domingo, 20 septiembre, 2020
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El 30 de agosto del 2013, la selección mexicana de básquetbol salía al Poliedro de Caracas, en Venezuela, para jugar el partido inaugural del FIBA Américas ante los locales. Una selección llena de incertidumbre, dudas, que no tenía ninguna presión, que no tenía que estar ahí, pero tampoco tenía nada que perder.

El deporte ráfaga -como se le conoce en México-, contrario a lo que se pensaría por la cercanía con la NBA, nunca ha tenido grandes resultados a nivel internacional para la selección mexicana. El éxito más importante había sido una inesperada medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, que tuvieron a los Estados Unidos y a Canadá como merecedores del oro y la plata. Posteriormente, después de esa gesta solo tres medallas de plata y una de bronce fueron conseguidas en los Juegos Panamericanos. 

El baloncesto en México es el segundo deporte más popular, explotó a mediados de los 90´ debido al efecto Jordan, pero no es el segundo deporte más practicado. Ese lugar le pertenece al boxeo. Hasta mediados de la década del 2000, solo dos mexicanos habían jugado en la NBA, Horacio Llamas y Eduardo Nájera, el primero con un recorrido muy discreto, el segundo con más suerte y reflectores.

En el CentroBasket del 2012, torneo que daba el boleto al FIBA Américas, México tuvo una decepcionante participación al quedar fuera en la fase de grupos, perdiendo con Jamaica y la República Dominicana, y solo ganando a las Islas Vírgenes Estadounidenses y a Costa Rica. En el torneo realizado en Puerto Rico, cuatro selecciones consiguieron su pase al torneo continental: República Dominicana, Puerto Rico, Jamaica y Panamá.

En febrero del 2013, FIBA castigó a Panamá de toda competencia internacional por los problemas que existían en su cúpula directiva, por lo que el boleto a Caracas pasaría al siguiente equipo mejor clasificado de la misma subzona. Aunque Bahamas terminó en el quinto lugar en el CentroBasket y México terminó sexto, Bahamas no pertenecía a la misma subzona que Panamá, por lo cual la selección mexicana obtuvo el derecho de reemplazar a los panameños en el torneo continental.

El equipo mexicano dirigido por el español Sergio Valdeolmillos se encontraba frente a un reto que no tenían pensado atacar. En palabras del mismo entrenador “vamos a competir, a hacer lo mejor que podamos”. Comandados por el hoy jugador del Zenit de San Petersburgo y ex del Real Madrid, Gustavo Ayón, (en ese entonces jugador de los Atlanta Hawks), Lorenzo Mata y Jovan Harris, los 12 guerreros eran completados por Paul Stoll, Román Martínez, Jorge Gutiérrez (jugador que después llegó a la NBA), Jesús González, Noé Alonzo, Pedro Meza, Héctor Hernández, Orlando Méndez y Fernando Benítez.

El partido inaugural ante los locales significó una inesperada victoria por 65-56 con un Ayón líder en puntos, rebotes y asistencias. Para el segundo juego y con el envión del debut, México vencía a una débil Paraguay 81-65, para después caer con la poderosa Argentina de Luis Scola por 20 puntos. A pesar de la derrota, inesperadamente México calificó como segundo lugar a la segunda ronda (aunque con los mismos puntos que el equipo albiceleste) y empezó a atraer la atención del país. Los mexicanos empezamos a buscar donde ver los partidos de una selección y jugadores que nunca antes habíamos visto.

La segunda ronda inició con una derrota ante Canadá, para que luego tres victorias ante Uruguay, Jamaica y Puerto Rico pusieran a México en la mira del básquetbol internacional. La semifinal contra los favoritos del torneo, Argentina, suponía un reto aún mayor al hecho de ya estar en el torneo. En un partido muy parejo y emocionante, nuevamente Gustavo Ayón, con 24 puntos, lideró a México a una increíble victoria contra una Argentina que en la primera ronda los había vencido por 20 puntos. La selección mexicana de basquetbol estaba en boca de todo el país. 

Un día después de ese juego, recuerdo haberme subido al bus después de la universidad para ir a casa, y escuché al conductor del camión decirle a su ayudante “¿viste el juego de México?, ese Ayón es otro nivel”. El básquetbol, de repente, se había metido en el gusto del sector popular de la sociedad mexicana, con todos viendo y apoyando a una selección de la que no sabíamos nada. La mexicana es una sociedad que sufre un día a día complicado, pero que por lo mismo es además una sociedad hambrienta de cualquier triunfo, en lo que sea. En cuanto haya una oportunidad inmediatamente se apropia de ella para hacerla suya y poder sentirse parte.

Ahora si, con toda esa carga a sus espaldas, y sabiendo que un país entero los estaba apoyando, los 12 guerreros se pararon en un semivacío Poliedro de Caracas ante una Puerto Rico que, de forma impensada, lucía como víctima. En un partido por demás increíble, México lideró dos de los cuatro cuartos. En los últimos segundos del partido, los puertorriqueños tuvieron dos oportunidades de ganar, primero en un error increíble en un pase del legendario base Carlos Arroyo y después en un intento de triple de Galindo, que de manera milagrosa no entró y que le costaron la final a los de la isla del encanto. El marcador final de 91-89 daba a México su primer campeonato internacional en un deporte que siempre le había quedado corto al país.

El campeonato tuvo repercusiones en todo México, Gustavo Ayón fue elegido en el equipo ideal y fue también fue el MVP del torneo. La noticia era primera plana en los periódicos, los noticieros hablaban del triunfo, por unas semanas todos los mexicanos jugaron básquetbol, todos los niños querían ser Gustavo Ayón y Lorenzo Mata, el partido fue repetido una y otra vez las semanas posteriores en los canales de deportes. Ese día algo en el básquetbol mexicano cambió, algo que estaba apagado, se encendió.

México, además, consiguió su pase al Mundial del 2014. No le fue bien, solo pudo vencer a Corea y Angola, para caer en segunda ronda ante el todopoderoso Estados Unidos, pero el hecho de haber estado ahí constituía ya un mérito enorme en sí mismo.

Hace dos años, en el 2018, México consiguió ganar por primera vez el CentroBasket, esta vez de manera invicta y jugando de local. El camino ha mejorado bastante.

Los 12 guerreros marcaron un antes y un después en el básquetbol mexicano, ganando un torneo para el que no estaban clasificados. Hoy el panorama luce brillante, pero mientras el país espera recoger los frutos, nunca se olvidará a los 12 guerreros que plantaron las semillas.

 

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Fuentes: www.gob.mx, conade FIBA, Informador, El Universal

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