miércoles, 27 octubre, 2021
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Hasta este sábado habían transcurrido veintiocho años desde el último título de la selección nacional. Para Inglaterra -que lleva 55 y contando – puede no parecer tanto, pero en Argentina el tiempo corre de otra manera. Lo que algunas naciones experimentan en medio siglo, nosotros lo sufrimos en menos de un quinquenio. Desde que aquel equipo entrenado por el Coco Basile levantó la Copa América allá por 1993 hemos tenido diez Presidentes de la Nación, diecinueve Ministros de Economía, una paridad cambiaria 1 a 1 con el dólar, un Megacanje, una megadevaluación, un pago total de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional (US$ 4244,55 millones), crecimiento a tasas chinas, estancamiento, inflación descontrolada por más de once años con subas por encima de los dos dígitos, otro préstamo del FMI por más de US$44,000 millones (el máximo pedido en la historia de organismo) y un nuevo acuerdo de pagos con la institución.

En estas casi tres décadas pasamos de gastar pesos en Miami a pagar con patacones en el almacén de la esquina y el índice de pobreza tocó el 66% (su máximo histórico) en 1999 para luego derrumbarse hasta el 37% en 2010. Hoy está en más del 42%. Pasamos de tener 21% de desempleo en 2001 (el pico) al 7.3% en 2008. En 2021 –pandemia mediante- 11% de los argentinos no tienen trabajo y de los que lo tienen, el 35% de ellos lo hace de manera informal. En estos 336 meses pasamos de estar “condenados al éxito” a no tener remedio y viceversa.  En estos 10,220 días, los culpables de nuestros problemas fueron varios: el estado obsoleto, los Peronistas, los Radicales, los especuladores y la banca internacional, la oligarquía agraria, los medios, el Grupo Clarín, el Kirchnerismo, el populismo y el Macrismo.

En este lapso de tiempo hemos sufrido el atentado a la AMIA (85 muertos), la Tragedia de Cromañon (194 muertos), la Tragedia de Once (52 muertos), la Tragedia del Ara San Juan (44 muertos) y somos unos de los países más golpeados por la pandemia del Covid-19 (más de 98,000 muertes). También estamos en el puesto 18 de 193  entre las naciones con más vacunas aplicadas (24,737,696) y, según los expertos, podríamos alcanzar la inmunidad de rebaño antes de que termine el año vigente.

Durante este periodo los equipos argentinos ganaron diez Copas Libertadores, nueve Copas Sudamericanas, nueve Recopas Sudamericanas y tres Copas Intercontinentales. Las selecciones nacionales juveniles conquistaron cinco Mundiales Sub-20 (1995, 1997, 2001, 2005, 2007), dos medallas de oro en los JJ.OO. (2004 y 2008) y una de plata (1996) y Lionel Messi fue elegido seis veces como el mejor Jugador del Mundo (récord absoluto). También en este tiempo vimos como nuestro campeonato se fue deteriorando y desvirtuando hasta hacerlo prácticamente irreconocible. Tuvimos Torneos Aperturas y Clausuras, Inicial y Final, de Transición (dos veces), Primera División, Superliga y Liga Profesional. 

Durante veintiuno de esos veintiocho años Julio Grondona controló con puño de hierro la AFA y consolidó la autocracia que inauguró en 1979. Con la misma autoridad con la que le entregó el fútbol a Torneos y Competencias a mitad de los ´90 y que luego sacó al Grupo Clarín para dárselo al estado, designó a José Pekerman para que lidere una revolución en las categorías juveniles y amenazó con despedir a Pancho Ferraro en plena Copa del Mundo Sub-20 por no poner a Messi de titular.  

Curiosamente, además pudimos reafirmar  la vieja frase que dice “más vale malo conocido”. Como si fuese una suerte de justicia poética un poco extraña, durante los últimos catorce años de mandato/vida de Don Julio, los clubes “chicos” tuvieron la chance de campeonar en repetidas ocasiones y hasta un gigante como River Plate conoció las catacumbas del Nacional B. Hoy aceptamos que, pese a todo lo malo que tenía, era el menos malo de todos.

En estos años Racing Club desapareció para luego volver a nacer. Fuimos testigos del pragmatismo arrollador de Boca Juniors que se coronó con dos triunfos en finales internacionales ante el Real Madrid y el Milan. Pero más acá en el almanaque, también lo vimos perder una final histórica de Copa Libertadores frente a su clásico rival. Vimos las mil muertes y resurrecciones de Diego Armando Maradona, ese semidiós en botines que pensamos que era inmortal, hasta que un día hizo acaso el acto más humano de toda su vida y decidió morirse. 

Veintiocho años en los que jugamos siete Copas del Mundo. Las piernas de Diego en 1994 y las manos de Roa en 1998. La incrédula decepción de 2002. Ver a Riquelme dejando la cancha en 2006. El chamuyo de Alemania en 2010. La tristeza con sabor a injusticia del 2014 y la anarquía de 2018. Veintiocho años en los que perdimos una final de Mundial, cuatro finales de Copa América, una final de Copa Confederaciones y una final de Copa Rey Fahd. Veintiocho años en los que tuve una hermana, conocí a mi esposa, tuve una hija y enterré a mi papá. Mirá las cosas que caben en veintiocho años. Esperemos que la próxima vez que Argentina grite campeón, no tengamos tanto que contar.

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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