viernes, 18 junio, 2021
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Si todo sale según los pronósticos, el próximo 29 de mayo el Manchester City de Pep Guardiola conseguirá el tan ansiado trofeo de la Champions League. De esta manera, el equipo inglés cerrará un círculo que se inició en septiembre de 2008 con la llegada del grupo emiratí liderado por el jeque Mansour bin Zayed y que, tras poco más de una década, ha transformado a un equipo menor de la Premier League en el club más poderoso del mundo. Tanto ha sido el crecimiento de los ciudadanos en estos trece años que incluso The Athletic se animó a poner en palabras una idea que muchos no quieren a formular en voz alta: ¿Acaso el City le arrebató al United el título de la institución más popular de Manchester?

Para los nostálgicos del balompié, aquellos que descreemos del fenómeno FIFA 21 y deseamos organizar una quema de PlayStations en la plaza pública cada vez que un pibe dice “yo juego de MCO”, nos parece imposible que los recientes éxitos del City Football Group (CFG) empañen la rica historia que se escribió en el césped del Old Trafford (aun con la familia Glazer a cuestas). Pero lo cierto es que el fútbol está cambiando demasiado rápido y, más temprano que tarde, los dinosaurios tendremos que adaptarnos o morir en el intento. 

Hace 20 años resultaba impensado que un grupo empresarial estableciera una red de equipos profesionales a lo largo y ancho del mundo con el fin de imponer ya no una filosofía de juego, sino un modelo de negocios. Hace 20 años nos parecía ridículo que un estado soberano de Asia se transforme en el principal mecenas de un mediocre club inglés que, en los últimos años, solo era reconocido por ser el equipo de los hermanos Gallagher, los líderes de la banda de rock Oasis. Hoy, la realidad es otra.

El Modelo City o “The City Way” ha comenzado a ser replicado y, en algunos casos, con mucho éxito. Con algunas diferencias, la empresa Red Bull puede exhibir muy buenos resultados y, sobre todo, una continuidad que se refleja en la figura de Jesse Marsch, el entrenador norteamericano que recientemente ha sido designado en Leipzig como sucesor del precoz Julian Nagelsmann. Marsch, antiguo jugador del DC United, Chicago Fire y Chivas USA, arribó a la órbita de Red Bull en 2015 para dirigir al New York y, tras una buena campaña en la MLS, dio el salto hacia Europa para ser asistente de Ralph Hasenhüttl en el RB Leipzig alemán. La oportunidad de ser entrenador principal en el Viejo Continente le llegó en 2019 cuando tomó las riendas del Red Bull Salzburgo de Austria, escuadra en la que se dio el lujo de dirigir al noruego Erling Haaland y donde demostró su valor como estratega al conquistar el torneo local 2019/20 y dos Copas de Austria.

Sin embargo, la mayor diferencia que tiene el CFG para con el resto que intentan seguir su camino es que no todos tienen a un estado soberano detrás suyo. Mansour bin Zayed es el medio hermano del emir de Abu Dabi y presidente de Emiratos Árabes Unidos, Khalifa bin Zayed. Con una fortuna que se calcula en más de 25,000 millones de dólares y con acceso irrestricto a la realeza española o a figuras tales como el ex – presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, Mansour desembarcó en el futbol inglés después de comprarle el club al ex – primer ministro de Tailandia, Thaksin Shinawatra, por 121 millones de euros. Una ganga si consideramos que en 2019 el CFG valía casi 5.000 millones de dólares. 

El brasileño Robinho fue la primera inversión fuerte de esta nueva era. El todavía prometedor futbolista del Real Madrid llegó por nada menos que 32.5 millones de euros y se transformó en el fichaje mas caro de la historia de la institución hasta ese momento. Ese título sin embargo no le duraría mucho ya que año a año el City Football Group ha subido la apuesta y desde 2008 a esta parte ha gastado más de 2.000 millones de dólares en transferencias. De esa cifra descomunal, que supera al PBI anual de muchos países africanos, 500 millones han sido destinados exclusivamente a comprar defensores. 

 

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Hoy el CFG opera como un estado, con la capacidad de torcer voluntades a gusto y placer. A mediados del año pasado el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) revocó la sanción de dos años sin participar de competiciones europeas que le había impuesto por UEFA por violar el fair play financiero y además le redujo la multa de 30 millones de euros a 10 millones. Paradojas del destino, el City está por ganar una Champions que no debería haber jugado.

Hace unos días, Fede Praml (también conocido como Tuitbol en las redes sociales) escribió en Twitter que, dado el contexto del futbol moderno, hoy resulta mas honorable ser hincha del Real Madrid que de cualquiera de los otros tres equipos que disputaron la semifinal de la Champions League 2020/21. Y, por extraño que parezca, tiene razón. Dejando de lado cualquier sentimiento que pueda despertar el execrable Florentino Pérez -un empresario que ha sido señalado por varios medios como líder del ranking del fraude y la corrupción privada en España y que, según el ya fallecido Jesús Gil y Gil, “cumple en democracia las funciones de las cacerías de Franco”- el Madrid ostenta un estatus de realeza por derecho propio. El abal se lo dan los títulos europeos conseguidos a lo largo de toda su historia. 

En cambio Chelsea y, sobre todo, el Manchester City y el PSG, se manejan en el mundo del futbol con un nivel de desfachatez y ostentación propios del nuevo rico. Hasta la llegada de los qataríes en 2011, el Paris Saint-Germain era un club que alternaba buenas temporadas con campeonatos realmente malos. Sin embargo, a partir de ese año el cuadro parisino monopolizó la competición y se quedó con siete de las últimas ocho ligas. Cualquiera diría que, con esos resultados, un cambio de DT en el PSG no es algo que se vea todos los días, pero lo cierto es que desde que el gobierno de Qatar tomó las riendas del club como un favor al presidente francés Nicolas Sarkozy, el equipo ha tenido cinco entrenadores distintos y ninguno de ellos ha durado mas de dos años y medio en el puesto

El motivo de esta inseguridad laboral es siempre el mismo: no ganar la Champions League. Al igual que el City Football Group, el Qatar Investment Authority (QIA) gasta miles de millones con el único fin de conquistar la gloria europea y, aunque todavía le ese esquiva, cada vez le falta menos para que lo consigan. 

La irrupción de la Superliga Europea es consecuencia de este crecimiento desmedido. La idea de que 12 clubes de distintos países se pudieran escindir de UEFA y formar su propia competición resultaba un disparate hace tan solo diez años, pero ahora lejos está de parecer una ridiculez. Aunque los hinchas hayan conseguido abortar momentáneamente el proyecto de Florentino y JP Morgan, el primer paso ya ha sido dado. Una idea, por mas estúpida que parezca, ya no lo es tanto cuando se la verbaliza. El esquema de Superligas continentales no es algo nuevo en el mundo del deporte e incluso FIFA se ha mostrado interesado en llevarlo a cabo en Oceanía y África. Tal vez no hoy, tal vez no mañana. Pero seguro en algún momento.

Para aquellos que nos criamos viendo futbol en los ´80 o los ´90, cada vez resulta más difícil entender todo lo que rodea al juego. Nosotros crecimos en una época en donde los clubes contrataban brujos para que “limpien” el vestuario o astrólogos para que lean el futuro de tal o cual promesa de inferiores. Hoy, el City Football Group busca astrofísicos que los ayuden a analizar las estadísticas y un futbolista como el holandés Memphis Depay, recurren a empresas especializada para que le busque un club que se ajuste a sus pretensiones dentro del campo de juego: jugar libre en ataque y no comprometerse demasiado en defensa. El cientificismo se ha apoderado del juego y, guste o no, hay que aceptarlo.

Podemos protestar y rengar cuanto queramos. Podemos invocar el nombre de Diego en defensa de los potreros y las gambetas, pero eventualmente todos los caminos conducen a un mismo destino. El futbol como lo conocíamos ha muerto. Bienvenidos a un nuevo mundo. Ni mejor, ni peor. Distinto.

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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