lunes, 10 junio, 2019
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Existe un mundo, el del deporte, que es extraño y fascinante a la vez, capaz de romper con bastantes reglas, como pueden ser por ejemplo las estadísticas. Uno pensaría, por caso, que países con mayor población deberían ser capaces de sacar mayor cantidad de participantes capaces de ganar medallas en un Juego Olímpico, aunque la historia nos ha demostrado que mientras colosos como la India apenas si ha ganado medallas, pequeñas ciudades han tenido la capacidad de ver nacer a personas capaces de ganarlo todo.

Una muestra de esto se puede observar en la ciudad checoslovaca de Kopřivnice (ubicada en Moravia-Silesia, actual República Checa), que apenas cuenta con unas 22 mil personas, pero que le ha dado al mundo grandes nombres, como lo fueron la tenista Hana Šromová, quien llegase a ser la número 87 del ranking WTA en singles y 63 en dobles en el 2006 y que lograse, además, disputar los cuatro torneos de Grand Slams, llegando a la tercera ronda en pareja en Wimbledon; el jugador de hockey sobre hielo Tomáš Fleischmann, quien realizara casi toda su carrera en clubes de la famosa NHL estadounidense y la gimnasta Zdeňka Veřmiřovská, campeona olímpica con el equipo olímpico en los JJOO de Londres en 1948 y siendo, además, medalla de plata en los anteriores Juegos, los de 1936 en Berlín.

Pero esta lista no podría estar completa si no recordásemos al verdadero hijo pródigo del lugar, un hombre que fue en su día el mejor corredor de larga distancia del mundo y que, hoy en día, sigue teniendo un récord que seguramente sea imposible de batir en el gran torneo cuatrienal. Hablamos, claro está, del eterno Emil Zátopek.

Emil nació el 19 de septiembre de 1922, cuando Checoslovaquia llevaba ya cuatro años siendo una nación independiente de lo que fuera el imperio Austro-Húngaro y que se convertiría, durante los años de posguerra, en un país bastante respetado en la zona por ser una de las pocas con una democracia fuerte, aunque esta situación no duraría mucho por dos circunstancias clave: los eslovacos sentían que tenían menor voz con respecto a sus vecinos checos -y vivían en peores condiciones- y luego, en 1938, la Alemania Nazi anexaría gran parte del país, lo que provocase que los checoslovacos se terminaran por convertir en un aliado de los soviéticos, en búsqueda de su liberación, aunque esta situación, una vez acabada la guerra, se tornaría en su contra.

 

Llegar al atletismo de casualidad

Zátopek, sin embargo, comenzaría a brillar como atleta cuando Checoslovaquia se hundía en penumbras. Corría el año 1938 y el joven de apenas 16 años se encontraba trabajando en la fábrica de zapatos Bata, en Zlín, ciudad donde se disputaba la carrera denominada Circuito de Zlín, en donde prácticamente todos los estudiantes de las escuelas estaban obligados a participar.

“Un día, el entrenador de deportes de la fábrica, que era muy estricto, señaló a cuatro chicos, incluyéndome a mí, y nos ordenó que corriéramos en una carrera. Protesté alegando mi debilidad, diciendo que no estaba apto para correr, pero el entrenador me envió a buscar el examen físico, y el médico dijo que estaba perfectamente bien. Así que tuve que correr, y cuando empecé, sentí que quería ganar. Pero solo llegué en segundo lugar. Así fue como comenzó” le diría Zátopek a la revista World´s Runner.

Aquella primera carrera fue el inicio del idilio que tendría Emil con el atletismo, un amor que lo llevaría a entrenarse por su cuenta para poder ser cada vez mejor. De hecho, él no tenía entrenador, sino que se había marcado sus propias pautas de entrenamiento, alguna de ellas brutales. Solía decir que los ritmos lentos, a la hora de entrenar, no servían de mucho, por lo que hacía siempre hacía ciclos rápidos. Un ejemplo de esto fue que durante 10 días seguidos hizo 60 series de 400 metros e incluso llegó a preparar maratones a base de 100 sesiones de 400 metros, todo esto para mejorar su resistencia, ya que expresaba que las pruebas de fondo no se ganaban solo con la resistencia, sino también con velocidad, cosa que implementarían años más tarde los dominadores keniatas y etíopes, pero cuya concepción, en los años 40´ y 50´, sonaba a locuras venidas de un ignoto corredor de Europa Central.

1000 horas de entrenamiento anual, más de 800 kilómetros de carrera al mes: si no ponía su cuerpo y alma al límite el oriundo de Kopřivnice no podía correr, no se sentía pleno.

Luego de su experiencia como subcampeón del Círculo de Zlín, Zátopek se anotó en el club local para seguir creciendo y, gracias a su sistema de entreno, logró romper los récords nacionales de 2000, 3000 y 5000 metros y en 1946 terminó en el quinto lugar en el Europeo de Oslo (Noruega), batiendo incluso su propia marca. De a poco el checoslovaco comenzaba a hacerse un nombre, aunque todavía muchos no lo tomaban en cuenta.

 

La Locomotora arrasa en los Olímpicos

Emil logró clasificarse para los JJOO de Londres en 1948 y logró alcanzar la medalla de plata en los 5000 metros, quedando solo dos décimas por detrás del belga Gaston Reiff, un ex boxeador y futbolista devenido en atleta que luego rompería varios récords en los 2000 y 3000 metros y en las 2 millas (3,2 kilómetros), más varios torneos en su país. Pero Zátopek ya estaba más que feliz, dado que unos días antes había hecho historia, consagrándose campeón olímpico en los 10 mil metros por delante del francés Alain Mimoun (a quién le sacó una diferencia abismal de 48 segundos, sumando también un récord mundial), uno de los mejores fondistas de la posguerra.

El checoslovaco se convirtió de inmediato en una celebridad y en fuente de estudio, dado que su estilo de correr no era muy ortodoxo. Siempre con el ceño fruncido, como si fuera a desmoronarse en cualquier momento, Zátopek parecía un pez fuera del agua cada vez que afrontaba una prueba, llegando incluso a tener sus brazos pegados al cuerpo. Pero, aun siendo raro, nadie podía negar la efectividad y superioridad con la que dejaba atrás a sus rivales. Él era el aquel viento que podía romper con cualquier ola.

Se ganó el apodo de “Locomotora Humana” en los años siguientes, gracias a su dominio total sobre sus contrincantes. En los cuatro años de olimpiadas hasta la llegada de Helsinki 1952 Zátopek obtuvo varios récords mundiales más en 10 mil metros, en las 10 millas (alrededor de 16 kilómetros), los 20 y 30 kms y en la hora.

En los JJOO disputados en Finlandia el checoslovaco demostró que se encontraba en otro nivel. Batió el récord olímpico en los 5000 metros dejando en segundo lugar a Mimoun, el francés que era su gran rival por aquellos años (y que además era un gran amigo suyo) y poco tiempo después ganaría su segundo oro en los 10000, también por encima de Alain. Pero todas estas gestas quedarían opacadas apenas un par de días después.

El checoslovaco se inscribió en la maratón, una competencia que nunca había disputado. Muchos pensaron que estaba loco y que no terminaría la prueba por su rigor y por haber dado el máximo en las competencias anteriores, pero Emil, a esas alturas, no se sentía amedrentado por nada ni por nadie.

Para el público general había otros candidatos a ganar la prueba: el argentino -y vigente medalla dorada en la prueba- Delfo Cabrera y su compatriota Reinaldo Gorno o el local Veikko Karvonen. Pero la Locomotora viajó a todo vapor para no solo llevarse su tercer oro en aquellos juegos (y dejar a Checoslovaquia en el sexto lugar del medallero general), sino para conseguir una hazaña que seguramente no consiga ser destronada jamás, ya que el grado de especialización en la actualidad es tal que sería improbable volver a ver esto.

Pero, además, la alegría suya no acabó allí, y es que su esposa, Dana Zátopková (quién nació el mismo día y año que Emil, toda una muestra del destino) también se llevó para la casa Zátopek una medalla dorada, en este caso la del lanzamiento de jabalina. Aunque quizás ella se encuentre opacada por la enorme figura de su marido, debemos decir que también ha sido una grandiosa atleta, logrando una medalla plateada en los JJOO de Roma en 1960 y dos oros en los Europeos de 1954 y 1958.

 

Vencer al sistema

Pero no todo fue color de rosas en la vida del checoslovaco. Sus brutales sistemas de entrenamiento le terminaron pasando factura y pensé a que compitió en la maratón de 1956 en Melbourne -finalizando sexto, esta vez si Mimoun pudo vencerlo-, su estado ya no era el de antes, por lo que terminaría retirándose en 1958. Dejó su carrera como atleta teniendo el rango de coronel en el ejército de su país, puesto que le permitía tener bastantes libertades y poder vivir bien en el sistema comunista, aunque esto no duraría para siempre.

Checoslovaquia, al igual que el resto de los miembros del Pacto de Varsovia, era un estado títere de los intereses de la Unión Soviética, aunque eso comenzaría a tambalearse en la década de los 60´. Si bien las reformas para desestalinizar al país fueron lentas, hubo sectores que apoyaron una mayor libertad de expresión, como los escritores (donde se encontraba, entre otros, Milan Kundera), quienes comenzaron a ir contra el régimen de Antonin Novotný, quien, acorralado, tuvo que ceder su puesto a Alexander Dubcek, secretario general del partido comunista en Eslovaquia, el 5 de enero de 1968.

Si bien su “socialismo con rostro humano” no intentaba generar reformas tan intensas como las que habían ocurrido en Hungría en 1956, si que abrió las puertas a varias novedades para el pueblo checoslovaco, como lo fueron las libertades de prensa, reunión y circulación y hasta prometió generar un plan para poder tener elecciones democráticas dentro de 10 años, aunque todo buscando seguir ligado al sistema político reinante.

La URSS de Leonid Brézhnev, sin embargo, no voy con buenos ojos este plan de reformas descentralizado e incurrió rápidamente en el territorio con sus soldados y sus tanques. El 20 de agosto el sueño de cambio checoslovaco llegó a su final luego de que el ejército rojo destrozara la Primavera de Praga de forma efectiva y sin que Occidente se moviera ante tales hechos, ya que consideraban que una “tercera vía” podía llegar a ser más peligrosa que el comunismo ya conocido.

Zátopek, que vivía cómodamente, no se quedó callado cuando los tanques amenazaron con devorarlo todo cual dragones atacando a pequeñas ovejas. Él defendió con ahínco a Dubcek, ya que también quería la libertad para su pueblo, lo cual le valió el ser expulsado sin más del Partido Comunista, lo degradaron en el ejército, le retiraron el privilegio de tener su propio automóvil, le prohibieron residir en Praga y, finalmente, lo mandaron a trabajar a las minas de uranio de Jáchymov. Este escarnio duró seis largos años, hasta que le permitieron regresar a la capital del país, terminando por trabajar como basurero.

Su figura, sin embargo, seguía siendo tan potente que cuando los vecinos lo veían pasar lo vitoreaban, haciendo que muchas veces la basura no fuera recogida del todo. Este ícono puso incómodo al gobierno de Moscú, quienes decidieron mandarlo a cavar pozos para la colocación de postes telefónicos. Zátopek bajaría su intensidad política -algunos sugieren que esto no fue una acción voluntaria-, lo que le permitiría vivir los años de la caída del comunismo en un pequeño puesto en el Centro de Información de Deportes.

Se retiró recuperando su puesto en el ejército y ejerciendo como profesor de Educación Física. En 1997 sería nombrado como el “Mejor Atleta del Siglo” y en el 2012, 12 años después de su fallecimiento (a la edad de 78 años), sería uno de los 24 primeros integrantes del Salón de la Fama de la IIAF, ocupando ese lugar junto a luminarias de la talla de Jesse Owens, Abebe Bikila, Paavo Nurmi, Carl Lewis, Serguei Bubka o Fanny Blankers-Koen. La Locomotora seguirá corriendo por toda la eternidad.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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