martes, 30 noviembre, 2021
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Bien dicen que toda victoria tiene su dosis de sufrimiento. O que no todo mal puede ir peor. Países Bajos es una nación histórica por todos los matices que le ha ofrecido al futbol mundial, una que se ha manifestado en buenos jugadores, entrenadores trascendentes y sistemas de juego que han sobrepasado las líneas que separan el tiempo. Eso nos lleva al primer partido del equipo neerlandés en la Eurocopa de 1988, celebrada en Alemania Federal.

Una caída 1-0 ante los soviéticos que cayó como balde de agua fría para las aspiraciones neerlandesas. En ese partido fue titular en la delantera John Bosman, máximo goleador de la fase de clasificación al torneo europeo con nueve goles, aunque el entonces delantero de Ajax terminaría perdiendo el puesto con Marco Van Basten. Van Basten, figura del AC Milán italiano, venía de una temporada complicada a causa de las lesiones y, casi sin tiempo, fue incluido en el plantel que participaría en la justa. A partir de ese momento todo cambió.

Este torneo, llevado a cabo en ocho escenarios de Alemania Federal, tenia encuadrada a Países Bajos en el Grupo B, aunque el debut no fuese el mejor. Vassili Rats fue el autor del 1-0 que puso contra las cuerdas a la Oranje. Tocaba verle la cara a los ingleses en un partido de vida o muerte, donde van Basten aparecería con un triplete para lograr una nueva oportunidad de avanzar. Esta clasificación se concretaría ante Irlanda, lo que le dejaría como segunda de grupo, por lo que tocaba enfrentar en semis a los locales.

Lothar Matthäus adelantó en Hamburgo a los germanos con un tiro penal, pero a quince minutos del final Ronald Koeman, también de esa manera, puso el empate. MVB, poco antes de acabar el encuentro, colocó el 2-1 definitivo y el pase a la final para los dirigidos por el mítico Rinus Michels. Este encuentro definitivo, celebrado ante más de 70 mil personas en el Olympiastadion de Múnich, los enfrentaba a la URSS. Estamos hablando de una selección de la Unión Soviética que estuvo más cerca de conquistar el mundo de lo que muchos creen durante esa década.

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El volante Ruud Gullit, cuya magia lideró el triunfo de Milán en el campeonato italiano, puso de cabeza la ventaja para Países Bajos. Poco después de comenzado el segundo tiempo van Basten se sacó del bolsillo, tras recibir un centro desde el lado izquierdo, una volea que paralizaría Múnich y todo aquel mortal que la presenció. Rinat Dasayev, uno de los mejores porteros del mundo en ese entonces, no tuvo nada que hacer. La figura soviética, Igor Belanov, erró un penalti que selló el destino de su selección. A Igor, tal como a la URSS, le faltó carácter. O, quizás, un punto más de suerte para llegar a lo más alto. El portero van Breukelen, Koeman, Rijkaard, Jan Wouters, Gullit y Van Basten formaron parte del Once Ideal del torneo, el primero de carácter absoluto logrado por el equipo.

Aquel centro representaba la fuerza de toda una nación. Países Bajos tuvo la oportunidad de su vida y la bordó. Todo salió bien. En Múnich aconteció una de esas cosas que, a veces, simplemente ocurren.

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Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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