sábado, 24 octubre, 2020
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Calama es la capital de la provincia de El Loa (la cual pertenece, a su vez, a la región de Antofagasta), siendo una de las ciudades norteñas de Chile. Enclavada en el desierto de Atacama, es considerada como la cuna del cobre, ya que allí se pueden encontrar los yacimientos más grandes del país, algo que convierte a la ciudad en una de las que posee mayor PBI per cápita del país debido a que la minería es un trabajo de alto riesgo.

La región necesitaba de un divertimento, algo que uniera a las masas más allá de la recolección del mineral, y es por ello que el balón comenzó a rodar bajo el intenso sol de la región, aprovechando la poca resistencia del viento al encontrarse a una altura media de 2400 metros sobre el nivel del mar. Pero se necesitaba algo más. En 1933 había comenzado el profesionalismo en Santiago y, desde entonces, distintas regiones se irían sumando con el tiempo a este torneo, aunque en El Loa no había ninguna representación. En 1959 la Selección de Calama ganaría el Torneo Nacional de Fútbol Amateur y, desde entonces, muchas fueron las veces en las que la provincia intentó postular a un equipo para que participara en el fútbol profesional, siendo rechazados siempre bajo la excusa –vaga- de la distancia que existente entre la capital chilena y la provincia.

La Corporación Nacional del Cobre de Chile (CODELCO) era la que más pujaba para poder contar con una institución profesional, apoyándose en el sentir de todo un pueblo que buscaba competir contra los poderosos porteños. Aquí fue donde aparecerían los dos nombres clave de esta historia: los ingenieros José Gorrini y Nicolás Tschischow, quienes se convirtieron en los líderes de esta demanda. Su grito de “¡ahora o nunca!” se convertiría en toda una seña de identidad.

Tanto los calameños como la gente de Chuquicamata (lugar donde estaba la mina a cielo abierto más grande del mundo) se unieron para conseguir dicho objetivo y, finalmente, este llegaría un 7 de enero de 1977, creándose el Club de Deportes Cobreloa, el cuál usaría el color anaranjado en su camiseta como homenaje a la “Naranja Mecánica” de Cruyff. Querían ser un club moderno y así lo supieron plasmar.

Andrés Prieto, ex hombre de la Selección chilena (llegó a disputar el Mundial de 1950) y con una vasta trayectoria en los banquillos, sería el encargado de tomar las riendas del conjunto minero. El Cobreloa finalizaría en el cuarto lugar de la Segunda División en aquel 1977, lo que les daría una chance más de ascenso al tener que disputar una liguilla de cuatro conjuntos (el tercero y cuarto de Segunda ante el 15° y 16° de Primera, con los dos mejores equipos salvándose o ascendiendo tras tres partidos). Los Naranjas terminarían por detrás del Santiago Morning –y por delante del histórico Santiago Wanderers, finalmente descendido-, lo que les permitiría subir al Campeonato Nacional pocos días antes de cumplir su primer año de vida. Algo sumamente impresionante, pero mínimo comparado con lo que vivirían en la siguiente década.

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Los 80´, la década minera

La primera campaña del Cobreloa en Primera fue excepcional, luchando el título palmo a palmo con el sorprendente Palestino, que a la sazón se terminaría consagrando campeón, en un certamen en el que ninguno de los tres grandes (Colo Colo, Universidad Católica y Universidad de Chile) terminaría entre los cinco mejores. Lamentablemente, y pese al enorme torneo realizado, la oportunidad de jugar la primera Copa Libertadores de su historia se apagaría debido a la floja Liguilla Pre-Libertadores disputada, en donde acabaría en el último lugar. Tanto esfuerzo había pasado factura para un equipo novato. El año siguiente sería igual: los Zorros del Desierto lucharían nuevamente por el título, pero esta vez el conjunto colocolino de Carlos Cazsely sería muy superior, ganando el torneo con 10 puntos de diferencia. Nadie lo sabía aún, pero había comenzado una enconada rivalidad entre ambos conjuntos. Tan grande fue que desde ese año hasta 1993 solo estas dos escuadras ganarían los certámenes chilenos, a excepción de dos títulos conseguidos por la Católica.

En 1980 llegaría al banquillo de los Zorros el argentino –nacionalizado chileno- Vicente Cantatore y, bajo su mano, el Cobreloa por fin pudo gritar campeón. La “U” y el Colo Colo buscarían con ahínco aquel torneo, pero nada pudieron hacer ante una escuadra que hizo del Estadio Municipal de Calama una fortaleza de magnitudes bíblicas, al punto tal de que se mantuvieron invictos allí durante cinco largos años (un total de 91 partidos), lo que se convertiría en la mejor racha de la historia del fútbol en América. Los Oscar Wirth, Enzo Escobar, Héctor Puebla y Victor Merello, entre tantos otros, se convertirían en leyendas.

La siguiente temporada volverían a finalizar en el segundo lugar (a solo dos unidades del Colo Colo), pero en realidad los focos estuvieron puestos en su primera participación en la Copa Libertadores. El sistema, por aquel entonces, era muy distinto al que conocemos en la actualidad. Solo participaban dos equipos por cada país, los cuales eran divididos en cinco grupos de cuatro conjuntos (siempre haciendo participar a solo dos naciones por zona para que los gastos en viajes no fueran tan grandes), de los cuales solo pasaba el primero a las liguillas semifinales, los cuales eran divididos en dos grupos de tres –el campeón anterior se clasificaba directamente para esta instancia- y los ganadores iban a la final.

Cobreloa comenzó su andadura empatando como visitante ante la Universidad de Chile y en Perú igualaría sus dos partidos (ante el Atlético Torino y el Sporting Cristal), pero en Calama aprovecharon su excelso nivel y la altura para vencer a sus coterráneos e infringir dos sendos 6-1 a los clubes peruanos para pasar a las semifinales. Allí, los rivales serían dos pesos pesados: Nacional y Peñarol, siendo que el primero, incluso, era el vigente campeón continental y mundial. Pero esto no amedrentó para nada a los calameños, que lograron derrotar en el Centenario a los Bolsos para convertirse en el primer club chileno en ganar en Uruguay. La hazaña, sin embargo, no acabaría allí, ya que también vencerían a los carboneros a los pocos días, para luego derrotar como local a Peñarol y empatar con Nacional para meterse, de manera sorpresiva, en la final.

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Óscar Wirth, Hugo Tabilo, Carlos Rojas, Mario Soto (capitán), Enzo Escobar, Eduardo Jiménez, Víctor Merello, Armando Alarcón, Óscar Muñoz, Jorge Luis Siviero y Héctor Puebla serían los escogidos por Cantatore para disputar el título continental ante el poderoso Flamengo de Zico. Este mismo anotaría dos tantos en el Maracaná, haciendo estéril el descuento de Merello, por lo que todo se jugaría en la revancha. El Cobreloa, sin embargo, volvería a hacerse enorme como local (aunque esta vez jugando en el Nacional de Santiago), consiguiendo ganar gracias a Merello. Todo se resolvería en un desempate en el Centenario. En un duelo mucho más duro (hubo cinco expulsados) nuevamente un titánico Zico sería el hombre del partido, anotando los dos tantos del partido para que sea el Fla el campeón.

 

 

1982 resultaría ser, quizás, el mejor año de la historia de los Zorros del Desierto. Mientras los norteños luchaban por un nuevo campeonato ante el Colo Colo, en la Copa Libertadores comenzarían a avanzar nuevamente hasta arribar a una nueva final. Pero, para llegar hasta allí, tuvieron que eliminar, entre otros equipos, a los propios albos. Estos llegaban con un punto de ventaja a la última jornada y les bastaba con empatar para pasar a las semifinales, pero en Calama otra vez el Cobreloa se creció, derrotó a su enconado rival por 2-0. En la anteúltima instancia nuevamente tuvieron que depender de la épica, ya que el Olimpia de Paraguay viajaba a Chile sabiendo que solo necesitaba rescatar un punto. Pero el uruguayo Siviero, tras una buena jugada de Rubio, lograría decirle que no al Decano y que si a los suyos. Cobreloa, otra vez, iba a la final.

El rival sería Peñarol, un conjunto que contaba en sus filas con Fernando Morena. La ida, en el mítico Centenario, terminaría en tablas (0-0), por lo que todo hacía suponer que el equipo de la CODELCO lograría ser el primer club chileno en consagrarse campeón de esta competición. El encuentro se disputó en un Nacional de Santiago (otra vez al equipo caleño se lo alejaba de casa porque su estadio no llegaba a las 30 mil localidades que pedía la CONMEBOL para disputar este encuentro) repleto, en donde más de 70 mil personas vibraban con la hazaña de su equipo. Otra vez el empate parecía ser la norma y todo hacía indicar que habría un tercer partido, en Buenos Aires, pero los uruguayos contragolpearon en la última del partido y Morena venció a Wirth para darle el título a Peñarol. El viaje a casa sería sumamente tortuoso para los mineros. Tan cerca y tan lejos nuevamente. ¿Hubiera sucedido lo mismo de haber podido jugar en casa?. Al final no todo sería tristeza, ya que, en enero, lograrían quedarse con su segundo campeonato de Primera, superando a Colo Colo una vez más. Aquel sería un gran año para Siviero, autor de 18 tantos.

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Cantatore se mantendría en el cargo hasta 1985, tomando su relevo un ex Mundialista como Jorge Toro (1962), quién había sido sugerido por el propio argentino. El equipo, igualmente, no había perdido un ápice de potencia en los torneos anteriores (subcampeón en 1983 y cuarto en 1984), por lo que sorprendía la marcha del histórico entrenador. Sin embargo, Toro logró acallar las dudas prontamente , conformando un equipo enteramente de nacionales. Aquel campeonato, luchado palmo a palmo con el Everton y los albos, mostró a un pletórico Eduardo Fournier bajo palos, quién estuvo nada menos que 1012 minutos sin recibir un tanto, una marca nacional. Ese mismo año el Cobresal, con un 2-3, cortaría aquella mítica racha como local. Pero poco importó: los Zorros seguirían ganando (incluso goleando, como un 8-1 al Magallanes) y darían la vuelta en la última fecha ante el Arica como visitantes.

Hubo dos terceros puestos en los años siguientes. El técnico era el ex goleador Siviero, quién, tras algunas fechas (había agarrado el mando tras la partida de Toro en 1986), decidiría renunciar, aunque, tal cuál había hecho Cantatore, buscaría a su propio reemplazante. Este sería su ayudante técnico, Miguel Hermosilla, quién continuaría la línea estética del club. Este decidiría traer al campeón mundial de 1986, Marcelo Trobbiani, el cuál resultaría ser un fichaje de lujo. Camilo Pino, José Ortega y Claudio Tello serían otros de los nombres clave de un conjunto que acabaría el Nacional tres puntos por encima de aquel club que había roto el invicto en Calama. Aquella maravillosa década finalizaría con un tercer lugar, detrás de un Colo Colo que llegaba a cuatro títulos en la década, los mismos que aquella maravillosa Naranja Mecánica de Calama.

 

 

El final de una era

El Cobreloa seguiría sumando títulos a su palmarés, aunque esta vez de forma un poco más esporádica. Se quedarían con la gloria en 1992 y luego con los dos torneos del 2003 (derrotando en ambas finales a los albos, quienes estuvieron entre 1979 y 2002 sin poder vencer como visitantes a los mineros) y con el Clausura 2004. CODELCO había dejado de inyectar tanto dinero en el equipo y por ello los fichajes dejarían de tener tanto renombre, pero lo que terminaría de liquidar al equipo sería el convertirse en una Sociedad Anónima Deportiva en el 2006.

En la década del 2010 comenzaría a verse lo peor. Los norteños ya no lucharían por los títulos, sino por evadir el descenso (algo que nunca había acontecido desde su llegada a la máxima división), algo que finalmente terminaría por ocurrir en el 2015. Desde entonces, el Cobreloa lucha por volver al sitio al cuál pertenece, siendo que el máximo campeón del fútbol chileno, solo superados por los tres gigantes. Los mineros sueñan con volver a aquellos días de gloria, en donde fueron verdaderamente gigantes y muy pocos podían mirarlos a la cara. El sol volverá a salir, algún día, en el desierto de Atacama.

 

Fuentes: web del Cobreloa, Guioteca, El Mercurio

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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