domingo, 24 octubre, 2021
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Cuando Croacia logró clasificarse para la Copa Mundial de Francia 1998  mucha agua había pasado debajo del puente. La guerra en la región todavía no había concluido (de hecho, en 1999, la OTAN bombardearía Serbia con el objetivo de que estos y Kosovo alcanzaran la paz), aunque ya en las independientes tierras ajedrezadas comenzaba a respirarse un poco de tranquilidad luego de tanto horror.  

Varios de los jugadores que habían formado parte tanto de la camada campeona mundial Sub 20 de Chile 1987 como del Mundial de Italia 1990 no solo jugaban para otra selección (una fraccionada en varios pedazos), sino que ya no tenían la restricción para ser fichados por clubes extranjeros –o al menos no debían espera hasta los 28 años para eso-, algo que se vio en la conformación del plantel final por parte de Miroslav Blazevic, en donde 12 de los 22 jugadores estaban desparramados por Inglaterra, España, Italia, Alemania, Francia y Turquía. 

El equipo que llegaba a tierras galas para medirse en la fase de grupos ante Jamaica, Japón y la Argentina no era una novata del todo, ya que si bien aquel era su debut como un país independiente, ya habían demostrado con anterioridad su valía, primero al clasificarse de forma excelsa para la Eurocopa de Inglaterra 1996 al dejar en el segundo lugar a Italia (a la que incluso derrotaron en Palermo 1-2) y luego metiéndose en cuartos del torneo eliminando en el camino a Dinamarca y Turquía antes de caer con lo justo con la futura campeona, la Alemania unificada de Bierhoff, Klinsmann y Sammer. 

 

 

El camino hacia Francia 

Las eliminatorias rumbo al Mundial comenzaron unos meses después de finalizada la Euro. Croacia había caído en una zona complicada, pero no imposible. Dinamarca (que buscaba vengarse de la caída en el certamen europeo) y Grecia (que había ido al último Mundial) eran rivales experimentados, pero también les tocaría enfrentarse a los que, hasta poco tiempo atrás, eran sus vecinos: Eslovenia y Bosnia, por lo que habría un condimento de rivalidad extra, sobre todo con los segundos, ya que parte del territorio está poblado por serbios, algo clave en lo que fue la cruel guerra que sufrió el país entre 1992 y 1995. 

Croacia arrancó su andadura por las clasificatorias justamente ante la  Zmajevi  (los Dragones), aunque el encuentro se terminó disputando en el Renato Dall´Ara de Bologna. Allí, los ajedrezados no tuvieron problemas en cargarse a los bosnios con un 1-4 (Bilic, Vlaovic y Boksic x2) que dejaba en claro que la intención era la de meterse en Francia por todo lo alto. Sin embargo, tras esto vinieron tres empates, todos en casa.

En el Maksimir de Zagreb, Suker puso el 1-1 final ante Grecia. Y en Pojlud (la casa del Hajduk Split) dejaron pasar dos oportunidades claras de triunfo, primero con otra igualdad en un gol -nuevamente convertiría el flamante fichaje del Real Madrid- ante Dinamarca; y luego llegó un doloroso 3-3 (Prosinecki y Boban x2) ante una Eslovenia que caía 3-1 pero que remontó en un minuto (65 y 66) gracias a un Primoz Gliha en estado de gracia, autor de un hat-trick aquel 2 de abril de 1997. 

El invicto se mantuvo durante las siguientes dos jornadas, en donde hubo triunfos ante una Grecia que también se había prendido arriba en la clasificación (0-1, Suker) y Bosnia (3-2, BilicMaric y Boban, teniendo que remontar un 0-1 y un 1-2 en el proceso). Con estos resultados se llegó a la anteúltima jornada con tres equipos luchando por la única plaza: Dinamarca y Grecia poseían 13 puntos -aunque los helénicos no jugaron en aquella jornada- y Croacia 12, siendo los ex yugoslavos los que  o  debían ganar.  

Los de Blazevic no llegaban bien a aquel cotejo a disputarse en Copenhague, ya que venían de caer ante Japón y empatar con Turquía, además del ya mencionado duelo ante los bosnios en donde tuvieron que remontar el marcador en dos oportunidades. Aquel 10 de septiembre de 1997, en el Parken Stadium, los hermanos Laudrup acabaron con las esperanzas del nuevo país al despacharlos por 3-1 (Suker descontó cuando ya iban 3-0). Los croatas, un mes después, debían viajar hasta Ljubliana para medirse ante Eslovenia, aunque ya no dependían de ellos: Grecia se enfrentaba a Dinamarca como local y tenía muchas chances de ir directo a Francia, por lo que saldrían con todo en búsqueda del objetivo.  

Ese 11 de octubre fue de locos: mientras Grecia no podía derribar el muro danés, Croacia se hacía un festín en casa de sus vecinos: Suker, Soldo y Boksic marcaban un inalcanzable 0-3 que apenas sería descontado a los 72´ por Zahovic. Al final, los Vatreni (ardientes) obtenían el milagro que tanto necesitaban para meterse al repechaje europeo. 

Curiosamente, uno de los ocho clasificados para esta ronda de playoffs era la República Federal de Yugoslavia (que luego sería conocida como Serbia y Montenegro), por lo que pudimos haber tenido una de las eliminatorias más calientes de la historia de los repechajes –de hecho, los serbios eliminaron a sus vecinos dos años más tarde en las eliminatorias rumbo a la Euro 2000-, aunque por el ranking ambos quedaron encuadrados como cabezas de serie. Al final el rival fue otro país recientemente libre, la Ucrania de los jóvenes ShevchenkoRebrov. 

El 29 de octubre, en el Maksimir, el encuentro se resolvió con un 2-0 a favor de los locales (Bilic a los 11´ y Vlaovic a los 49´). No tenían la eliminatoria resuelta, pero era un gran paso pensando en la revancha en Kiev. Aunque mejor les había ido a los yugoslavos: despacharon a Hungría en Budapest con un 1-7 de escándalo (Mijatovic se anotó un hattrick). Ya no solo era una carrera para ir al Mundial: era una lucha por ver quién era el verdadero heredero del extinto país balcánico. El 15 de noviembre llegó el duelo de vuelta en el Olimpiysky. Allí arrancaron con todo los ex soviéticos, con un Sheva que puso el 1-0 a los 5´ e ilusionaba a todo un país con la remontada. Sin embargo, Boksic, a los 27´, marcó el 1-1 final. Toda Croacia salió a festejar, como lo habían hecho durante la Euro ´96, aunque el gozo era mayor.  Ahora tocaba disputar la primera Copa Mundial de la FIFA como una nación independiente. “No se ilusionen. Lo nuestro no es casualidad. Habrá Croacia para rato”  expresó Blazevic ante las críticas que decían que solo conseguía buenos resultados por tener una buena camada.

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El asalto al Mundial

El bosnio-croata Blazevic tenía una larga trayectoria tras de si cuando tomó las riendas del equipo en febrero de 1994. Había dirigido en Suiza, Yugoslavia, Francia y Grecia, por lo que tenía un basto conocimiento del fútbol europeo. Además, la mayoría de sus jugadores ya tenían experiencias previas al más alto nivel, por lo que, pese a ser debutantes en el magno evento, lo cierto es que se esperaba bastante de ellos. “La llaman la ´Brasil europea´, por su calidad colectiva y por las grandes individualidades de mitad de cancha hacia arriba” se podía leer en el Libro de Oro de los Mundiales de Clarín. Varios de los convocados a la cita en Francia jugaban en grandes equipos, como Zvonimir Boban (Milan), Mario Stanic (Parma), Goran Vlaovic (Valencia) o Davor Suker (Real Madrid). Pero, además, había nombres como los de Robert Prosinecki, Aljosa Asanovic, Slaven Bilic, Igor Stimac o Robert Jarni, por lo que había calidad para soñar, al menos, con los cuartos de final.

El debut fue un 14 de junio en el Felix Bollaert de Lens ante la exótica Jamaica. Cómodo triunfo por 3-1. Primero fue Stanic a los 27´ tras una jugada “de laboratorio”  gracias a un córner. Earle, de cabeza, sorprendió con el empate al final del primer tiempo. Pero en la segunda mitad aparecieron Prosinecki (53´) -tras otra jugada preparada- y Suker (69´) para un 3-1 final que perfilaba a los balcánicos como uno de los clasificados. El 20, en La Beaujoire de Nantes, obtuvieron el ansiado pase a octavos tras vencer a Japón por 1-0 gracias a Suker (77´), en un encuentro sumamente entretenido y de ida y vuelta.

El momento de definir la primera posición de la zona ante la Argentina de Passarella finalizó el grupo, y los Albicelestes pusiero en cancha en Burdeos a jugadores de la talla de Ayala, Zanetti, Verón, Gallardo, Ortega, el “Piojo” Lopez y Batistuta. La selección sudamericana logró llevar a los ajedrezados a su juego, quienes se resignaron tras un gran gol de Pineda a pase del “Burrito“. Con esto la Argentina fue líder de zona, aunque luego le tocó enfrentarse nada menos que a Inglaterra. Croacia, por su parte, tampoco lo tendría tan sencillo en la previa, ya que la Rumania de Hagi, Popescu, Ille y compañia ya había maravillado cuatro años atrás en Estados Unidos y ahora habían obtenido el pase tras vencer tanto a los Leones como a Colombia.

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La tensión sería la norma de ese partido. El 30 de junio ambos conjuntos, si bien sumamente talentosos, estuvieron llenos de dudas e impresiciones, ya que parecía que se jugaban mucho más que un pase a cuartos. Los croatas sabían que Yugoslavia se había quedado afuera ante los Países Bajos, por lo que con triunfar ya alcanzarían una mejor posición que sus rivales y además aún no habían podido dar lo mejor de si. Los rumanos, todos teñidos de un rubio brillante (por una apuesta que hicieron en la previa del torneo), conocían lo que era llegar lejos y vencer a rivales mayores, y querían repetir o incluso superar lo hecho cuatro años atrás.

El punto de quiebre llegó antes de que terminaran los primeros 45 minutos. Gabriel Popescu tomó de la camiseta a Asanovic y el árbitro argentino Javier Castrilli pitó la pena máxima, magistralmente convertida por el bombardero del Madrid. En la segunda parte los croatas supieron administrar la diferencia, aprovechando los nervios del rival y el bajo nivel de un Hagi que terminaría siendo sustituido.

El 4 de julio, en el Gerland de Lyon, ocurrió el momento cúlmine de esta generación. Ladic, Stimac, Simic, Bilic; Stanic, Soldo, Jarni; Boban, Asanovic; Vlaovic y Suker salieron a la cancha a medirse ante su verdugo de la Euro, la Alemania de Kopke, Matthaus, Klinsmann y Vogts. Este debía ser el último partido de los croatas en el torneo (o al menos eso se pensaba en la previa), pero la que cayó fue la tricampeona global. Tras una primera media hora bastante pareja -en donde incluso los germanos tuvieron algunas buenas oportunidades para ponerse en ventaja- la expulsión de Worns tras una absurda patada a Suker a los 40´ cambió el panorama. Siete minutos después, cuando ya se moría el primer tiempo, llegó un gran gol de Jarni para poner el 1-0. Era el primer clavo en el ataúd mundialista de Alemania, que no tendría milagro de resurrección. Los croatas empezaron a tocar, a mostrar su “jogo bonito” y a darse cuenta de que estaban viviendo el sueño de sus vidas y que podían disfrutarlo. Vlaovic con un bombazo desde afuera del área estableció el 2-0 (80´) y luego Suker, con una gran jugada individual, anotó el 3-0 final (85´). Era de no creer: Croacia, en su debut, estaba en semifinales. Y lo hacían a costa de uno de los favoritos.

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El 8 de julio, en el Stade de France de Saint-Denis, llegó el despertar. Francia, que había sufrido sobremanera para sacarse de encima a Paraguay e Italia, llegaba a las semis siendo la favorita, aunque sin menospreciar a un rival que podía vencer, en un buen día, a cualquiera. Los galos, tras arribar a la anteúltima instancia en 1958, 1982 y 1986, volvían a sentir la adrenalina de quién se ve tan cerca de la gloria, aunque ahora, como locales, tenían que aprender a cruzar el Rubicón. Croacia aguantó bien el pleito, anulando en un principio a los socios de Zidane y hasta anotando el primer tanto a los 25 segundos de iniciada la segunda parte gracias a un gran pase de Asanovic para Suker (quién sino). Pero luego Thuram se marcaría un doblete para la historia, dando vuelta el resultado y enviando a los Bleus a la gran final.

Los Vatreni, igualmente, tendrían su último partido, uno muy especial. Mucha gente reniega de los cotejos por el tercer y cuarto puesto, pero lo cierto es que son la oportunidad perfecta para no irse en perdedor de un torneo y, además, para selecciones como la croata representan también una final, por lo que se lo toman más enserio que los propios espectadores. El 11 de julio, en el Parque de los Príncipes de París y ante los Países Bajos de Bergkamp, Davids, Frank de Boer y compañia, Prosinecki y Suker marcaron los tantos que le dieron a los balcánicos un más que merecido lugar dentro del podio del Mundial. Jugaron aquel día con más ánimos que su rival y lograron demostrarlo en el marcador.

Davor Suker volvería al Real con el Botín de Oro bajo el brazo y siendo, curiosamente, el único de su país en lograr entrar en el equipo del torneo, aunque en el Libro Oficial se puede ver un “Partido Ideal”, en donde también entra Bilic, siendo Jarni uno de los suplentes. La década de los ´90 mostró a una Croacia que empezaba a ser una habitual tanto en los Mundiales como en las Eurocopas, aunque el nivel ya no sería el mismo, quedándose siempre afuera en la primera ronda del máximo certamen global hasta que los Modric, Rakitic, Mandzukic y compañia superaron a sus ídolos para meterse en la final de Rusia 2018, aunque nuevamente los franceses terminaran siendo los verdugos. Pero, desde 1998, hablar de Croacia es hablar del heredero del fútbol yugoslavo, es mencionar a grandes jugadores y un estilo que, si bien se ha ido transformado, siempre ha resultado ser un dolor de cabeza para sus rivales y hasta un deleite para propios y ajenos.

Fuentes

  • Libro de Oro de los Mundiales de Clarín
  • Libro Oficial de Francia 1998 de la FIFA
  • Web de la FIFA
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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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