lunes, 27 junio, 2022
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La marcha ha sido uno de los deportes que más satisfacciones le ha dado a México, iniciando los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 con el oro de Daniel Bautista, pasando por los legendarios Juegos de Los Ángeles 1984 y Sídney 2000, aunque también ha tenido momentos oscuros, como el de Bernardo Segura o, más recientemente, en el Lupita González en Río 2016, así como también de a poco nuevas promesas aparecen en el panorama, como Alegna González con su muy meritorio 5 puesto en Tokio 2020.

Algunos dicen que, por las condiciones climáticas, el ambiente o por el terreno, México es uno de los mejores países para entrenar esta disciplina. Tanto es así que atletas extranjeros llegaban solo para practicar en suelo azteca. Esto y su relativa “sencillez” lo han hecho un deporte ideal para los mexicanos.

El punto más alto llegó en Los Ángeles 1984. En las pruebas de los 20 y 50 kilómetros dos mexicanos aparecieron para darle al país uno de los momentos más recordados y brillantes en el deporte azteca.

 

Raúl González

Raúl González Rodríguez nació en China, Nuevo León, en 1952, pero vivió su infancia en Tamaulipas. Su infancia siempre estuvo acompañada del deporte, algo que lo marcaría al también tener que combinarlo con la escuela y el trabajo. Regresó a Nuevo León para estudiar la carrera de Matemáticas en la Universidad Autónoma de Nuevo León, ganando el Campeonato Juvenil de atletismo en 1970.

Raúl fue convocado a la selección nacional dirigida por Jerzy Hausleber, el pionero de la marcha en México, quien lo llevó a sus primeros Juegos en Múnich 1972. Finalizó en el lugar 20 en la prueba de los 50 kilómetros, contando apenas con 19 años. En Montreal, cuatro años después, en los 20 kilómetros, finalizó 5o°, mientras que Daniel Bautista se quedaba con el oro.

Para Moscú 1980, Raúl logra calificar a las dos pruebas, pero la dosis de suerte necesaria no estuvo de su lado: debido a problemas federativos y de la selección, no pudo terminar la prueba de 50 km, abandonando en el 42, y finalizando 6° en los 20 km. Después de esto Raúl decidió salir de la selección mexicana y buscar preparase de forma independiente, buscar sus calificaciones por fuera y mejorar sus récords a su manera.

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Ernesto Canto

Ernesto, chilango, nacido en la Ciudad de México en 1959. Su inquietud por la marcha nació después de ver a José “el Sargento” Pedraza obtener la plata como local en México 1968. Ganó el Campeonato Nacional Infantil, así como los Panamericanos y Centroamericanos juveniles, algo repetiría durante la segunda parte de la década de los 70´.

A inicios de 1980 consigue sus mejores marcas, que le dieron la clasificación a los Juegos de Moscú, pero debido a una lesión no pudo asistir, aunque 4 años después todo cambiaria: justo antes de la cita de 1984 ganaría el Mundial, dominando a los soviéticos, que eran sus principales rivales, aunque después estos por temas políticos no asistirían al evento.

La gloria en Los Ángeles

Prueba de los 20 kilómetros, Los Ángeles, 12 del día. En una prueba extenuante, bajo el sol, González y Canto dominan sin los soviéticos, los mexicanos eran favoritos y cargaban a sus espaldas las esperanzas de millones de paisanos en Estados Unidos, así como en su tierra. Después de 1 hora y 23 minutos, Canto llegaba a la meta, 7 segundos después, González hacía lo propio, en una prueba que fue de dominio total para los aztecas, miles de mexicanos en el Memorial Coliseum festejaban el 1-2 en el podio, además del récord olímpico de Canto.

Días después, el 11 de agosto, “el matemático” González, hacía lo propio en los 50 kilómetros: era la carta fuerte, el favorito, algo que quedo de manifiesto en las 3 horas y 47 minutos en las cuales dominó la prueba. A pesar de estar en la recta final, Raúl apretó el paso en los últimos metros, apoyado por los miles de mexicanos en el estadio. Con su característico bigote, cruzó la línea de meta para, inmediatamente, romper en llanto. En sus cuartos Juegos, por fin, podía ganar el oro.

La marcha mexicana tuvo su punto más alto en Los Ángeles, algo que hoy en día se lucha por recuperar y que, de a poco, parece que las promesas asoman esos días de gloria, pero mientras tanto, Ernesto Canto y Raúl González siempre tendrán una de las páginas más memorables en la historia del deporte mexicano.

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