jueves, 6 junio, 2019
Banner Top

La Societa Sportiva Lazio vivía uno de los momentos más dulces de toda su historia. Atrás habían quedado los oscuros años 80´, en donde la escuadra blancoceleste no solo descendió a la Serie B en dos oportunidades (la primera vez debido al escándalo del Totonero, en donde también sería relegado a segunda el Milan; la siguiente por haber sumado solo quince unidades en todo el certamen), sino que incluso estuvo cerca de pisar la Serie C, salvándose luego de derrotar al Taranto y al Campobasso.  

Los malos aires vividos en la capital de la bota comenzarían a cambiar de manera radical en 1992 con la llegada del empresario Sergio Cragnotti, quién rápidamente comenzó a invertir en el club para que se pudiera pasar de pensar en una permanencia tranquila en Primera–y, tal vez, apostar por entrar en la Copa de la UEFA- a luchar por todos los títulos. De hecho, ya en la primera campaña con Cragnotti como presidente la Lazio terminaría en la quinta colocación en la liga, lo que le permitía volver a Europa después de quince largos años (solo llegó hasta la segunda ronda en la UEFA, pero era un inicio). 

En una época en donde varios empresarios invertirían fuerte en los clubes italianos -más con la Ley Bosman en funcionamiento, lo que ampliaba enormemente las posibilidades de fichaje- Cragnotti no quiso ser menos, y así fue como comenzaron a caer, a golpe de talonario -y con el paso de los años- nombres como los de Christian Vieri (46 millones de euros), Juan Sebastián Verón (40.3), Pavel Nedved (36.6) o incluso Hernán Crespo, quién en su día resultó ser el fichaje más caro del mundo, al haberle pagado al Parma la friolera de 51 millones de euros.  

Las Águilas, desde entonces, se convertirían en habitúes de Europa, finalizando en la parte alta de la Serie A desde entonces: dos veces en la cuarta posición, una vez en tercera colocación y siendo subcampeones en la temporada 1995-1996, una campaña en donde, curiosamente, los dos máximos goleadores del certamen fueron los argentinos Gabriel Batistuta y Abel Balbo. Incluso sus hinchas se permitieron soñar con un título europeo, aunque lo más lejos que llegaron fue en la campaña anterior a la del segundo puesto en la máxima categoría del calcio, en donde avanzaron hasta los cuartos de final de la Copa de la UEFA, cayendo con lo justo ante el Borussia Dortmund. Pero todo estaba a punto de cambiar. 

 

 

El punto de inflexión 

La Lazio se aprestaba a competir en la temporada 1997-1998 en tres frentes (Liga, Copa y UEFA), buscando consagrarse en alguno de ellos para darle prestigio a un proyecto que había colocado a los blancocelestes entre los clubes tops de Italia, pero que, pese a los fichajes, parecía no alcanzarle para más.  

El primero de julio de 1997 la institución ficharía al elemento clave de esta historia, el entrenador sueco Sven Goran Eriksson, quién ya sabía lo que era dirigir equipos importantes, dado que había estado, en su día, en los banquillos del Benfica, Roma, Fiorentina o Sampdoria. El nórdico cerca estuvo incluso de marcharse al Blackburn Rovers, pero logró llegar a un acuerdo para comandar el barco de Cragnotti en esa campaña.

De este modo, una Lazio que contaba con nombres como los de Nedved, Alessandro Nesta, Diego Fuser, Vladimir Jugovic, Pierluigi Casiraghi, Matías Almeyda o Roberto Mancini, si bien terminó séptimo en la Serie A, pudo auparse a dos finales coperas. En la UEFA fue eliminando, de manera sucesiva, al Vitoria Guimaraes, Rotor Volgograd, Rapid Viena, Auxerre y Atlético de Madrid, hasta toparse en la gran final (la primera de su historia) nada menos que con el Internazionale de Pagliuca, West, Winter, Simeone, Zanetti, Djorkaeff, Kanu, Zamorano y un tal Ronaldo. En el Parque de los Príncipes de París, lamentablemente, los capitalinos nada pudieron hacer ante los de Milán, que ganaron cómodamente por 3-0.

Pero la alegría llegaría en la Coppa Italia, en donde los de Eriksson fueron derrumbando, sucesivamente, al Fidelis Andria, Napoli, a la Roma en el derbi en cuartos (4-1 y 2-1) y Juventus, para terminar disputando otra definición ante un grande de la ciudad de la moda, el Milan de Rossi, Costacurta, Maldini, Donadoni, Desailly, Albertini, Savicevic o Weah. El liberiano anotaría, en el minuto 90, el gol del 1-0 en San Siro, y en la revancha en el Olímpico comenzaron incluso ganando gracias al tanto de Albertini (47´). Parecía nuevamente un “no va más“, pero este grupo ya había tenido suficiente y lo hizo notar en unos 10 minutos impresionantes, los que fueron del 56´ al 66´. Gottardi, Jugovic (penal) y Nesta lograron darle la vuelta al marcador y darle, de esta manera, la segunda copa a la Lazio, que no la ganaba desde 1958. De esta forma lograban asegurar su pasaporte para la Recopa de Europa.

 

 

 

Bendito torneo

La Recopa era un certamen que se disputaba, de manera ininterrumpida, desde la temporada 1960-1961, y era el segundo trofeo en importancia en Europa, incluso por sobre la Copa de la UEFA, ya que aquí jugaban los campeones de las distintas copas nacionales, lo que le daba un valor todavía más especial a estos certámenes. Sin embargo, este torneo tan entrañable no llegaría a ver la luz en el nuevo siglo, debido a que la UEFA había decidido reorganizar sus competiciones. De hecho, en los años siguientes también desaparecería aquella “Copa de Verano” llamada Intertoto…

La Lazio era parte de un grupo en donde estaban instituciones de la talla del Newcastle, Chelsea, PSG, Lokomotiv de Moscú, Partizán de Belgrado o el Besiktas, los cuáles eran los favoritos, en la previa, para llevarse esta edición final de la UEFA Cup Winners´Cup. Pero, se sabe, este era un certamen en el que siempre había sorpresas (como en las viejas Copas de Campeones) y esta Recopa no sería la excepción.

La escuadra de Roma comenzó su andadura en la primera ronda y como local ante el Lausanne-Sport de Suiza. Pese a ir con varios titulares y hasta comenzar ganando -gracias al checo Nedved-, el empate 1-1 llevaría un poco de preocupación a las gradas, ya que las Águilas todavía no habían demostrado tener tanta fuerza en Europa. Pero en la revancha, si bien también fue bastante cerrada, lograron llevarse una igualdad a dos (Salas y Sergio Conceicao anotaron en la primera mitad y el empate llegó a pocos minutos de finalizar el encuentro), lo que les permitió pasar de fase gracias a tener un gol más convertido como visitante.

La segunda ronda los midió ante el Partizán yugoslavo de Kezman, Tomic y Obradovic, que venía de cargarse al Newcastle de Shearer. Nuevamente en el Olímpico la historia terminaría en una igualdad (esta vez sin tantos), teniendo que jugarse el todo por el todo en el Partizan Stadium. Y ante 32 mil espectadores se pudo presenciar un gran partido (quizás de los mejores de aquella edición), de ida y vuelta, y en donde nuevamente la Lazio lograría conseguir un titánico resultado como visitante, ganando 2-3 (con un doblete de Salas y el tercero de la mano de Stankovic, justamente un ex Estrella Roja).

 

 

Los cuartos de final, ante el Panionios griego, fueron prácticamente un paseo por el parque, ganando 4-0 en Atenas (dos de Stankovic, uno de Nedved y otro de Gazis en propia meta) y 3-0 en Roma (nuevamente con goles del checo y el yugoslavo, además de sumarse el español Iván de la Peña a la fiesta), llegando así a su segunda semifinal consecutiva. Las Águilas volaban cada vez más alto.

El rival sería el duro Lokomotiv de Moscú, un asiduo a la Recopa desde que Rusia tuviera su propia liga (producto de la caída de la URSS) y nuevamente los italianos tuvieron que sufrir bastante para conseguir un empate (1-1) gracias a Boksic, quién igualaba el tanto inicial de Janashia. Un Olímpico bastante vacío (solo 20 mil personas vieron el encuentro en vivo) se volvió una fortaleza y el local logró sacar un 0-0 que lo dejaba en la final del certamen. Enfrente tendrían al extraordinario Mallorca de Héctor Cúper, que llegaba a la definición obteniendo los siguientes resultados:

  • 1-0 y 1-1 Hearts of Midlothian (Escocia) 
  • 1-1 y 0-0 Racing Genk (Bélgica) 
  • 0-0 y 3-1 Varteks (Croacia) 
  • 1-1 y 1-0 Chelsea (Inglaterra) 

El Villa Park esperaba, por fin, al equipo que se consagraría como el último campeón de la Recopa. ¿Sería el millonario italiano o la sorpresa española?

 

 

The ultimate champion

El 19 de mayo de 1999 se midieron cara a cara la Lazio y el Mallorca. Los primeros salieron a la cancha (vestidos de amarillo y negro) con Marchegiani, Favalli, Mihajlovic, Nesta, Pancaro; Nedved, Almeyda, Mancini, Stankovic; Vieri y Salas. Eran una de las mejores escuadras de toda Europa -pese a que habían llegado hasta la final con dificultades- y querían demostrarlo ganando su primer título continental.

 

La alineación de la Lazio era una de las más fuertes de toda Europa.

El Mallorca, subcampeón de la Copa del Rey la temporada anterior, buscaría convertirse en el Matagigantes de aquella Recopa. Cúper puso toda la carne en el asador para lograrlo: Roa, Olaizola, Marcelino, Siveiro, Miquel Soler; Engonga, Lauren, Jovan Stankovic, Ibagaza; Dani y Biagini. Se sabían inferiores, si, pero también entendían que en noventa minutos todo podía pasar. Lo que quizás impacte más al joven espectador es que, al volver a ver aquellas imágenes de la final, uno se encuentre con algo bastante sencillo. No parecía ser la última gran final que se vería de la Recopa, sino una ronda más de una copa cualquiera. Quizás ese haya sido uno de los encantos del fútbol pre-moderno…

Desde el primer minuto se notó la mano del sueco Eriksson en la formación, ya que los italianos se mostraban sólidos defensivamente, parándose en dos líneas bastante rectas, distinto al planteo más dinámico de los de Palma de Mallorca. Los primeros minutos fueron de tanteo, en donde la Lazio se replegaba esperando algún fallo de los mallorquines, mismo que llegó a los 7´ luego de un pelotazo de Pancaro -desde mitad de cancha- que encontró la cabeza de un Vieri que saltó más alto que un Olaizola que no se esperaba semejante precisión quirúrgica por parte del defensor italiano. Roa alcanzó a tocar el balón, pero este igualmente decidió descansar en la red. 1-o para los italianos, que parecían más candidatos que nunca.

Pero este equipo, se sabía, no podía vivir tranquilo. Y el Mallorca, apenas cuatro minutos después, llegó a la igualdad. Luego de una recuperación en la mitad del terreno Miquel Soler logró darle un excelso pase entre líneas a Jovan Stankovic, quién apenas se la tuvo que ceder a Dani para que este convirtiera el empate. 1-1 y a barajar de nuevo.

Luego de ello se sucedieron algunos intentos más por parte de los equipos, teniendo ambos conjuntos una muy buena oportunidad para anotar: primero Vieri intentó sorprender a Roa con un zapatazo desde fuera del área, aunque el argentino reaccionó bien. Mejores reflejos, sin embargo, demostró tener Marchegiani, quién desvió todo un cañonazo de Lauren que tenía destino de gol.

Cuando el encuentro parecía destinado a la prórroga apareció uno de los jugadores más mágicos de finales de los 90´ y principios del 2000, Pavel Nedved, quién, de volea, logró ponerla fuera del alcance del portero del Mallorca. Los españoles intentaron por todos los medios llegar a la igualdad, pero la defensa italiana hizo bien su labor y el 2-1 no se movió en los siguientes minutos. El proyecto de Cragnotti, ahora si, comenzaba a ver sus frutos luego de tantos millones invertidos. ¡La Lazio era campeona de la Recopa!

 

 

El final del ciclo

Así como la Coppa Italia fue el impulso que las Águilas necesitaban para ganar internacionalmente, la Recopa fue el trofeo que le sirvió a la escuadra de Eriksson para darse cuenta de que también podían conquistar la Serie A, por aquel entonces la liga más dura a nivel global. Y lo consiguieron por sobre la Juventus, a la que rebasaron por apenas una unidad. Aquel conjunto seguiría mostrando su fortaleza y solidez, llegando hasta los cuartos de final de la Champions League (1999-2000) o hasta las semifinales de la nueva Copa de la UEFA (2002-2003), además de ganar una Supercopa Europea, dos de Italia y una Coppa más en el 2004.

El gran momento de los blancocelestes finalizó con un nuevo escándalo, esta vez el que involucró a Cragnotti y su empresa alimentaria Cirio. El golpe fue tan duro que el club casi queda en quiebra, siendo salvados por otro empresario, Claudio Lotito. Sin embargo, esto no los ayudó a la hora de mantener su sólida escuadra y, sin tanto dinero, la Lazio dejó de tener la potencia de antaño, ya que debió vender a los mejores de su plantilla para poder subsistir. Pero nadie podrá olvidar, jamás, a aquel último campeón de un trofeo inolvidable como lo fue la Recopa.

Tags: , , , ,
Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

Related Article

0 Comments

¿Qué te pareció la nota?

A %d blogueros les gusta esto: