jueves, 24 septiembre, 2020
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Hablar de mujeres en el automovilismo en la actualidad parece ser algo mucho más común que hace 20 años. Si bien ninguna competidora contemporánea consiguió irrumpir y asentarse en las principales competiciones internacionales (Fórmula 1, Fórmula E, IndyCar, WEC), hay representantes femeninas en categorías como el Rally Dakar -la prueba más dura del mundo motor-, la Fórmula 2 y la Fórmula 3, las principales categorías formativas de cara a la F1.

Incluso consiguieron la creación de la W Series, una categoría exclusivamente para que las mujeres desarrollen sus habilidades al volante de monoplazas similares a los de la F3. Pese a que todavía no mostraron el nivel suficiente para competir de igual a igual con hombres, el hecho de que haya 20 autos para ellas es sumamente destacable en un contexto en el cual cada asiento cotiza en bolsa.

Sin embargo, hace un poco más de 60 años hubo una dama que desafió todos los prejuicios de la época y se midió rueda a rueda con los mejores corredores de la década del 50′. Una mujer que, desde su juventud en Nápoles, se adentró en las distintas categorías del mundo automovilístico por una apuesta con sus hermanos y que, con el correr de los años, fue escalando los peldaños hasta llegar a la élite mundial.

María Teresa de Filippis nunca se rehusó a ponerse al volante de un auto por sus características. Comenzó en la categoría Salerno, con autos con pocos caballos de fuerza, luego manejó un Fiat 500 durante dos carreras para dar el salto a los deportivos de 750 cilindradas. Pasó por el asiento de vehículos como el Giaur y el Urania hasta llegar al Osca 1100 con el que correría el campeonato italiano de 1954. Allí tuvo sus primeros grandes choques, de los cuales, afortunadamente, salía ilesa por más violentos que fuesen. El más significativo ocurrió en la Vuelta de Cerdeña, que le provocó la pérdida auditiva de su oído izquierdo, pero que igual no frenó su sed de velocidad. Al año siguiente saltó a un Maserati Sport 2000 con el cual chocó en tres oportunidades: Portugal, Mugello y en los 1000 kilómetros de Buenos Aires, donde venía liderando la prueba hasta el momento de su abandono.

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Con esas credenciales llegó a la Fórmula 1, aunque no podemos dejar de lado dos factores fundamentales que le facilitaron el camino. El primero era su posición socio-económica. Como toda hija de un Conde, el dinero nunca fue un problema en su vida, ya que en su hogar nunca escaseaba, todo lo contrario, abundaba. El segundo era su estrecha relación con el piloto Jean Berha, un francés competía en la categoría reina del automovilismo desde 1952 para las escuderías Gordini (1952-1954) y Maserati (1955-1957). Corrió también el Gran Premio de Buenos Aires con el equipo italiano, que daba comienzo a la temporada de 1958, aunque el resto de la campaña la seguiría con British Racing Motors.

Allí fue donde usó sus contactos para ofrecerle su lugar en uno de los Maserati 250F a De Filippis, quien aceptó encantada. ¿Dónde radicaba el problema? Claramente no fue en sus habilidades, habiendo marcado un tiempo que le permitió superar el corte para el Gran Premio de Mónaco. La negativa llegó desde el director de carrera que sostenía que “el único casco que una mujer debe usar es el de la peluquería”.

Esto no hizo más que motivar a la italiana a seguir luchando por su sueño, que estaba más cerca que nunca de cumplirse. Y así fue: pasó el Gran Premio de Holanda y las 500 millas de Indianápolis hasta que llegó el turno de la quinta fecha del calendario, en Bélgica. Ese 15 de junio de 1958 quedará como una fecha histórica en la historia del automovilismo, un día en el que tuvo lugar la primera carrera de Fórmula 1 en la que compitió una mujer. A bordo de su Maserati 250F, el mismo con el que Fangio había salido campeón el año anterior, la oriunda de Nápoles finalizó en la décima posición a dos vueltas del líder, siendo la última de los que cruzó la línea de meta. 19 autos largaron, 9 tuvieron que abandonar y De Filippis, en su debut, cerraba el top 10.

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Como si se tratara de un aviso del destino, esa fue la única vez que terminó una carrera. Ese año volvió a correr en la novena y décima fecha del campeonato en Portugal y Monza, donde fue la única italiana en la grilla, aunque se vio obligada a abandonar, en ambas ocasiones, por problemas mecánicos.

En 1959 Jean Behra volvió a jugar un papel clave en la carrera deportiva de De Filippis, ya que le ofreció uno de los monoplazas de su equipo privado Porsche-Behra para la primera carrera de la temporada 1959. De vuelta en Mónaco tras la ridícula prohibición que había sufrido el año anterior, esta vez la dejaron correr. Poco le duró la alegría al no haber podido superar el corte necesario para estar el día de la carrera, en el que sería su último Gran Premio de Fórmula 1.

No fue convocada para las 500 de Indianápolis, ni para los Grandes Premios de Holanda, Francia y Gran Bretaña y en Alemania sepultaría su afición por la velocidad. En las pruebas para la carrera en Berlín, su amigo Bera falleció en un accidente con su Porsche, lo que espantó a la italiana y le hizo perder todo interés en las carreras. Inmediatamente, se retiró con tan solo 23 años pero, por más corta que fue su carrera, dejó un legado enorme. El mismísimo Juan Manuel Fangio llegó a darle consejos (“vas muy rápido, tomas demasiados riesgos”) y en la posteridad contaría que fue contemporáneo y compartió pista con De Filippis.

Pero su mayor huella fue el haber abierto el camino para las futuras generaciones de mujeres, aquellas que iban a pensar: “si ella pudo, ¿por qué yo no?”. Al derrumbar paredes en una época por demás machista, haciendo un excelente uso de las ventajas de su posición socio-económica y de sus amistades, la italiana dio el primer paso de un largo camino que, 60 años después, todavía sigue en pañales. Así fue como llegaron sus sucesoras a la Fórmula 1: Lella Lombardi, Divina Galica, Desiré Wilson y Giovanna Amati. Cada una en su época, algunas con más oportunidades que otras y con distintas aptitudes, pero ninguna hubiera tenido la chance de no ser por María Teresa de Filippis.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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bbc sports 07/09/2020 at 09:29

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