sábado, 19 septiembre, 2020
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Durante más de 40 años, la relación a todo nivel entre Estados Unidos y Cuba prácticamente no existió. Bueno, digamos que existió, pero precisamente no era una relación, fue una enemistad que pasó por episodios graves, tanto que la paz del mundo se vio en gran peligro. Poco antes de acabar el milenio, en 1999, el capitalismo norteamericano y el comunismo cubano “encontraron” por un momento, aunque fuera efímero, un punto de encuentro: el deporte, específicamente el béisbol.

Décadas atrás, poco antes de la llegada de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, Estados Unidos y Cuba habían tenido un último encuentro gracias al béisbol. En el ya lejano año de 1959, Los Angeles Dodgers y los Cincinnati Reds jugaron una serie de dos partidos en La Habana, como parte de los clásicos entrenamientos de primavera.

En 1975, las autoridades cubanas y de la Major League Baseball (MLB) tuvieron acercamientos para llegar a un acuerdo que pudiera permitir a un elenco de los mejores jugadores cubanos para enfrentarse a otro equipo norteamericano. Tal posibilidad se esfumó casi de inmediato debido a la negativa de la administración del presidente Demócrata, Gerald Ford.

En los años 80´ hubo una iniciativa liderada por el periodista Scott Armstrong para convencer al aquel entonces dueño de los Baltimore Orioles, Edward Bennett Williams, para jugar un partido contra una selección de Todos Estrellas cubanos. Williams no cedió ante la iniciativa debido a que ostentaba un puesto como asesor del gobierno Republicano de Donald Reagan, claramente opuesto a tener vínculos con Cuba.

En marcha la idea

En 1996, Peter Angelos, propietario de los Baltimore Orioles, se reunió con los periodistas Scott Armstrong y Saul Landau, quienes lo convencieron de llevar su equipo a jugar una serie de exhibición ante el equipo nacional cubano. Aunque fuera una quimera, Angelos hizo lo posible y lo imposible, presionando al gobierno liderado por Bill Clinton para obtener el permiso de llevar a su franquicia a la isla cubana.

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Los políticos americanos opuestos a la idea de Angelos tenían como razón de peso el embargo que Estados Unidos había impuesto a Cuba poco después de la llegada de Fidel Castro al poder, con lo que se impedía totalmente alguna transacción económica entre los países. En resumidas cuentas, al enemigo ni agua, como dice un refrán antiguo.

El aval de Angelos era uno muy bueno: haber sido uno de los principales benefactores en la campaña que llevo al candidato demócrata a la Casa Blanca. En enero de 1999, el presidente Clinton bajó un poco las restricciones ante Cuba creando un puente necesario para la idea de un partido de béisbol, donde los Orioles pudieran jugar en la isla. Las negociaciones entre la MLB y el gobierno norteamericano llegaron a un acuerdo el 7 de marzo de 1999, no sin antes sortear un último obstáculo, las ganancias, que fueron un punto álgido en la negociación debido a las restricciones del embargo. Finalmente se acordó que las mismas fueran a beneficiar programas de béisbol en Cuba.

 

Play ball!

El domingo 28 de marzo de 1999 se llevó a cabo el primer juego de la serie. El Estadio Latinoamericano en La Habana fue escenario de algo que parecía imposible, un equipo de la MLB en Cuba. Se calcula que aproximadamente 50.000 personas fueron testigos en primera persona de tal acontecimiento. Antes del inicio del partido, Fidel Castro saludó uno por uno a los jugadores del elenco de Maryland, enfilados en la raya de cal. Lamentablemente Cal Ripken Jr, poseedor del récord de partidos jugados consecutivamente con 2632, no pudo estar presente debido a la mala salud de su padre.

Cuba quería demostrar al mundo la capacidad de su elenco de estrellas amateurs locales, que contaba con figuras como los lanzadores José Ariel Contreras y Pedro Luis Lazo, además del segunda base Omar “El Niño” Linares, e intentar desafiar al profesionalismo del norte. El partido en La Habana se lo llevó el equipo de Baltimore 3×2 en 11 entradas. Luego de finalizado el partido, Peter Angelos brindó la mejor conclusión del partido: “Cuba está en posibilidad de rivalizar con cualquier béisbol del mundo. Lo vivido aquí superó todas las expectativas”.

El lunes 3 de mayo de 1999 se jugó el segundo partido de la serie, esta vez en suelo norteamericano. El Oriole Park at Camden Yards albergó a 47.490 fanáticos en lo que fue un hecho histórico. El inicio del juego fue retrasado casi una hora debido a la lluvia. Esta vez el equipo cubano fue el ganador por 12 entradas a 6 con una gran actuación de Danel Castro (5-4 con dos triples y cuatro carreras anotadas).

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Lejos, pero no tanto

Poco después de culminado el segundo partido Bud Selig, comisionado de MLB, mencionó que cuatro equipos diferentes habían pedido ser parte de otra serie similar. Lamentablemente, las relaciones binacionales se deterioraron y los nuevos aires de acercamiento, por desgracia, fueron efímeros.

Viendo al pasado, han sido muchos los jugadores nacidos en Cuba que pisaron los terrenos de la MLB. El constante éxodo de jugadores de la isla no ha parado, todo esto debido a las políticas cubanas que impiden a los peloteros locales jugar en equipos del extranjero, siendo considerados desertores por el solo hecho de dejar el país, algo que ocurre también en otros deportes.

Figuras emblemáticas como Luis Tiant, Tony Oliva, Tany Perez, Orestes Miñoso, Dagoberto Campaneris, Camilo Pascual y más recientemente Livan Hernández, Orlando “El Duque” Hernández, José Abreu o José Fernández entre otros, han demostrado que el potencial deportivo de la isla es infinito. Bastará ver si en un futuro o en un universo paralelo (¿quién sabe?) los jugadores cubanos y norteamericanos podrán transitar libremente entre las ligas cubana y norteamericana.

 

 

Fuentes: ESPN Deportes, Swing Completo

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Francisco Mayz
Venezolano en Madrid. Ingeniero. Veo con mirada analítica cualquier partido o evento deportivo. Me gusta hablar con cualquiera que mire el deporte más allá de los resultados, de ahí salen buenas historias para contar.

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