Liverpool, la capitanía de su selección en Alemania 2006, todo eso podría haber sido solo una hipótesis en la mente de un gran proyecto de futbolista al que las lesiones le jugaron una muy mala pasada. Y todo por no pasar vergüenza.

Como todo novato que tiene el privilegio de jugar con muchos de los ídolos de la infancia, Dukes hacia esfuerzos para encajar en su nuevo ecosistema. Después de todo, y a pesar de su talento innato, seguía siendo un chiquilín al que los más veteranos tomaban como blanco de sus bromas. Una de ellas era burlarse de los ejercicios de estiramiento que el jugador había aprendido en el AIS. En ese momento la liga australiana todavía adolecía de la falta de profesionalismo que por años había minado las posibilidades de los futbolistas locales. Los entrenamientos eran muy ligeros y en parte esto se debía a que la mayoría de los jugadores no podían vivir del fútbol y debían trabajar de otra cosa. 

En sus primeros días en el Melbourne, Mark dejó de lado todo lo aprendido en el centro de alto rendimiento y pronto desarrolló una lesión en el pubis que los marginó por mucho tiempo. Apenas pudiendo caminar, y el futbolista debió volver al AIS para someterse a un duro tratamiento que, a pesar de ser extremadamente doloroso, finalmente lo devolvió a las canchas y le permitió concretar su sueño. Menos mal.

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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