jueves, 23 septiembre, 2021
Banner Top

La temporada 1984-1985 de la Serie A italiana fue, quizás, la más sorprendente de toda la historia del calcio. La Juventus (campeona de la Copa de Europa ese año) contaba en su plantel con nombres como Platini, Boniek, Tardelli, Rossi, Scirea y Cabrini, la Roma (finalista la campaña anterior de la actual Champions) disfrutaba a los brasileños Falcao y Toninho Cerezo, el Napoli recibía con los brazos bien abiertos a Maradona, el Inter contaba con cracks de la talla de Rummenigge, Brady, Altobelli, Bergomi y Zenga y su archirrival Milan se deleitaba con una zaga compuesta por Baresi y Tassotti. Casi todos los clubes contaban con, al menos, un par de figuras en sus plantillas. Sin embargo, el equipo que terminaría campeonando sería uno que no contaba en los planes de nadie: el Hellas Verona. 

La escuadra Gialloblu estaba viviendo sus mejores años en aquella década de los ´80. El conjunto de la ciudad de Verona (la 12° más poblada del país de la bota) siempre fue uno de esos equipos a los que se los denomina como “ascensor”, ya que se la pasa vagando entre las primeras dos divisiones. De hecho, ha disputado más campañas en la Serie B que en la máxima categoría.

Tras descender en 1979, el equipo amarillo y azul volvería en 1982 y, desde entonces, se convertiría en uno de los mejores conjuntos de toda Italia, llegando a las finales de Copa en 1983 y 1984 (aunque perdiendo ambas, igual que sucedió en 1976) y finalizando en el cuarto puesto en la temporada 1982-1983 –la de su retorno-, hecho que los propulsó a jugar en Europa por primera vez. 

Tras un sexto lugar en la campaña siguiente llegaría el momento en el cual el Hellas apareció para dar el gran golpe. El equipo, que contaba con tres jugadores italianos a la postre miembros del plantel Azurro en México 1986 (Roberto Tricella, Antonio Di Gennaro y Giuseppe Galderisi), fichó a dos figuras de talla mundial: el danés Preben Elkjaer-Larsen y el alemán Hans-Peter Briegel. A estos se le sumaron otros dos nombres fundamentales: el portero Claudio Garella y el mediocampista Pietro Fanna. 

El entrenador era Osvaldo Bagnoli, un ex jugador del club que se encontraba dirigiendo al mismo desde 1981, siendo el mismo que los devolvió a la máxima categoría. Al igual que varios de sus colegas, este tenía a la defensa como arma principal, apelando a una fuerte resistencia y a un contraataque veloz, aunque también era un conjunto que gustaba de tener el balón, siendo el líbero el encargado de recomenzar las jugadas y tocando hasta encontrar los espacios. Pero, quizás, el punto más fuerte del Hellas Verona de la 1984-1985 fue su gran utilización de las pelotas paradas y los centros, algo que supieron manejar con maestría.

Tan grande fue lo que consiguió Bagnoli en aquellos años (se quedó hasta 1990) que su figura sigue siendo recordada incluso en nuestros días, con una pancarta en el estadio dedicada a su persona que reza “Gli uomini come lei restano per sempre” (los hombres como tú permanecen para siempre). Además, desde el 2018 es presidente honorario del Hellas Verona, casi nada. 

 

También puedes leer:   Piermaro Morosini, ejemplo de vida

 

Los Gialloblu comenzaron la temporada un 16 de septiembre, derrotando al Napoli por 3-1 en el Marcantonio Bentegodi en el que era, curiosamente, el debut de Diego Armando Maradona en la liga italiana, algo que seguramente le sirvió para darse cuenta que había llegado al certamen más complicado del mundo en ese momento. Briegel, Galderisi y Di Gennaro fueron los autores de la amargura que sufrió el 10 argentino. Tras vencer 1-3 al Ascoli y 1-0 al Udinese de Zico llegaría el primer empate de la temporada, un 0-0 ante el Inter, aunque como visitante. Aquel era un buen resultado, ya que aquellos eran días en donde se debía ganar como local y sacar al menos una igualdad afuera debido a lo duro que significaba jugar fuera de casa, más ante un conjunto de los denominados grande. 

El 14 de octubre ocurrió uno de los momentos clave de la campaña: un triunfo 2-0 (Galderisi y Elkjaer) ante la Juventus, uno de los mejores conjuntos no solo de Italia sino del mundo. Ese sería el primero de los mensajes que mandaría aquel grupo de jugadores un tanto desconocidos pero llenos de honradez y ganas de hacer historia. Luego registraron, entre otros, sendos triunfos ante la Fiorentina de Passarella, Sócrates y Gentile (2-1) y el Torino de Junior y Serena (1-2) para, finalmente, ceder en la última fecha de la primera vuelta el invicto ante el Avellino por 2-1.  

Seguramente muchos pensaron que los de Bagnoli iban a empezar a frenar su triunfal paso tras aquella caída, pero aquello fue solo una pequeña ilusión. En la fecha 18 el Udinese volvió a ceder, en este caso por 3-5, pero no sin susto: tras las anotaciones de Briegel, Galderisi y Elkjaer-Larsen los locales igualaron las acciones, aunque nuevamente los extranjeros se encargaron de poner la casa en orden. Fue una de las grandes pruebas de fuego que tuvo aquel conjunto durante la campaña y que lograron sortear con éxito. 

La Roma caería 1-0 en la fecha 21 (Elkjaer-Larsen) y la Fiorentina lo haría una jornada más tarde por 1-3 (Fontolan y Galderisi x2), aunque no todo fue color de rosas para los muchachos de Verona. Y es que, tras igualar 1-1 como visitantes con la Sampdoria, sucedió la segunda caída de la temporada: un 1-2 ante el Torino, que era uno de los perseguidores y que, de esta manera, le ponía suspenso a la Serie A. “(El partido ante el Torino) Nos hizo entender que cada partido había que lucharlo como si fuera el último de nuestras vidas, porque nadie nos iba a regalar nada” expresaría con el tiempo Bagnoli. Aquella pérdida hizo que los equipos de Turín, el Inter y la Sampdoria se pusieran a solo cuatro puntos de distancia.  

En la jornada 26, un 0-0 ante el Milan a domicilio complicó aún más las cosas, ya que el Torino había vencido al Avellino y la Sampdoria a la Lazio. Pero en la fecha 27 una victoria ante la Lazio por 1-0 (Fanna) sirvió para respirar, ya que los dos perseguidores no habían podido llevarse los dos puntos en sus respectivos encuentros. La suerte pareció estar de su lado una semana más tarde, ya que tras igualar 0-0 ante el Como, el Torino y el Inter quedaban como únicos pretendientes, pero a cuatro unidades y con la misma cantidad de puntos en juego. La jornada 29, entonces, parecía ser la decisiva. 

Aquel 12 de mayo de 1985 fue el día en el que se definió aquella mágica temporada. Las tres escuadras, curiosamente, deberían definir su suerte en estadio ajeno: el Hellas visitaría al Atalanta, el Inter haría lo propio con la Roma y el Torino debería sufrir a la Fiorentina. Parecía que la casa se iba a caer a pedazos para los de Bagnoli con el gol de Perico a los 43´, pero entonces apareció el toque dinamitero de Elkjaer-Larsen para marcar el 1-1, dándole de esta forma el título a los suyos. Ya ni siquiera importó que los de Turín acabaran igualando o los milaneses perdieran, porque ese puntito había sido la llave para entrar en el cielo del éxtasis más absoluto. 

El Hellas Verona, que hasta ese momento nunca había podido alzar un título, lograba levantar una Serie A durísima, con pretendientes sumamente fuertes y sin tener tantas figuras. Lo sorprendente es que, desde entonces, el equipo no pudo afianzarse como una potencia en el fútbol italiano. Descendería en 1990 y a esa pérdida le llegarían otras cinco relegaciones a Serie B y hasta una a la Serie C en el 2007. Todo esto resalta aún más la hazaña. Los hinchas amarillos y azules se aferran a aquel trozo de gloria con la ilusión de, un día, volver a él. 

 

También puedes leer:   Puertas abiertas al fútbol femenino

 

Fuentes 

  • ESPN 
  • Vavel 
  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 107 times, 9 visits today)
Tags: , , ,
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores