jueves, 24 septiembre, 2020
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El fútbol, que se inició como un juego para disfrutar y entretener, se ha ido convirtiendo a lo largo de los años y las décadas en algo mucho más complejo, que ha requerido un estudio profundo para ir adaptándose a las exigencias competitivas. La continua mejora en el apartado físico, la depuración técnica de los jugadores desde que comienzan a patear sus primeros balones, la especificidad de funciones de cada puesto en el campo o incluso el control mental y emocional del grupo ante los buenos o malos momentos por los que atraviesa durante una temporada son elementos que se han sumado a la escena. Pero, probablemente, no existe nada más analizado y desmenuzado al detalle como el planteamiento táctico. El dibujo. El sistema. El esquema. El posicionamiento de los once futbolistas sobre una pizarra como explicación inicial de cómo se quiere plantear el partido. Un punto de partida para cada uno de los jugadores. Se le puede asignar mayor o menor importancia, pues en definitiva es una imagen estática que durante los 90 minutos va cambiando según el resultado y las sensaciones, que van obligando a su vez a los entrenadores a matizar su idea inicial. Pero, sin duda, forma una parte esencial en la identidad de cada equipo.

Numerosas, infinitas configuraciones se han ido desarrollando a lo largo de la historia. La más antigua, la WM que Herbert Chapman implementó en su Arsenal en los años 20 y 30, utilizada en el fútbol contemporáneo por técnicos como Pep Guardiola. También se puede hablar de los sistemas de hasta cuatro o cinco atacantes entre puntas y extremos, con los que el Real Madrid de Di Stéfano consiguió un buen puñado de Copas de Europa. O del 4-4-2 equilibrado y compacto que utilizan muchos entrenadores para elaborar bloques competitivos a partir de unos principios básicos pero a la vez rocosos, como el Atlético de Madrid de Diego Simeone o el Getafe de José Bordalás en la actualidad.

Vimos aquella moda del 4-2-3-1 tan utilizado en la década de los 2000 que encumbró a la figura del mediapunta protagonizada por piezas tan creativas y decisivas como Juan Carlos Valerón o Zinedine Zidane. Disfrutamos el 4-3-3 de la escuela holandesa que tanto rédito ha dado a clubs como el Ajax de Amsterdam o el FC Barcelona, conectados por la figura de Johan Cruyff. O como otros esquemas empleados con menos frecuencia pero que quedan en el recuerdo por su funcionamiento y personalidad especial, como el árbol de navidad de Carlo Ancelotti, su 4-3-2-1. Todos han funcionado, y a la vez ninguno se ha mostrado absolutamente redondo como para ser catalogado como el mejor. Eso no existe. Todos necesitan retoques, matices, ajustes, que van cambiando a lo largo de los años y según los nombres que ocupen cada punto en esa pizarra. Las modas van cambiando, un sistema que parecía bueno hace unos años ahora parece obsoleto, pero podría volver a sacarse a la palestra según qué vaya ocurriendo en las competiciones venideras. Ahora, concretamente, hay un dibujo que está creciendo entre los técnicos europeos que está condicionando tanto los planteamientos rivales como la adecuación técnica y física de los futbolistas a los puestos específicos que emplea. El conocido sistema de tres centrales.

 

carlo

 

Y esa es su principal condición, pues a partir de ahí se abre una paleta de opciones para ir terminando de rellenar todo el campo de una manera u otra. Fundamentalmente, la utilización de los tres centrales permite dos ventajas sobre el césped. La primera es obvia, una mayor capacidad para cubrir metros en defensa y dejar menos espacios para el ataque rival. La otra puede ser más compleja de ejecutar, pero bien entendida puede proporcionar una ventaja letal. La salida de balón, más si cabe si se cuenta con un baluarte entre los tres especialmente capacitado, se facilita aumentando las opciones de cada pasador y creando triángulos a través de los cuales colar la pelota en campo rival.

Por tanto, equipos que han generado a través de malas actuaciones y peores resultados una inseguridad que cohíba todo desarrollo, pueden ser un buen candidato a utilizar este esquema, con el objetivo de crecer desde la defensa. Por otro lado, aquellos con dificultades para construir una aseada salida de pelota por la falta de centrocampistas con esa virtud, también podrían encontrar respuestas en el sistema de tres centrales y reconfigurar desde ahí todo su juego. No pocos nombres concretos explican estos principios. Aquellos futbolistas que han encontrado soluciones a sus defectos y que incluso han subido su caché a partir de potenciar lo que sí dominan con suficiencia. O incluso otros que han reconducido su carrera al refugiarse en un dibujo como éste. La BBC de la Juventus de Turin (Bonucci, Barzagli y Chiellini) constituyó un reto defensivo mayúsculo para la Champions League que difícilmente podría haber sido tal de otra forma. O el alemán Mats Hummels, que ha encontrado una segunda juventud en el actual Borussia Dortmund en el que Lucien Favre lo ha ubicado como eje de una defensa de tres y desde donde ha recuperado su nivel desde la custodia del área hasta su buen criterio y golpeo de balón para dar los primeros pases.

 

mats

 

Sin embargo, otros no salen tan beneficiados dentro de esta pizarra. El moderno mediocentro con buen pie, con facilidad para encontrar al compañero y con esa sensibilidad especial para dar ritmo a la circulación cuando el equipo lo requiere, se vuelve menos fundamental, pierde importancia. Al haberse hallado otros caminos para fluidificar la base de la jugada, en la posición de interior o mediocentro se busca otro perfil. Un jugador más agresivo, con movimientos verticales para cargar el área, con capacidad para cubrir mucho campo, liberado técnicamente de la siempre difícil situación de recibir de espaldas, más enfocado al campo rival que al propio. De esta forma, especialistas como Jorginho o Sergio Busquets encontrarían menos acomodo en esta situación o, al menos, tendrían menos peso y responsabilidad en la dirección del equipo. Aunque, como en todo planteamiento futbolístico, podemos encontrar excepciones, tales como la de Miralem Pjanic en la Juve de la BBC o Marcelo Brozovic en el 3-5-2 de Antonio Conte en el Inter de Milan.

Aunque hay una figura todavía más especial en este dibujo que le da sentido y, a la vez, redondea todas las posibilidades del equipo a nivel de juego y capacidad ofensiva: los carrileros. Son la pieza clave, tanto que, en ocasiones, la ausencia de efectivos o de nivel de los mismos en una plantilla hace que todo el sistema se derrumbe. Son los encargados de, en definitiva, dar profundidad y anchura al esquema.

En el fútbol contemporáneo la figura del lateral se ha convertido en esencial en todo equipo con grandes aspiraciones, dada la escasa vigilancia que los contrincantes pueden hacer ante un jugador tan esquinado. Esto es algo que ha encumbrado a jugadores como el genio Marcelo Vieira o el super-influyente Trent Alexander-Arnold en los sistemas de tres centrales pues se trata, en definitiva, de algo fundamental. Mirando hacia atrás, estos jugadores se encuentran más liberados debido a la presencia de tres zagueros que les cubren la espalda y les dan coberturas. Esto les permite poder enfocar su energía a ofrecerse en campo rival, estando y llegando a posiciones de peligro.

Porque, el colocar un tercer central no hace sino retirar una pieza en el centro del campo o en la punta del ataque, algo que condiciona sí o sí el reparto de espacios en fase ofensiva, algo que los carrileros deben compensar para que la manta no quede demasiado corta. Dar una alternativa para la circulación interior como Raphael Guerreiro en el actual Dortmund o Daniel Alves en aquella gran Juventus, castigar a la zaga rival con constantes cabalgadas profundísimas como el Marcos Alonso del Chelsea de Conte o el actual Achraf Hakimi.

En definitiva, futbolistas que garantizan que cada metro del campo pueda estar bien cubierto y que la pelota tenga siempre una salida. Piezas específicas que necesitan estar siempre bien activadas a partir de una imprescindible excelencia física que les permita completar ese esfuerzo. Los carrileros, entonces, podrían considerarse beneficiarios de este sistema que les permite ser clave en equipos grandes, teniendo en cuenta que en otras circunstancias y, sobre todo, en otros sistemas que les expusieran más, podrían encontrar unas dificultades en muchos casos insalvables que cambiarían frontalmente su carrera.

Así es como entrenadores vanguardistas de la actualidad exprimen las posibilidades que el juego ofrece, tal como lo hizo Chapman en el pasado y lo harán muchos otros después. Hoy, son los laterales, convertidos en carrileros, los que tienen una oportunidad de influir de manera particular en el desempeño de sus equipos.

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