viernes, 24 septiembre, 2021
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En la temporada 1963/64 se daba a conocer un nuevo estilo de juego en el fútbol europeo que siempre ha caracterizado a los conjuntos italianos, un estilo del que a pesar de haber evolucionado, ya no se han podido desprender. El catenaccio, promovido por Helenio Herrera, demostró que el fútbol estaba creciendo y los modelos y sistemas de juego evolucionaban favorablemente.

A causa de la gran cantidad de equipos que iban a participar en esta edición, los organizadores decidieron que el campeón fuera el único en comenzar en octavos de final. Esto provocó que la primera ronda tuviera equipos como el Philips (PSV), Real Madrid o Benfica. Los favoritos no tuvieron problemas, a excepción del Everton, que no pudo continuar a causa de la victoria del Inter ante ellos por 0-1.

Esa temporada, el Inter de Milán poseía un equipo lleno de personalidades, como el defensor Armando Picchi, el central Giacinto Facchetti, el único balón de oro español, Luis Suárez o el brasileño Jair. También destacaba la presencia del italiano Sandro Mazzola, cuyo padre, Valentino, ex capitán del Torino, falleció en la tragedia aérea de Superga, en 1949.

 

Sandro Mazzola

 

Además, ese equipo hacía alarde de una disciplina táctica que Herrera fue inculcando a sus jugadores nada más llegar al banquillo. Su eterno presidente, Angelo Moratti, había visto pasar a trece entrenadores en cinco años, por lo que había confiado en el argentino para que pusiera a su plantilla a un nivel excelso para intentar ganar la Serie A, y por qué no, hacer un buen papel europeo.

Tras superar la ronda previa, derrotó al representante francés, un AS Mónaco financiado por la familia de acaudalados -Grimaldi-, que no supuso un rival complicado, mientras que en la siguiente ronda tuvo tiempo de enfrentarse y enviar a casa al FK Partizan y batir después en semifinales al Borussia Dortmund, que había eliminado a otro de los campeones europeos, el Benfica. En la otra parte de las eliminatorias, destacaba la presencia del FC Zürich, que llegó a semifinales tras remontar de una manera sorprendente al Phillips neerlandés.

El Real Madrid, por su parte, tuvo que verse las caras con el Rangers escocés, que no iba a permitir al equipo español desarrollar un juego combinativo, por lo que Miguel Muñoz preparó a sus jugadores para defender y aguantar posiciones. Puskás resolvió el partido en los minutos finales de un encuentro muy incómodo para los suyos, mientras que en la vuelta resolvió el trámite con un 6-0 a favor. En la siguiente ronda, el Steaua fue derrotado sin mayores sobresaltos.

El AC Milán, vigente campeón de la competición en aquella campaña tras eliminar al IFK Norrköping, cayó ante el Madrid en los cuartos de final en una final anticipada que se vaticinaba muy igualada, pero que en España el Madrid consiguió cerrar con un 4-1 en la ida y un 2-0 en San Siro. Ya en semifinales, el conjunto Merengue eliminó al FC Zürich, equipo que se había clasificado para los octavos de final mediante un sorteo tras el empate en el tercer partido ante el Galatasaray.

En el partido de semifinales, el Zürich consiguió marcar un gol y viajar al Bernabéu con tan solo una diferencia de 1-2, aunque el Real Madrid había sido muy superior gracias a los goles de Di Stéfano y Zoco, que fueron más que suficientes. Por contra, el árbitro anuló un gol en el último minuto al Zürich, lo que generó un gran enfado. En la vuelta, del minuto 9’ al 16’, el Madrid marcó tres goles, por lo que el partido fue muy plácido para un equipo que ansiaba volver a levantar esa copa.

El Inter de Milán iba a ser el justo vencedor tras el plan de juego ejecutado por HH. Miguel Muñoz no pudo combatir a su rival a causa de sus marcajes al hombre en las que Gento, Di Stéfano y Puskás se sintieron mermados, siendo el equipo italiano el que tomó la iniciativa y desbancó la idea del Madrid, por lo que a través de tres delanteros y una gran movilidad, Mazzola golpeó desde lejos para sorprender al portero madrileño y poner el 1-0.

En la segunda parte, los italianos se cerraron para esperar a robar y salir al contraataque, y en el minuto 60, el 2-0 llegó. Felo abrió la lata para el Real Madrid, pero un contragolpe con fallo en el despeje de Santamaría dio lugar al tercer gol, que cerró el marcador y dejó el definitivo, donde la prensa de la época lamentó la “escasa suerte” del equipo blanco en una final en la que el catenaccio fue la clave.

 

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1996. Periodista, nací con un balón en los pies y una idea en la cabeza. Escribo sobre muchas cosas, pero sólo pienso en el deporte. Me importa el fútbol y todo lo que le rodea: estoy aquí para contarlo. También en Agencia EFE.

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