martes, 26 octubre, 2021
Banner Top

Para algunas naciones clasificar a la fase final de la Copa del Mundo equivale casi a ganarla. Obviamente no estamos hablando de selecciones como Italia, Alemania, Brasil, Argentina, Francia o España que – sin importar lo mal que vengan jugando – siempre llegan a esa instancia convencidos de que tienen todo para levantar el trofeo. Tampoco nos referimos a equipos como Corea del Sur, Japón, Nigeria, Colombia o Bélgica, los cuales siempre están presentes y, con una buena racha, hasta se pueden dar el lujo de aspirar al título.

En cambio, para escuadras como Arabia Saudita, Trinidad y Tobago, Panamá o Nueva Zelanda, el solo hecho de ser uno de los 32 afortunados que se reúnen cada cuatro años ya es un premio mayúsculo. Esto no quiere decir que el resultado no les importe. A fin de cuentas, nadie va a un Mundial para perder por goleada todos los partidos. Pero a diferencia de Argentina, que cada vez que va a un certamen de este tipo debe luchar contra los fantasmas de glorias pasadas y de fracasos recientes, estas naciones viven cada match de la fase de grupos como una fiesta patria.

Ahora bien, esto ocurre hoy que el fútbol ha dejado de ser solo un deporte para pasar a ser un espectáculo. Y la Copa del Mundo es el mayor espectáculo de todos. Todas las federaciones quieren estar ahí, quieren ser parte de ella, vivirla, sentirla. Y facturar unos cuantos millones en el transcurso. En 2018, las federaciones que participaron de la Copa Mundial de Rusia recibieron 9,5 millones de dólares solo por jugarla. Además, percibieron un plus de 1,5 millones para cubrir gastos de traslado y alojamiento durante la preparación. Esto es mucho dinero para solo presentarse a recibir goleadas de película. Y, si tienen la suerte de avanzar en el certamen, la suma se incrementa y el ganador puede llevarse la friolera de 38 millones de dólares.

En el pasado esto era diferente. Si bien en gran parte del mundo el fútbol ya era el deporte rey, durante los años 50 en algunas naciones todavía no estaba en auge y se miraba a la Copa del Mundo más como una molestia que como un privilegio. Por esos años el certamen recién tenía 20 años de vida y había estado suspendido durante más de diez debido a la Segunda Guerra Mundial. Las grandes sumas de dinero, los sponsors, los contratos millonarios de televisión no estaban allí. Todo estaba demasiado lejos y los traslados eran muy costosos. Además, en ese tiempo el deportista rentado todavía era mirado con malos ojos, como una especie de deshonra. Los JJ.OO. –la gran justa deportiva de la primera parte del siglo XX– era una evocación constante al espíritu amateur.

Por eso no debe extrañar que para la Copa Mundial de Brasil 1950 el equipo nacional de la India haya decidido no jugar la fase final pese a estar clasificado. Hoy eso sería algo impensado, pero en su época esta decisión fue tomada con naturalidad, pues no era la primera vez que un seleccionado decidía no concurrir al certamen. Pero lo que sí había llamado la atención fue el supuesto motivo que se esgrimió para no viajar a Brasil: FIFA no le permitió a India jugar sin calzado.

 

También puedes leer:   Blaine McKenna, un tipo diferente

Sorpresa en Londres

Esta historia comienza en Inglaterra dos años antes, más precisamente en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. Este era el primer gran evento tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el país anfitrión aún estaba en pleno proceso de recuperación. La ciudad exhibía en su rostro las cicatrices provocadas por los bombardeos de la Luftwaffe y la economía de guerra todavía persistía en tiempos de paz. Los alimentos escaseaban al igual que el carbón y el racionamiento estaba a la orden del día. Los de 1948 serían llamados los “Juegos de la Austeridad”, ya que el gobierno británico no construyó ni una sola infraestructura nueva para el certamen.

Pero, además, había una novedad: India participaría por primera vez como nación independiente. En 1947, los indios habían conseguido la tan ansiada independencia tras 90 años de colonialismo británico y 150 de ocupación extranjera. La lucha, que comenzó a mediados del siglo XIX con la “Primera Guerra de la Independencia” y que llevó a la Corona a tomar en 1857 a India y Pakistán como sus dos más preciadas colonias, había finalizado. Si bien este fue un proceso largo y Gran Bretaña no era en 1947 aquella que había sido cien años antes, la fatiga post-Segunda Guerra Mundial había jugado un rol muy importante para que los hindúes se proclamaran libres.

Volvamos al fútbol. En los JJ.OO. la selección de la India quedó emparejada para jugar en los octavos de final –no había fase de grupos– ante su par francés. Como regla general del certamen no se permitía que los países convoquen futbolistas profesionales para integrar sus plantillas, algo que ponía en desventaja a algunos equipos europeos y, a la vez, le daba una mínima chance a escuadras con menos potencial. Y esto se vio el 31 de julio de 1948 en el Lynn Road cuando, contra todos los pronósticos, India solo perdió 1 – 2 ante los franceses. Y lo hizo con un gol sobre la hora de René Persillon. Pero lo más llamativo fue que los asiáticos compitieron todos descalzos, sin botines (aunque algunos sí se pusieron vendajes).

Dos años más tarde, en 1950, FIFA organizaba la cuarta edición de la Copa del Mundo en Brasil, para la cual ya estaban clasificados el anfitrión y el último campeón, Italia. Esto dejaba catorce cupos para llenar de los cuales uno solo correspondería a Asia. La federación internacional entonces cursó una invitación a cuatro países asiáticos para que organicen un cuadrangular eliminatorio entre sí y así determinar cuál de ellos participaría de la copa. Las naciones elegidas fueron India, Filipinas, Indonesia y Burma (hoy Birmania). Aunque parezca mentira, las últimas tres decidieron bajarse de la invitación a formar parte de un cuadrangular por lo que, sin disputar un partido siquiera, la India ya tenía su boleto para Brasil 1950. Y es aquí donde la línea divisoria entre la leyenda y los hechos se vuelve difusa.

 

También puedes leer:   Había una vez en la que el fútbol era nuestro

Derribando el mito

Según la leyenda que se ha repetido hasta el cansancio –y que resulta increíble visto hoy día– la federación hindú decidió no concurrir al Mundial debido a que FIFA no le permitía a sus jugadores jugar descalzos. Dicha decisión ha sido criticada a lo largo de los años por la prensa deportiva de ese país. No son pocos los que afirman que, si finalmente un combinado hindú hubiese viajado a Brasil, el presente futbolístico de su nación sería muy distinto. Más allá de que este es un ejercicio contrafactual, algo de cierto hay en ello, porque recién en las últimas décadas India ha invertido fuerte en su fútbol.

Con los años –y más como una manera de lavar culpas por parte de la All India Football Federation (AIFF)– se ha propuesto la teoría de que, en realidad, el viaje no se hizo por falta de fondos, algo totalmente plausible si se tiene en cuenta las grandes distancias y los costos de una travesía como esa en 1950. Pero, de acuerdo con el periodista Arindam Basu, esta versión es falsa. Según el reportero de Sports Illustrated (India) el comité organizador del certamen había ofrecido hacerse cargo de la mayor parte de los gastos que implicara la aventura.

En su informe, publicado en la edición hindú de la prestigiosa revista, se devela que la federación mantuvo una reunión a puertas cerradas un día después de que los grupos fueran sorteados (la escuadra asiática había quedado emparejada en el grupo C con Italia, Paraguay y Suecia) tras la que finalmente comunicaron la resolución de bajarse del torneo. Las razones que esgrimió la asociación para tomar tal decisión fueron “desacuerdos con respecto a la selección de los equipos del grupo y falta de tiempo para practicar”. En ningún momento se hace referencia al factor económico ni a la imposibilidad de jugar descalzos.

Es cierto que la imposición de FIFA para usar botines seguramente no haya caído bien en el equipo, pero el verdadero motivo por el cual India no fue a la Copa del Mundo Brasil 1950 fue porque a la federación no le importó demasiado ir. Como ya se dijo líneas atrás, en esa época el evento deportivo por excelencia eran los Juegos Olímpicos y la AIFF solamente centraba su atención en ese torneo. Años más tarde, el ex-jugador indio Sailen Manna confirmó esta teoría:

En ese entonces no teníamos idea sobre la Copa del Mundo. Si nos hubiesen informado bien, nosotros hubiésemos tomado la iniciativa para ir a Brasil. En ese momento para nosotros lo más importante era estar en los Juegos Olímpicos. No había nada más grande que eso”.

Al igual que con la excusa de la falta de fondos, la AIFF no hizo nada para desmentir la versión sobre la prohibición de FIFA para jugar con los pies descalzos. Era mejor que el país creyera ese mito a que supieran que su federación no había estado a la altura de las circunstancias. El peor pecado de la All India Football Federation fue que desperdició a una de las mejores generaciones de jugadores hindúes de la historia, los cuales ganaron dos medallas de oro en los Juegos Asiáticos (1951 y 1962) y salieron cuartos en Melbourne 56, siendo la primera nación asiática en llegar a las semifinales.

  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 136 times, 15 visits today)
Tags: , ,
Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores