miércoles, 23 septiembre, 2020
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Hace unos días, más precisamente el 14 de mayo, se cumplieron 20 años del Scudetto conseguido por la Lazio. Fue el segundo y último de su historia tras el obtenido en la temporada 1973-74, y significó la frutilla del postre de un equipo que, comandado por el sueco Sven Goran Eriksson, ya venía acumulando lauros en los años previos. Todo ello condimentado por una gran participación de jugadores argentinos en aquella última conquista liguera. 

Juan Pablo Gatti escribió aquí lo siguiente: “la Recopa fue el trofeo que le sirvió a la escuadra de Eriksson para darse cuenta de que también podían conquistar la Serie A, por aquel entonces la liga más dura a nivel global. Y lo consiguieron por sobre la Juventus, a la que rebasaron por apenas una unidad”.

Y desde allí nos vamos a parar de cara a repasar la génesis de una consagración histórica. En el 98′, los romanos ganaron la Copa y la Supercopa de Italia y tropezaron en la final de la Copa UEFA contra el Inter. Ya en el 99′ llegaría la revancha internacional con el triunfo en aquella última edición de la Recopa de Europa. No pudo ser, en cambio, en el torneo local frente a un Milan que lo aventajó por apenas un punto, pero la temporada 99-00 -en la que el Calcio se vestiría de celeste- el equipo arrancó con un triunfazo: 1 a 0 al Manchester United en Mónaco con gol del chileno Marcelo Salas y Supercopa de Europa a las vitrinas. 

¿Cómo pelear mano a mano con la Juventus?

 

La Vecchia Signora había terminado en el séptimo lugar en la temporada anterior, accediendo a la Copa Intertoto, un resultado bastante por debajo de sus expectativas. Pero al año siguiente, las intenciones de volver a ganar en el Calcio aparecieron como cada nuevo curso. Del Piero, Zidane, Filippo Inzaghi, Stankovic, Zambrotta y Van der Sar, conducidos por Carlo Ancelotti en el banco, se erigían como gran candidato. Es cierto que la Lazio no se quedaba atrás: Nesta, Pavel Nedved, Roberto Mancini, Salas y los argentinos que se habían sumado a Matías Almeyda, que ya estaba desde el 97 allí: Diego Pablo Simeone, Juan Sebastián Verón y Roberto Sensini. 

La Bruja y “Boquita” llegaron desde el Parma, el primero de ellos con un pase récord de 20 millones de dólares. El Cholo, desde el Inter, donde había sido protagonista de esa final de Copa UEFA que los milanistas le ganaron a los laziales. Todos tenían su palmarés y su contrastado nivel jugando para uno de los mejores equipos de Italia, pero ninguno había obtenido la Serie A en los distintos equipos que integraron.

A ocho fechas del final, después de diversos momentos de paridad, la Juventus logró sacar nueve puntos. Parecía inalcanzable, pero tropezó con el Milan mientras que la Lazio ganó el derby romano y se puso a seis. Y justo le tocó recibir a los turineses. Era un mano a mano absolutamente decisivo y, con un gol de Simeone – que convertiría cinco goles en las últimas siete fechas -, el Olímpico de Roma celebró con fervor ponerse a sólo tres unidades de la Vecchia Signora en apenas dos jornadas. Lo utópico parecía alcanzable. 

Sin embargo, la Juventus no logró caerse del todo y lo que podía imaginarse remontada parecía quedarse en la puerta. Llegó la última fecha y la distancia entre uno y otro era de dos puntos. La Juve visitaba Perugia y Lazio recibía a la Reggina, sin depender de sí mismo.

Entre la goleada y la tormenta: un festejo inolvidable

 

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A la misma hora empezaron los dos partidos. En el Olímpico, promediando la primera parte, llegaron las emociones. Dos penales, dos autores diferentes, 2 a 0. Inzaghi (Simone) y Verón. En Perugia se cerraron los 45 iniciales con un 0 a 0 que daba lugar a un posible desempate.

Y cuando están por arrancar los segundos tiempos, la incesante tormenta que arreciaba Perugia obligó a Pierluigi Collina a suspender transitoriamente el partido. En Roma, esperaron un tiempo, pero arrancaron. Rápidamente el Cholo cerró su sprint final goleador con un nuevo tanto y la Lazio se puso 3 a 0. Ya nada de lo que ocurriera iba a estar atado a ese escenario. 

Cuando terminó el encuentro, en el Olímpico hubo delirio e invasión de los hinchas al campo de juego. En Perugia, el segundo tiempo se ponía en marcha. Sólo había que esperar. Sumarle 45 minutos a esos 26 años.

Y al poco tiempo de reanudarse, Alessandro Calori se convirtió en la nueva y tardía adquisición del equipo romano cuando estampó el 1 a 0 para un Perugia que, como en el 76′, se disponía a arruinarle nuevamente un torneo a los de Turín. Y así sería. Los de Ancelotti intentaron por todos lados, pero entre la roja a Zambrotta y la propia impotencia en los ataques, se quedaron sin ideas ante la desesperación. 

La fiesta terminó siendo única. La parte celeste de la capital cerraría una temporada gloriosa a la que le sumó la conquista de la Copa Italia cuatro días después frente al Inter en San Siro. 

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Sebastián Tafuro

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