miércoles, 30 septiembre, 2020
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La Polinesia Francesa no es lugar que se nos venga a la mente cuando pensamos en deportes, aunque Tahití, su isla más grande, conocida y sede de la capital Papeete, siempre tendrá un lugar en nuestros corazones. Para contar el porqué del acercamiento con este territorio de ultramar tenemos que comenzar y terminar hablando de Marama Vahirua.

Surgido de la academia del Nantes francés como un potencial jugador estrella, resultó ser un elemento muy útil saliendo del banquillo y destrabando partidos. Con los Canarios ganó par de Copas y la liga francesa en 2001. Esos inicios le hicieron ser tomado en cuenta en el equipo Sub-21 galo dirigido por Raymond Dómenech. Poco después, el ex jugador del Lyon tomó las riendas de la absoluta y se habló mucho de un posible interés en que Marama vistiera la camiseta Blue, tal como su primo Pascal en los noventa. Pero el delantero no parecía muy seguro de querer dar el paso. En su tierra era una auténtica estrella, ya que se trataba del único futbolista profesional del territorio, mismo que recordaba rindiéndole homenaje con cada gol, celebrándolo imitando el movimiento de un kayak.

Esa fama se acrecentó cuando fue nombrado Jugador del Año 2005 en Oceanía, disfrutando de un gran momento con el Niza. Los premios hay que valorarlos en su justa medida y más un galardón que australianos y neozelandeses se han llevado en 22 de las 26 ocasiones en los que se ha celebrado. Eso nos lleva a 2012. Eddy Etaeta, seleccionador tahitiano, logra junto a sus chicos una especie de milagro. Se sobreponen a las dificultades y ganan la Copa de Naciones de Oceanía, celebrada en Islas Salomón, en su octava participación. La final ante Nueva Caledonia, con gol de Steevy Chong Hue, representó un suceso para un equipo que contaba en su palmarés con tres subcampeonato de Copa y cinco triunfos en los Juegos del Pacífico Sur.

Vahirua estaba cedido aquel año en Segunda División con el Mónaco y no había acudido al llamado, retrasando un debut esperado por todos sus compatriotas. Claro está, aquel triunfo continental tenía un toque especial, ya que los Toa Aito obtenían el derecho a disputar la Copa Confederaciones de 2013, que se celebraría entre el 15 y 30 de junio en Brasil. Marama decidió que ya no podía esperar más y finalmente se dio el llamado. A pesar de la euforia, el entonces jugador del Panthrakikos, parte fundamental en la salvación del equipo en la Superliga griega, sabía de la dimensión del reto. Tras pasar por Lorient y Nancy optó por dejar Francia tras catorce años.

Hablamos de que era el único jugador que hacía vida fuera del territorio y que de sus compañeros nueve estaban desempleados, mientras que los otros trabajaban como camioneros, profesores o en el área de la construcción. Estaban entonces en el puesto 138 del ránking FIFA, muy por debajo de sus rivales, y todo eso se reflejó en la cancha: fueron goleados por Nigeria (6-1), España (10-0) y Uruguay (8-0).

Vahirua disputó ante los africanos sus primeros minutos con el seleccionado, siendo testigo del histórico gol de Jonathan Tehau, su único en el torneo. Aquella celebración quedó para la posteridad, así como los collares que entregaban a sus rivales en la previa de cada partido, su fair play y las ganas de representar a su tierra.

Tras la competencia en Brasil decidió retirarse, aunque como profesional. A pesar de un período depresivo que sufrió decidió volver al club en el que militó de chico, el AS Pirae, y que le sirvió de trampolín para llegar al Viejo Continente. Ganó la liga local y consiguió cupo para la siguiente OFC Champions League. Pasaron los años y terminó como presidente del AS Dragon, en un tiempo en el que volvió a vestir la casaca nacional ante Nueva Caledonia. Fue parte de un periodo interesante del fútbol tahitiano como parte de la Dirección Técnica en la Federación, con una clasificación al Mundial Sub 20 de Egipto en 2009 y siendo sede de la Copa de Beach Soccer, donde tienen par de subcampeonatos (2015 y 2017). En Tahití se sigue trabajando para potenciar el talento local en un lugar con muchas dificultades, donde los retos nunca están lejos. Y Vahirua lo sabe.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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