martes, 9 julio, 2019
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12 de julio de 1998: allí se erige él, majestuoso, casi flotando en el aire de París. El córner tirado por Emmanuel Petit fue recepcionado a la perfección por la gran figura del Mundial del 98´, Zinedine Zidane, que festeja de esta manera el primer tanto de su equipo en la final nada menos que ante la Brasil de Cafú, Roberto Carlos, Rivaldo y Ronaldo. Los sudamericanos, ese conjunto que había dejado en el camino a escuadras de la talla de Chile, Dinamarca y los Países Bajos, nada podía hacer ante la potencia demoledora de los Thuram, Lizarazu, Henry, Deschamps o Djorkaeff, amen del número 10 de la Juventus que estaba intratable.

El conjunto galo, luego de dos tantos de Zidane y un último de Petit, lograba, por fin, el título tan buscado, ese que no pudieron alcanzar leyendas de la talla de Fontaine, Kopa, Piantoni, Battison, Tigana, Girese, Cantona o Platini. Con un cabezazo, Zidane se llenaba de gloria eterna. Ya nadie se acordaba que había sido expulsado en el primer partido ante Arabia Saudita: el nacido en Marsella había saldado, con creces, su deuda.

El franco-argelino había tardado años en eclosionar, pero, una vez que se dio a conocer al mundo, su idolatría no tendría fin. Sus jugadas se convertirían en íconos de la década del 2000 (como su famosa ruleta marsellesa, la volea en la final de la Champions ante el Bayer Leverkusen o aquel ciclo lleno de lujo y figura -quizás con el debe de los títulos- en el Real Madrid de los Galácticos). Zidane había pasado del ostracismo a ser una leyenda global en pocos años, gracias, en parte a su cabezazo ante la canarinha en aquella tarde en el Stade de France.

09 de julio de 2006: el encuentro entre Francia e Italia en el Estadio Olímpico de Berlín era sumamente parejo y entretenido. Los “viejitos piolas” de Barthez, Thuram, Gallas, Makéléle, Zidane y Henry (más un Ribéry que explotó en Alemania), esos a los que todos habían dado por acabados en la previa, seguían sorprendiendo al mundo y apuraban a un conjunto azul que, pese a contar con figuras de la talla de Buffon, Cannavaro, Materazzi, Gattuso, Pirlo, Luca Toni o Totti, no podía con el juego de los galos. ¿De donde habían sacado tanta fuerza aquellos señores pasados en años?

Luego del 1-1 en pocos minutos (gracias a los tantos de Zidane y Materazzi) el encuentro se mantendría con una paridad tal que el suplementario terminaría convirtiéndose en algo inevitable. Y allí, Zizou, volvió a captar todos los flashes gracias a un cabezazo. Lamentablemente, este terminaría por ser su último gesto dentro de un terreno de juego. El duelo entre el hombre del Real Madrid -quién le había dado su última camiseta a su sucesor, Juan Román Riquelme-, y el duro defensor del Inter de Milán había sido intenso, apoteósico. El francés había intentado ganarle los duelos a su rival con su excelsa y delicada técnica, pero el nacido en Lecce no se dejó amedrentar. Con sus casi dos metros, buscó imponer respeto durante aquella final, usando cada parte de su cuerpo de ser necesario. Hasta que se llegó a aquel minuto 110 que terminaría entrando en los anales de la historia.

Nadie sabe a ciencia cierta que fue lo que pasó entre ellos. Lo que más se comenta es que Materazzi habló de más acerca de su hermana y su madre, aunque el propio Marco desmiente que haya tocado el tema de la progenitora, minimizando la situación. Sea lo que sea, debió haber sido muy duro de escuchar para un Zidane que tuvo que soportar una marca bastante ruda. Y todo explotó. El 10 intentó seguir de largo luego de una jugada, pero Marco dijo algo que terminó de hartar al madridista y este, dándose vuelta, le propinó su segundo cabezazo épico, que explotó el pecho del italiano. El árbitro argentino, Horacio Elizondo, no había visto la situación en primer lugar, hasta que fue advertido por el español Luis Medina Cantalejo, quién fue el único que advirtió aquel golpe. Para sorpresa de todos, la figura de aquel encuentro, entonces, sería expulsado y Francia, finalmente, no podría ganar su segunda corona, teniendo que esperar hasta el 2018.

Dos cabezazos marcaron la carrera de Zinedine Zidane. Con uno alcanzó la gloria y se convirtió en leyenda. Con otro, terminaría su trayectoria en el verde césped. Increíble pero real, una misma acción puede derivar en dos momentos diametralmente opuestos. Si no, se le puede preguntar al actual entrenador del Real Madrid…

 

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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