jueves, 6 junio, 2019
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Envidia es lo primero que siente un aficionado español al fútbol cuando observa cómo en Inglaterra (por acercarnos al ejemplo más evidente de cómo se debe cuidar el fútbol) tanto la League One como la League Two funcionan siendo plenamente profesionales, con una organización impecable y sus equipos, todos, siendo partícipes de igual a igual en los torneos coperos.

Sin embargo, en España año tras año se pierde la oportunidad de potenciar unas divisiones inferiores que, tratadas con más respeto y cariño podrían ser exponencialmente más atractivas para el hincha.

Con equipos históricos de la talla del Racing de Santander, Recreativo de Huelva, Sabadell, Murcia, Burgos, Lleida, Castellón, Real Unión de Irún o Hércules participando, el tirón mediático debería ser notable, pero la Federación y la Liga se empeñan en que las competiciones equivalentes a las anteriormente mencionadas en Inglaterra (Segunda B y Tercera) en ocasiones incluso lleguen a parecer torneos clandestinos: futbolistas profesionales que se entremezclan con otros que deben compaginar el deporte con interminables jornadas laborales para poder llegar a fin de mes, equipos extremadamente humildes que deben competir en completa desigualdad ante los filiales de los equipos más poderosos del país en situación de flagrante desigualdad económica, partidos que son completamente invisibles para los medios de comunicación recibiendo nula repercusión, infraestructuras que en muchos casos no alcanzan los mínimos exigidos, una Copa del Rey en el que el sueño de pisar grandes escenarios resulta cuanto menos improbable y, por encima de todo, un sistema de competición de 80 equipos y tan solo cuatro ascensos que implica que el abandonar lo que muchos denominan infrafútbol y alcanzar el profesionalismo sea una auténtica quimera.

Y, a pesar de esta descorazonadora comparativa, de todas las trabas que sufre la Segunda B, la categoría de bronce del fútbol español sigue siendo una inagotable fuente de talento de la que bebe, año tras año, la Primera División.

Para poner en contexto la importancia de la Segunda B en cuanto a nivel de talento y formación de futbolistas, un dato muy revelador: el pasado 17 de agosto de 2018, día de inicio de la temporada 2018/2019, 256 futbolistas de los 473 que componían las 20 plantillas de la máxima categoría del fútbol español habían pasado por 2ªB, nada más y nada menos que un 54% de los jugadores de La Liga.

Un dato que adquiere todavía un valor mayor cuando repasamos algunos de los nombres que completan la lista: Leo Messi, Sergio Ramos, Saúl Ñíguez, Pablo Sarabia, Joaquín, Sergio Busquets, Lucas Hernández, Aritz Aduriz, Iago Aspas, Rodrigo Moreno, Asier Illarramendi, Dani Parejo, José Luis Morales.

Todos ellos son estrellas reconocidas en una de las mejores ligas del mundo, que atesoran trayectorias envidiables en la élite y que sorprendentemente tienen en común el haber dado sus primeros pasos en la división de bronce, una categoría despreciada por estamentos y patrocinadores pero con un nivel de calidad y preparación por parte de entrenadores, técnicos y futbolistas muy superior a lo que el aficionado medio presupone.

Un escaparate, en definitiva, ideal para dar el salto definitivo al fútbol profesional de élite de cara a los futbolistas que participan y un torneo ultra competitivo y apasionante de cara a un aficionado que tiene en sus manos descubrir y disfrutar de los que, en un futuro no muy lejano, serán referentes en La Liga.

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Pablo Ortega
Entrenador UEFA B. Scouting. Análisis. Apasionado del fútbol y de las historias que surgen en torno a él. Nostálgico del fútbol de los 90´.

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