domingo, 5 abril, 2020
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Cuando en 1992 los norteamericanos decidieron enviar a los Juegos Olímpicos de Barcelona a sus más grandes basquetbolistas, la cúpula estadounidense sabía lo que estaba haciendo. Y es que la humillación que significó perder en las semifinales ante la Unión Soviética cuatro años atrás y a las que se sumaron a las posteriores caídas en la misma instancia ante Yugoslavia (Mundial 1990) y Puerto Rico (Panamericanos 1991) hicieron que los dominadores históricos de este deporte tomaran una decisión necesaria para volver a dejarle en claro a todo el mundo quienes eran los mejores en este deporte creado por un tal Naismith.

Tras quedarse de manera soberbia con aquellos Juegos que cambiaron la historia con un grupo conformado, entre otros, por el tridente que llevó a la NBA a una escala global: Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird, los posteriores “Dream Teams” siguieron haciendo de las suyas, ganando tanto el Mundial de 1994 –un torneo que solo habían obtenido en 1954 y 1986- como los Olímpicos de 1996 y 2000, teniendo solo un pequeño bache en el certamen global en su edición de 1998, aunque en este caso se debió a la huelga en la que estaban sumergidos los jugadores de la NBA. 

Los Shaquille O´Neal, Reggie Miller, Dominique Wilkins, Charles Barkley, David Robinson, John Stockton, Scottie Pippen, Kevin Garnett, Jason Kidd, Gary Payton o Vince Carter fueron solo algunos de los tantos nombres que se pusieron la casaca del USA Team durante aquellos maravillosos años donde el showtime, los dunks, las palizas y los triunfos se contaban incluso antes de comenzar los partidos, tal era el poderío de estos conjuntos. La gente se agolpaba para ver a sus ídolos e incluso algunos rivales quedaban maravillados ante la posibilidad de jugar ante hombres a los que solo podían ver por televisión. 

Pero nada dura para siempre y eso los norteamericanos lo vivirían en carne propia. Tras el éxito de Sydney pasarían nada menos que siete largas temporadas en las que el conjunto no vio la gloria en un gran torneo, teniendo apenas que conformarse apenas con dos FIBA Américas (2003 y 2007, siendo el 2005 el año más oscuro, cuando finalizaron en cuarta posición con nada menos que seis derrotas, la única vez que se retiraron de un certamen con un récord negativo). 

En el Mundial disputado en casa terminarían con tres derrotas y siendo sextos, su peor registro en este torneo, mientras que en el 2006 solo perderían una vez, aunque sería en las semifinales ante Grecia. Pero lo más doloroso para el plantel fue lo acontecido en Atenas 2004, donde también sufrieron tres derrotas – hasta entonces, solo habían caído en la polémica final de Munich 1972 frente a la URSS y en aquellas semis de Seúl 1988 en las que cedieron ante los soviéticos de manera más justa-, con el golpe final dado por la Argentina de Ginóbili y compañía en la anteúltima instancia. Algo funcionaba muy mal en el seno del Olimpo del baloncesto y debía cambiar pronto.

El plan: ser un equipo

Si algo caracteriza a los conjuntos de los Estados Unidos conformados por luminarias de la NBA es que, al saberse superiores al resto, suelen pecar muchas veces de individualismo, algo que puede servir para destrozar a seleccionados inferiores, pero que siempre ocasiona serios problemas cuando los que se les plantan enfrente son equipos mejor armados y con mayor rodaje, como en aquellos años eran España o Argentina.

Jerry Colangelo, director nacional del USA Team, tenía bien en claro que era lo que quería para la selección de cara a Beijing 2008: no solo había que convocar a los mejores, había que hacerlos jugar como un verdadero bloque, lejos de todo ego personal. Fue entonces cuando empezó a utilizar una frase que sería la que le terminaría por dar la identidad al seleccionado olímpico: aquellos quienes se enfundasen la camiseta de las estrellas y los bastones debían ser los “redentores” del programa, un grupo que devolviera la medalla dorada al lugar al que pertenecía casi por mandato divino. 

Es por ello que decidió darle el mando del barco a Mike Krzyzewski, el sempiterno entrenador de la Universidad de Duke. Él había sido uno de los entrenadores asistentes de Chuck Daly durante aquel maravilloso viaje que significó Barcelona en 1992. Daly había logrado cohesionar al mejor grupo de la historia hasta la fecha, por lo que Coach K –un aprendiz aventajado- buscaría lo mismo. Si lo conseguía, el resto iba a aparecer por añadidura.

Con la ayuda de Colangelo, comenzó a reclutar uno por uno a sus jugadores, muchos de ellos con pasado olímpico, como Jason Kidd (2000), LeBron James, Carmelo Anthony o Dwyane Wade (2004). Pero, sin dudas, la elección madre de todo este proyecto sería la de Kobe Bryant, quién ahora daría finalmente el sí a su país tras negarse varias veces. Incluso se ofrecería para disputar el FIBA Américas, el torneo clasificatorio para los Juegos, todo un mensaje. Con el hombre de los Lakers a bordo, tanto los jugadores como el público comenzaron a darse cuenta de que este seleccionado iba en serio: era oro o nada, gold or bust, como supo instalar la prensa local.

 

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La llegada a China

Estados Unidos, tras el flojo Mundial del 2006, tuvo que meterse en el fango para buscar su plaza, justo como cualquier otro equipo conformado por meros mortales. Debían llegar a la final para lograr dicho objetivo. Aunque ahora suena más fácil decirlo, con tantas caídas acumuladas desde el 2002 nada hacía suponer que el camino iba a estar cubierto de rosas. De hecho, todos esperaban la semifinal como la verdadera definición, ya que allí habían caído un par de veces y cualquier fallo podría suponer una catástrofe de dimensiones inimaginables, si bien es cierto que para aquel torneo la FIBA otorgaría finalmente unos Wild Cards, invitaciones por mérito.

El USA Team arrasó en el Grupo B, venciendo sucesivamente a Venezuela (112-69), Islas Vírgenes Estadounidenses (123-59), Canadá (113-63) y Brasil (113-76), aunque perderían dos cuartos, tanto ante las Islas como contra la canarinha. Para muchos era prácticamente nada, pero para este grupo ello significaba que debían enfocarse más, ya que no podían dar pie a ninguna sorpresa provocada por su propia relajación. En la segunda fase llegaron nuevos triunfos, esta vez ante México (127-120), Puerto Rico (117-78), Uruguay (118-79) y Argentina (91-76), quizás la gran amenaza de cara al título continental. 

Como se dijo anteriormente, eran las semifinales el gran partido para los norteamericanos, ya que, de caer allí, dependería de una humillante invitación para poder asistir a los Juegos Olímpicos, algo que hubiera dejado una marca imborrable en todo el equipo. 

El 1° de septiembre en Las Vegas, el USA Team no les dio oportunidades a los puertorriqueños de Carlos Arroyo, venciendolos por un inapelable 135-91 (27 puntos de Carmelo Anthony), disputando incluso un tercer período maravilloso, en donde estuvieron a un doble de los 50 puntos. El partido ante la Argentina sólo serviría para reclamar el primer oro de este equipo, ganando 118-81. Los estadounidenses respetaban a aquel bloque conformado por Scola, Delfino, Prigioni y compañía, ya que ellos les habían enseñado hacía cuatro años como jugar como un verdadero equipo. Y demostraron que habían aprendido muy bien. Kobe terminaría siendo el máximo anotador de la final con 31 puntos, dejando en claro que, como bestia competitiva que eran, aparecía en los momentos más importantes. Primer objetivo cumplido, pero ahora se venía lo más importante.

 

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Big in China

El Coach K tenia decenas de jugadores para elegir, pero finalmente se decantaría por estos 12 individuos que viajaban a la otra punta del mundo con la urgencia de recuperar la medalla dorada. Estos eran: Carlos Boozer, Deron Williams (Utah Jazz), Jason Kidd (Dallas Mavericks), LeBron James (Cleveland Cavaliers), Michael Redd (Milwaukee Bucks), Dwyane Wade (Miami Heat), Dwight Howard (Orlando Magic), Chris Bosh (Toronto Raptors), Chris Paul (New Orleans Hornets), Tayshaun Prince (Detroit Pistons), Carmelo Anthony (Denver Nuggets) y el capitán Kobe Bryant (Los Ángeles Lakers). 

China, al igual que había ocurrido 16 años atrás en España, explotaría al recibir a semejantes jugadores, un grupo que había absorbido bien la presión y que tenía mucha hambre de gloria. Aquí no jugarían por dinero, ego o anillos: lo harían por el bien de toda una nación que estaba expectante y que no podría soportar otra derrota en una competición internacional. “Somos doce superestrellas…pero somos un equipo” diría Kidd, el veterano del grupo. 

Los jugadores pasaban tiempo con sus fans, firmaban autógrafos, pero también se concentraban en su trabajo. Sí, quizás era verdad que no conocieran tanto a sus rivales de turno, pero aquel grupo tenía en claro que si mantenían su nivel y daban el 100% en los minutos que le tocase jugar a cada uno –Krzyzewski aprovechaba la calidad y cantidad que tenía para rotar continuamente a sus hombres- nada podría salir mal.

Comenzaron en el Grupo B venciendo al local 101-70 con 19 puntos de Wade, quién acabaría siendo, a la postre, el máximo anotador del combinado estadounidense en el torneo (128). Luego llegaría el turno de Angola, la cual luchó bastante bien pese a terminar cediendo con un 97-76 (aunque Carlos Morais se iría como el máximo anotador de aquel duelo con 24 unidades).

Avanzando por la fase de grupos, Grecia no sería rival en la tercera jornada (92-69, con 18 puntos de Kobe y Bosh), aunque lo más impactante aconteció en la cuarta manga, donde la España campeona del mundo y con nombres de la talla de Pau y Marc Gasol, Rudy Fernández, Juan Carlos Navarro, José Calderón o Felipe Reyes perdería de manera calamitosa por 119-82, aunque allí se mostraron los primeros destellos de grandeza de un Ricky Rubio de tan solo 17 años. Finalmente, Howard alcanzaría los 22 puntos y 10 rebotes en la paliza a la Alemania de Dirk Nowitzki (106-57) para pasar como primeros de grupo a los cuartos de final.

En cuartos de final apareció la correosa Australia de los jóvenes Patty Mills y Andrew Bogut, quienes dieron lo mejor de sí, aunque no sería suficiente para frenar el tren americano: 116-85 con 25 puntos de Bryant y 9 rebotes de James. Los australianos, igualmente, dejaban en claro les esperaba una década dorada, tal cual se vio en las semifinales de Río 2016 y China 2019.

Era el turno de cruzar el rubicón y los del Coach K tenían enfrente a una de sus bestias negras de la década, la veterana Argentina de Manu, Oberto, Scola, Nocioni y compañía, un conjunto capaz de obrar verdaderos milagros. De hecho, tras caer por 11-30 en el primer parcial, los de Sergio Hernández se recuperaron con un 29-19 en el segundo cuarto, con un Scola pletórico (terminaría con 28 puntos y 11 rebotes). Los estadounidenses finalmente ajustaron su defensa y se llevaron el triunfo y el pase a la final gracias a un luchado 101-81. Los albicelestes, sin embargo, no harían que este esfuerzo cayera en saco roto y se llevarían el bronce ante Lituania para cerrar, de esta manera, la mejor década de su historia. 

El último paso de cara a la gloria lo tendrían que dar nuevamente ante una gran España, que venía de dejar en el camino a Croacia y a Lituania y que había aprendido muy bien de sus errores. El 24 de agosto en el Wukesong Indoor Stadium los espectadores vivirían en vilo viendo uno de los grandes partidos de aquellos años. Estados Unidos tomó la delantera prontamente, pero los españoles no se rindieron tan fácilmente, por lo que casi siempre hubo un marcador bastante igualado. A falta de 8.13 para el final llegaron a estar incluso a dos puntos de igualar el encuentro, aunque allí, en medio del caos, aparecieron tanto Wade –máximo anotador de la final con 27 puntos- y sobre todo el capitán, Kobe, que le devolvió la mentalidad ganadora a los suyos para terminar quedándose con la fiesta gracias al 118-107 final. 

Cuando sonó la chicharra, Bryant levantó sus brazos y fue rápidamente a felicitar a los vencidos por la tremenda batalla que les habían dado. Había reconocido el orgullo con el que los españoles habían luchado hasta el final y no podía irse sin mostrar sus respetos. El resto de los jugadores se habían juntado en un rincón, abrazándose fuerte con los compañeros que iban apareciendo. Y no era para menos: habían ido a buscar aquella gesta, pero entendieron que no lo hacían solo por ellos, sino que estaban dedicando su triunfo a las generaciones pasadas y a los que vendrían después. 

El USA Team dejó nuevamente en claro que no eran sólo un conjunto de estrellas, sino un verdadero seleccionado. Habían derrotado a los demás bajo sus propias reglas y ahora podían volverse en paz a casa. Solo les quedaba una cosa por hacer: pensar donde iban a guardar semejante reliquia. 

 

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Puedes escuchar el podcast que hicimos acerca del Redeem Team aquí

Fuentes: SB Nation, Bleacher Report, ABC

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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