viernes, 26 febrero, 2021
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La tierra helénica esta llena de grandes mitos, hazañas e historias. Es un lugar casi mágico, donde la humanidad se comprendió a si misma e intentó avanzar hacia el futuro, a veces con el pensamiento y las ciencias, otras tantas con la guerra. Y a nivel deportivo Grecia no se ha quedado atrás, otorgándole al mundo los Juegos Olímpicos, a la vez que se han destacado en varias disciplinas en la era moderna.

Pero, si bien están llenos de riquezas, nunca habían podido contar con un gran jugador de tenis, alguien que fuera un verdadero ídolo de masas, como lo fueron en su era Perseo, Hércules o Jasón. Claro, esto fue hasta la aparición de un ateniense dispuesto a realizar las mismas hazañas que sus coterráneos legendarios.

Stefanos Tsitsipas, ese gigante de 193 centímetros nacido un 12 de agosto de 1993, apareció como un huracán hace apenas un par de años. Y su relato ya cuenta con épica homérica, dado que llegó al circuito profesional después de salvarse de morir ahogado en el Mar Egeo. “Sentí que Dios me quiso dar una segunda oportunidad y cambié mi forma de pensar” contaría en El País de España. Y vaya si cambió.

Stef, predestinado a portar una raqueta desde pequeño (su padre, Apostolos, es su entrenador y su madre, Julia Salnikova, fue una destacada tenista soviética en los años ’80), creció con una pelotita amarilla viajando a toda velocidad de un lado a otro, por lo que casi siempre tuvo en mente lo que quería ser, aunque claro, cuando le preguntaron que le hubiera gustado hacer en caso contrario respondió que sería futbolista.

Porque en Grecia, se sabe, el fútbol también es una pasión de multitudes, casi como si de Sudamérica se tratase (de hecho su abuelo, Sergei Salnikov, fue un gran jugador de la primigenia selección de la URSS, siendo oro en Melbourne 1956), aunque Tsitsipas, ese niño de cabellos enrulados, tiene ansias de convertirse en el Guillermo Vilas helénico, ese portador de la luz para un pueblo necesitado de héroes modernos.

El griego comenzó a hacerse notar en el 2018, cuando entró en los cuadros de todos los Grand Slams (llegando incluso a la cuarta ronda en Wimbledon) y desde allí su carrera ha sido meteórica. Lograría no solo llegar al top 100, si no que subiría poco a poco la apuesta, alcanzando el puesto número 15.

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Una temporada después dejó de lado el mote de “revelación” -o, porque no, curiosidad por venir de un país sin tanta cultura tenística- para convertirse en toda una realidad. Para ello necesitó pulir y perfeccionar su estilo, ya que no solo cuenta con una derecha potente, sino que es un tenista estilizado, fruto de su “entrenamiento virtual” con su Quirón particular, el suizo Roger Federer. Stef ha declarado en varias oportunidades que el posible mejor jugador de la historia del tenis es su musa inspiradora y que lo ha seguido desde chico, por lo que no debe extrañar el ver en el circuito a alguien que gusta de utilizar movimientos mas artísticos, diferenciándose así de otros jugadores altos, los cuales suelen abusar de su potencia, sobre todo en el saque.

Desde el 2018 ha empezado a sumar trofeos a su colección, empezando por Estocolmo y añadiendo a la lista Marsella (x2) y Estoril, aunque ninguno se acerca a la gran hazaña conseguida hace dos años en Londres, cuando no solo logró clasificar para el ATP Finals -el viejo y querido torneo de maestros de cada fin de temporada- como el sexto mejor jugador del 2019, sino que se terminaría de transformar en toda una realidad del circuito, el NextGen que ya se animaba a jugar de tu a tu ante los grandes dioses del deporte blanco.

En la fase de grupos despachó a Daniil Medvedev y a Alexander Zverev, aunque la derrota ante Rafa Nadal en la última jornada del grupo Agassi lo obligaría a cruzarse en semifinales nada menos que ante su espejo, Federer. Parecía una derrota más que evidente, pero el Rayo Griego hizo honor a su apodo y pulverizó con su raqueta a un suizo que no logró meterse en partido casi que en ningún momento. En la final debería medirse ante Dominic Thiem, un austríaco que se había cargado tanto a Federer como a Djokovic, por lo que llegaba como el favorito. Y más cuando logró llevarse el primer set por 7-6. Pero, cuando todo parecía perdido, Zeus logró tocar con su poder a uno de sus hijos predilectos, dándole las fuerzas necesarias para remontar aquella difícil situación, ganando 6-2 y 7-6 y consagrándose como Gran Maestro.

El año de la pandemia lo vio metido en la lucha ante los mejores, aunque sin tantas alegrías. Es verdad que ganaría su segundo torneo de Marsella a inicios de temporada, pero el Covid se transformó en un gran incordio para el griego, ya que cortaría de cuajo su envión anímico y deportivo. Lo más destacado fue su arribo hasta las semifinales de Roland Garros, donde venció a Dimitrov y Rublev antes de sucumbir en cinco sets ante Djokovic, en otro duelo impresionante y donde llegó a levantar un 0-2 en contra. Al final llegaría al quinto lugar del ranking, pero el desafío seguía siendo otro: demostrase a si mismo que podía ir más allá, que los ATP 250 eran algo grande, si, pero no suficientes para alguien de su calibre. Y el 2021 parece ser el año de la gran revelación.

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El deseo más grande

Si bien el sueño más grande de Stef es ganar Wimbledon (seguramente por su amor por Federer), lo cierto es que su gran objetivo será convertirse en la cara de la nueva generación de tenistas. Y para ello necesitará torneos grandes que lo avalen. Este 2021 lo comenzó como número 6 del ranking, aunque en Melbourne apareció como el quinto sembrado. Arribó a las tierras oceánicas tras dos experiencias diametralmente opuestas en el primer Grand Slam del año. En el 2019 había llegado nada menos que hasta las semifinales, venciendo en octavos de final a un Federer que no había cedido sets hasta el momento y luego a Roberto Bautista, antes de ser vapuleado en 3 parciales por Nadal. Pero el año anterior tuvo un camino sencillo en las dos primeras ruedas (con un WO incluso en la segunda) antes de ser sorprendido por Milos Raonic.

Es por eso que la meta de este 2021 estaba más que clara: intentar recuperar el terreno perdido y, al menos, repetir la gran experiencia de aquel año pre-pandemia. Tsitsipas se subió al barco de Jasón con rumbo claro y un juego que podía asustar hasta al más pintado en su mejor día. Gilles Simon apenas le pudo arrebatar cuatro games en la primera ronda, y si bien el local Thanasi Kokkinakis lo llevó hasta el quinto set, aquello no asustó al gran héroe griego, que le ganó por 6-4 para pasar a la tercera instancia, una que también sería accesible, ya que Mikael Ymer solo conseguió superar al francés con dos games más ganados. En cuarta ronda le tocaba jugar ante Berrettini, aunque al final terminaría pasando por WO.

Llegaba, ahora si, el momento de la verdad. Solo los mejores guerreros habían sobrevivido al corte, incluso con algún underdog dando vueltas por allí (Aslan Karatsev), pero al Hércules del tenis no le podía tocar prueba más difícil: Rafael Nadal. El historial claramente estaba a favor del mallorquín, que estaba 6-1 arriba y además el español ya sabía lo que era eliminar a Tsitsipas de Australia, dado lo sucedido en el 2019.

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Y el furioso Cerbero ibérico comenzó golpeando con fuerza a nuestro protagonista, propinándole un 6-3 y 6-2 que parecían acabar con el match en muy poco tiempo. Rafa no había cedido sets en lo que iba del torneo y todo hacia presuponer que se repetiría la historia. Rafa corría y apenas cometía errores, mientras que el griego se mantenía en pie solo por su tenacidad, ya que ni siquiera el saque parecía ser un arma de temer.

Pero en el tiebreak del tercero algo hizo clic en la cabeza del helénico. El poder del rayo volvió a invadirlo y logró sacar una ventaja clave cuando estaban 3-3, ganando 7-4 dicho desempate y, por ende, llevándose el set para seguir vivo. El cuarto fue una verdadera batalla, con games que superaban los cinco minutos de duración y con ambos manteniendo su servicio hasta que Tsitsipas consiguió quebrar cuando estaban 4-4 para terminar 6-4. De repente, Cerbero se empezaba a cansar ante la insistencia de un Hércules que parecía revivir en medio de ese infierno. Y el último set se cerró con uno de los golpes más impresionantes de los últimos años. Nadal, que estaba dos juegos arriba, terminaría cediendo por 7-5 en el último, quedándose afuera contra todo pronóstico.

El barco de Stefanos sigue su rumbo y espera llegar sano y salvo a su destino final. Quedan dos rondas. ¿Conseguirá llevarse ese oro tan anhelado?

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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