miércoles, 18 septiembre, 2019
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Magdalena Lilly Eriksson (8 de septiembre de 1993) está en semifinales del Mundial Femenino de Francia con su selección: Suecia. La jugadora ocupa la posición de lateral izquierdo en su equipo, el Chelsea Football Club Women, desde la temporada 2017/2018, a quienes se conoce en Inglaterra como las Chelsea Ladies.

Eriksson llegó al Chelsea con el objetivo de llevar al club a cotas altas.

Magdalena comenzó a jugar al fútbol desde pequeña, en las categorías inferiores del Enskede IK y del Hammarby IF DFF. En esa época, siendo una adolescente, recuerda que antes de los partidos escuchaba la canción Heroes de David Bowie, referente musical de muchos y muchas jóvenes de todo el mundo, y que a ella le daba la energía para salir luego a competir. No es para menos cuando su letra romántica viene acompañada de un: “podemos ser héroes, sólo por un día”.

Su padre, ávido aficionado al fútbol, fue quien la animó a que continuara en equipos para buscar la profesionalización. Fue así como pasó al club de Estocolmo, Djurgårdens IF DFF, y de allí al Linköpings F.C. Fue en este club sueco donde fue ganando galones gracias a su personalidad comprometida y trabajadora, además de un espíritu de líder, convirtiéndose en capitana del equipo.

El Linköpings es un club que ha alcanzado los cuartos de final de la Champions tanto en 2011, como en 2015 -ya con Eriksson en sus filas- y 2018. Fue aquí donde conoció a la que lleva siendo su pareja desde entonces: Pernille Harder, otra futbolista de las mejores que hay ahora mismo en Europa. Prueba de ello es que en la temporada 2017/2018 fue nombrada por la UEFA como la Jugadora del Año.

Desde que era pequeña, al igual que Eriksson, seguía el fútbol masculino con su padre, un ferviente seguidor de un Manchester United en cuyas filas estaba como portero su compatriota, un icono del puesto en los años 90′: Peter Schmeichel. Pernille se crió viendo las jugadas de Beckham y Ryan Giggs, aunque soñaba con ir más cerca que a Inglaterra, con jugar en Alemania y con su selección, de la que ha sido capitana.

En 2016, Linköpings se alzó con el título de la liga sueca y esto les dio aún más fama, por lo que en la temporada 2017/2018 sus caminos se separaron: las dos llamaron la atención de grandes clubes por su talento: Harder del Wolfsburg, y Eriksson del Chelsea.

Ninguna de las dos ha tenido problemas en mostrar su orientación sexual y su relación. Ambas defienden que es algo más del fútbol masculino, de la virilidad, y que a ellas no les afecta. Su fotografía en este Mundial de Francia, con Pernille con la camiseta de Suecia – ya escribió a sus compatriotas daneses que se sigue sintiendo muy danesa, pero que a falta de este país en el Mundial tiene que apoyar al de su pareja – besando a Magdalena ha dado la vuelta al mundo.

El beso de Eriksson y Pernille dio la vuelta al mundo

Si regresamos a repasar la carrera de Eriksson y la situación en que se encuentra, Emma Hayes se fijó en ella para ficharla para su equipo, el Chelsea, y no puede estar más contenta con su elección, puesto que ha hablado así de la lateral sueca: “Es la jugadora que todo/a entrenador/a querría tener, puesto que ansía aprender y mejorar como futbolista”. Para Magdalena su paso por las Chelsea Ladies ha supuesto un gran progreso: “No sólo he mejorado como futbolista, sino también como persona”. Hay que recordar que en el equipo blue también juegan su compatriota Jonna Andersson y la portera Hedvig Lindahl, quien abandonará el conjunto la próxima temporada.

Cuando le preguntan cómo se describiría a sí misma como jugadora, dice lo siguiente: “soy zurda, una defensora fuerte y agresiva, pero también con una visión analítica. Disfruto hablando de fútbol con mis compañeras tanto dentro como fuera del terreno de juego. Creo que tengo lo necesario para ser una buena comunicadora. Me gusta verme en la posición de líder, ser capitana, aunque también deberías preguntarles a mis compañeras qué piensan sobre mí (risas). Lo cierto es que tengo una buena zurda y me gusta ganar. Trato de hacer todo lo posible para conseguir que mi equipo no encaje ni un gol”.

Esa ‘clean sheet’ (portería a cero), como dicen en Inglaterra, es algo que Eriksson siempre ayuda a conseguir; de hecho su equipo logró plantarle cara este año al temido Olympique Lyonnais en las semifinales de Champions. Su juego aéreo y sus pases fueron vitales durante la temporada, y según ella misma, por fin se siente “más madura” en el terreno de juego, lo que piensa que está siendo importante para su papel dentro de su selección, a pesar de que siempre ha sido una jugadora que ha demostrado responsabilidad, capitaneando a sus equipos desde que tenía tan veinte años.

En una entrevista que le han realizado en la página web del Chelsea, preguntándole por lo logrado hasta el momento y sus expectativas de cara a la final ha explicado que:

“Siempre creímos en nosotras mismas, a pesar de no ser favoritas. Pusimos balones atrás, utilizamos el contraataque y una defensa muy compacta. Lo hicimos todo bien excepto por el primer gol. Pero conseguimos vencer ‘al fantasma de Alemania’, como lo llamábamos en Suecia. Creo que no hemos faltado a una cita olímpica, conseguirlo de nuevo es un gran logro, es increíble demostrar que seguimos entre las mejores”.

Y sin duda lo es. El idilio de Suecia con el fútbol femenino y los Mundiales se demuestra cada vez que llegan las clasificaciones y la cita mundialista. Un país de tan sólo diez millones de habitantes ha conseguido que su equipo esté presente en todas las fechas, y ha ocurrido lo mismo con su presencia en los Juegos Olímpicos. Esto demuestra lo mucho que apuesta el país nórdico por el fútbol femenino.

Hay que recordar que el fútbol femenino sueco en la década del 2000 comenzó a demostrar la fuerza que tenía, con una fuerte rivalidad con Alemania y su F.F.C. Frankfurt – que a partir de la próxima temporada se va a quedar el Eintracht masculino para volver a promocionarlo. Las primeras ganadoras de la UEFA Champions League Femenina del país sueco fueron las jugadoras del Umea, finalistas en su primera edición, y que se alzaron con el preciado trofeo en los dos años siguientes: la temporada 2002/2003 y la 2003/2004, con la centrocampista Malin Moström (ya elegida Balón de Diamante en su país en 2001, premio a la Mejor Jugadora del Año) y parte del once titular del torneo en el Mundial de 2003 que Suecia perdió frente a Estados Unidos, además de ser segunda en la Eurocopa de 2001 que perdieron contra el ‘fantasma alemán’.

Eriksson se siente realmente orgullosa de lo ocurrido: “Es increíble, una locura, estoy muy contenta de que hayamos conseguido llegar tan lejos, estoy muy orgullosa de mi equipo, sólo espero que vengan las semifinales y consigamos estar en la final. Obviamente va a ser un partido muy intenso, ellas cuentan con una delantera de las más peligrosas del mundo ahora mismo, con dos extremos muy buenas que debemos controlar, pero creo que es un equipo al que podemos ganar si hacemos lo mismo que contra Alemania”.

Su carrera con la selección comenzó a volverse importante desde que ganó la medalla de oro del Europeo Sub-19. Esto hizo que Pia Sundhage, nombre muy importante para el fútbol femenino sueco y entonces seleccionadora del combinado femenino, contase con ella para los Juegos Olímpicos de 2016, donde ganaron la medalla de plata.
Según Eriksson cuando juega la selección todo el país las sigue, y toda su familia va con ella a las citas importantes para mostrarle su apoyo. La clasificación para el Mundial no fue sencilla: se enfrentaron a Ucrania, y a Dinamarca, país al que representa su pareja Pernille Harder, que quedó fuera de la cita mundialista.

Suecia quiere coronarse campeona mundial por primera vez.

Sobre la situación actual del fútbol femenino comentó lo siguiente: “Estoy muy contenta por poder formar parte de esto, por poder jugar en estos tiempos tan emocionantes para el fútbol femenino. Creo que se está empezando a crear un respeto mutuo con los futbolistas masculinos que, a mi parecer, es por donde debería empezar todo”.

Para su pareja, Pernille Harder, también es bueno que las niñas suecas y danesas sueñen con convertirse en ídolos como ellas y no tengan que tener como referente sólo a Messi, u otro futbolista masculino. De hecho, Harder señala como su ícono mientras crecía a la brasileña Marta.

Veremos si Magdalena Eriksson es capaz de llegar a la final, o incluso de ganarla, de ser un icono para todas esas niñas, y niños, que estarán viéndola en casa o en el estadio y se convertirá, aunque sólo sea por un día, como en aquella canción de Bowie que escuchaba con doce años, en su heroína.

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Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

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