lunes, 18 octubre, 2021
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Los Juegos Olímpicos habían resurgido en 1896 tras cientos de años en el olvido. El mundo ya no era el mismo que en la antigüedad, pero de igual forma este evento fue muy bien recibido, siendo organizado de gran manera por los griegos. Estos, emocionados por el éxito del certamen, quisieron mantenerse como la sede fija de los mismos, algo que Pierre de Coubertin y el Comité Olímpico Internacional denegaron, ya que la idea era universalizar al evento. 

París 1900 debía ser el siguiente paso en el crecimiento del movimiento olímpico. Sin embargo, resultó ser un gran fracaso por diferentes motivos: tuvieron una duración sumamente extensa (comenzaron un 14 de mayo y se cerraron un 28 de octubre), en muchos eventos no hubo entrega de medallas; la publicidad fue escasa y encima tuvieron que verse prácticamente relegados a un segundo plano, ya que en aquellos meses también se realizó la Exposición Universal. 

Todo esto hizo que los griegos, un año más tarde, volvieran a dejar sobre la mesa su propuesta de recibir cada cuatro años los Juegos, algo que finalmente terminaría siendo aceptado, aunque como 1902 se encontraba a la vuelta de la esquina se decidió que aquellos “Juegos Intercalados” se concretaran en 1906. Pero cuando aquel año llegó, lo que había en disputa era mucho más que un torneo deportivo: era la salvación de los mismos.

Y es que, en 1904, Saint Louis, en Estados Unidos, había recibido el evento en lugar de Chicago, y allí se disputó el que, para muchos, fue el peor Juego Olímpico de la historia. No solo se repitieron los mismos errores que en Francia (una duración excesiva del certamen, baja publicidad y el quedar a la sombra de la Expo Universal) sino que también participaron pocos países (12) y muchos atletas nunca supieron que habían sido parte de un evento olímpico. Y eso no era todo, ya que en los días 12 y 13 de agosto se realizaron los “Días Antropológicos”, en donde se hizo competir en una especie de “eventos paralelos” a personas no blancas, en una suerte de burla para con estos.

Todo dependía entonces de una Grecia que, por suerte, no tropezó con la misma piedra que sus antecesores. El rey Jorge I inauguró el evento un 22 de abril en el Estadio Panathinaiko con un total de 20 países participantes venidos de cuatro continentes (a los europeos se les sumaron Australia por Oceanía, Egipto por África y Estados Unidos y Canadá por América), los cuales lucharon en 12 deportes (78 eventos en total) por ver cuál era el mejor.

El éxito de un evento como los Olímpicos suele estar relacionado a los grandes deportistas que pasaron por él, y en Atenas 1906 esto no fue la excepción. En la natación, Charles Daniels, que venía de ganar cinco medallas (3 de oro) en su patria durante los Juegos anteriores, se llevaría de las tierras helénicas los 100 metros libres, algo que también consiguió en Londres dos años más tarde. El húngaro Zoltan Halmay fue otro de los grandes nombres que tuvo la natación, siendo parte del equipo que ganó la posta 4×250 libre y el subcampeón en los 100 metros. Desde 1900 venía consiguiendo preseas de distintos colores, por lo que se puede decir que este fue uno de los grandes nadadores que tuvo la década, al igual que el estadounidense. 

En atletismo, el norteamericano Archie Hahn, el mejor velocista del torneo de Saint Louis (se llevó los 60, 100 y 200 metros), volvería a ser el hombre más rápido al ganar los 100 metros. Su compatriota Paul Pilgrim haría doblete en los 400 y 800 metros y otro estadounidense, Martin Sheridan, se llevaría la presea dorada en lanzamiento de bala y disco, además de ser segundo en otros tres eventos. Pero, sin dudas, todas las miradas estuvieron puestas en uno de los mejores deportistas de la historia, Ray Ewry. El nacido en Indiana llegó a Grecia con seis oros, conseguidos en 1900 y 1904, haciendo sendos dobletes en disciplinas que ya no existen: salto de longitud de pie, salto de altura de pie y triple salto de pie. Aquí continuó con su gran racha, triunfando en salto de longitud y altura de pie, mismos lauros que se llevaría en Londres.

En ciclismo, toda la gloria recayó en el italiano Francesco Verri, vencedor en tres pruebas: sprint, contrarreloj y 5 km. En esgrima el francés Georges Dillon-Kavanagh se colgó dos oros y una plata, realizando un gran certamen junto a su compatriota Georges de la Falaise, que ya había sido campeón en sable en París 1900 y ahora se llevaba dos oros. En fútbol, Dinamarca (en realidad, un equipo compuesto por la Federación de Copenhague) fue la cómoda campeona al derrotar a Esmirna 5-0 en las semifinales y a Atenas 9-0 en la final. En 1908 y 1912 los daneses siguieron demostrando ser un gran seleccionado, al caer solamente en la final ante la poderosa Gran Bretaña.

En gimnasia, el francés Pierre Payssé se llevó las preseas doradas en los individuales all-around de 5 y 6 eventos. En remo sería Italia la gran dominadora, llevándose 4 de los 6 eventos en disputa, a los que les sumó incluso una plata y un bronce. En tiro, el gran nombre fue el del suizo Louis Richardet, que ya venía de dos triunfos en París 1900 y ahora le sumaba a su colección tres primeros lugares y tres subcampeonatos. Casi similar fue la performance del noruego Gudbrand Skatteboe (3 oros y una plata), que siguió ganando preseas olímpicas incluso en 1920, a sus 45 años. Y en tenis el francés Max Decugis obtuvo los oros en los tres eventos disponibles: singles, dobles y dobles mixtos (aquí junto a su esposa Marie). 

Al final, Francia fue primera en el podio con 15 oros y 40 medallas en total, seguido por Estados Unidos y Grecia, aunque estas, curiosamente, no son consideradas por el COI en la actualidad, algo que suena injusto por todo lo que los griegos ofrecieron en ese 1906 que sirvió para recuperar la imagen luego de dos fallidos intentos. Los helenos comenzaron a prepararse para 1910, pero al final ese certamen no se realizó debido a la inestabilidad política que presentaba el país (hubo un golpe de estado un año antes) y a distintos problemas económicos. Y en 1914 y 1918 la Primera Guerra Mundial frenaría todo. Pierre de Coubertin le dio el golpe de gracia a esta historia anulando los registros cosechados en el evento de 1906 y declarándolo no oficial cuando el COI volvió a reunirse y sosteniendo sólo a los Juegos cuatrienales contando desde 1896, algo totalmente inentendible. Inclusive, hubo intentos en 1948 y 2003 de historiadores para que Atenas 1906 fuera reconocida oficialmente, pero siempre se rechazó la idea, como si los Juegos Intercalados hubieran sido una mancha negra en la historia del olimpismo y no los Juegos que sirvieron para salvar a los mismos. 

Fuentes:

También puedes leer:   La raqueta de Aquiles

La Escalera de Iakob, Encyclopedia Britannica, Olympedia.

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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