domingo, 20 junio, 2021
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En 1982 la agenda de los medios ingleses estuvo marcada por la previa, el desarrollo y el posterior resultado de la Guerra de Malvinas que, temporalmente, sirvió para ocultar la adversa realidad del plan económico implementado por la primer ministro Margaret Thatcher. Sin embargo, a principios de ese año la mandataria también estuvo envuelta en la principal noticia que cubrió las portadas de todos los diarios y los noticieros del país durante la primera quincena de enero. Esto se debió a que su hijo, Mark Thatcher, había desaparecido junto a su piloto y su mecánico en pleno recorrido del Rally Dakar y no había ningún indicio sobre su paradero.

Pese a que Mark era un hombre de negocios, su pasión por el automovilismo estuvo latente desde muy pequeño. Tal es así que a mediados de los ´70 utilizó sus conexiones empresariales para conseguir inversores que le provean el dinero suficiente para cumplir su sueño de dirigir un equipo deportivo, aunque la vida del Mark Thatcher Racing Team terminó siendo efímera debido a problemas en el manejo financiero. También formó parte de la escuela de pilotos de Brands Hatch, compitió en una categoría amateur a finales de la década, en donde tuvo un accidente en Mallory Park en el cual salió en llamas tras chocar contra un muro, e integró la grilla de las 24 horas de Le Mans en 1980 y 1981 a bordo de un Osella PA8 y de un Porsche 935 respectivamente.

Fue justamente su participación en Le Mans la que le abrió las puertas de la edición de 1982 del Rally Dakar, ya que uno de los sponsors de Porsche le comentó que pensaban inscribir tres Peugeot 504 en la competencia intercontinental. Thatcher aceptó impulsivamente y, cuando recibió el llamado al año y medio para preparar el viaje a París, ya se había olvidado completamente que había dado su palabra. Pese a haber llegado al día inaugural de la carrera con muy poca experiencia, su confianza y petulancia eran inversamente proporcionales si consideramos que declaró: “Ya corrí en Le Mans y en otras categorías. Este Rally no es un problema”.

Y tal como dice el refrán, el tiempo pone a cada uno en su lugar. En el octavo día de competencia, el 3 de enero fue el traslado de los vehículos a África, por lo que no cuenta como día neto de carrera, Thatcher se equivocó al interpretar la hoja de ruta y le dijo a la piloto Anne-Charlotte Verney que realizara un giro de 180 grados al este, cuando en realidad debían haberlo hecho hacia el oeste, separándose varios kilómetros del convoy que llevaba las piezas de repuesto ante un eventual problema técnico. Mientras la competencia seguía su rumbo, los integrantes del Peugeot 504 quedaron a la deriva en la parte argelina del desierto de Sahara. Pasaron dos días hasta que la organización se dio cuenta de que el vehículo no había llegado al día de descanso en Gao, Mali, y alertaron a las autoridades de Mali, Argelia, Inglaterra y Francia.

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Allí fue cuando comenzó una competencia para ver quién tenía el rumor más alocado del momento, ya que circularon versiones que iban desde un secuestro por parte de organizaciones terroristas hasta un accidente fatal. En cierta forma, esta última opción tenía un sustento lógico ya que, hasta ese momento, la edición del Dakar de 1982 se había cargado la vida de un motociclista, un periodista y de un niño ubicado al costado del camino que fue atropellado por uno de los competidores.

 

 

Como si no hubiesen perdido suficiente tiempo, los dirigentes de la competencia se dieron el lujo de rechazar la ayuda del primer ministro argelino Ahmed Abdelgani, ya que sentían la obligación de ser ellos los que debían dar con el paradero del grupo. Es por esto por lo que el presidente francés François Mitterrand envió dos aviones franceses desde Senegal, a los que luego se le sumaron los Hércules que originalmente había ofrecido el gobierno de Argelia, quienes terminaron encontrando a los tres aventureros a 50 kilómetros del camino que indicaba la hoja de ruta de la etapa del 8 de enero. Para su tranquilidad, que indirectamente incrementó sus posibilidades de sobrevivir, en el auto contaban con una radio a través de la cual se fueron informando de los avances de su búsqueda al mismo tiempo que racionaron el agua y la comida con la que contaban.

Mientras tanto, en Inglaterra el Rally, que pasaba por los lugares más inhóspitos del planeta, casi que se transformó en un asunto de Estado al estar involucrado el hijo de la primer ministro e influir en el comportamiento de su madre durante toda esa semana. Algunas de las consecuencias que trascendieron fueron el llanto de Thatcher durante una reunión con su gabinete económico y la cancelación de una reunión con el ministro del exterior de Hungría. Durante seis días el mundo fue testigo de cómo la mandataria de uno de los países más poderosos del mundo se mostraba como una madre afligida que, encima, había quedado sola con su hija ya que su esposo Denis había viajado a Argelia para seguir de cerca el rescate de su hijo.

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Volviendo al continente africano, ni una semana a la deriva pudo alterar la egolatría de Mark Thatcher, quien al momento del rescate simplemente dijo que necesitaba una cerveza, un sándwich, un baño y afeitarse y se fue sin agradecerle a ninguno de los miembros del equipo que los había localizado. Esto generó varias críticas desde el Reino Unido, ya que al pésimo accionar de Mark se le sumaron las críticas remarcando lo costoso que había sido su rescate para las arcas del Estado en medio de un contexto económico endeble.

Los grandes ganadores de esta historia fueron los organizadores del Dakar, ya que contaron con una cobertura mediática inesperada para su quinto año de competencia, que sirvió para que en 1985 el Príncipe y la Princesa de Mónaco se aventuraran a competir, pese a que tuvieron que retirarse tempranamente al volcar su camión en la segunda etapa.

Para Mark Thatcher, el Dakar de 1982 significó el fin de su “carrera” automovilística ya que, luego de esa experiencia, decidió volver a dedicarse plenamente al mundo de los negocios y relegar su pasión por el automovilismo a un simple hobby que satisfacía siguiendo los resultados de distintas competencias.

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¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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