miércoles, 23 septiembre, 2020
Banner Top

De nacimiento en Checoslovaquia a ciudadanía norteamericana. De madre número dos de su país a mejor tenista del mundo por años. De militar checo a dueño de Spectrum Sports. De Taryn Smith y Pamela Bordes a Samantha Frankel. De Fibak a Tony Roche. De “gallina” a magnífico. De eterno segundo a indiscutible primero.

El protagonista de todos estos cambios es Iván Lendl, gran campeón y dominador del tenis de los ochenta. A pesar de lo mencionado, en su interior el gran Iván nunca cambió, siempre fue el mismo. Mantuvo siempre sus costumbres espartanas y reflejó en la cancha su forma de pensar, amar y vivir fuera de ella.

Iván Lendl nació un 7 de marzo de 1960 en Ostrava (actual República Checa) y 18 años después empezó a dar que hablar con sus títulos en los Roland Garros y Wimbledon para alcanzar el primer puesto entre los Juniors. “Desde chico no soportaba perder y hoy me cuesta dejarle ganar a algo a mi hija mayor“, sostuvo en 1994 en una visita a Buenos Aires.

Su madre, que llegó a ser campeona de tenis en su país, lo ataba a la red cuando era bebé para que no se perdiera mientras jugaba con su padre. Según cuenta Iván, su madre nunca le dio un beso. Aún así, fue su primera entrenadora y quien a los dos años le puso una raqueta en sus manos. A medida que fue creciendo llegó a hacerlo entrenar hasta ocho horas diarias.

En 1978, el sueco Borg lo señala como su sucesor. Al mismo tiempo que otras grandes figuras de la época, como Jimmy Connors o Mc Enroe, criticaban su mal inglés y su nerviosismo que lo llevaba a derrotas impensadas. Fue Connors quien lo apodó como gallina en relación a esto.

Mi gran rival fue John Mc Enroe –sostuvo Lendl-, precisamente porque éramos muy distintos. Para él ser el N° 1 era una posesión, mientras que para mí era un premio. John tenía una gran facilidad y yo debía trabajar muy duro para lograr las cosas que él hacía por instinto. Lo único que hubiera deseado es haber comenzado a trabajar físicamente cuando era niño y no de adolescente. Ahí sí habría sido mucho mejor jugador“.

También puedes leer:   Una ex número 1 para reconducir a Pouille

 

 

Con más de 140 finales disputadas y 94 títulos individuales en su haber –incluida la Copa Davis 1980 ante Italia- Lendl llegó a estar en el puesto número 1 del mundo durante 270 semanas, coexistiendo con jugadores como Boris Becker, Mc Enroe, Pat Cash, Mats Wilander, Borg y Connors, entre otros. “Para llegar a ser el mejor del mundo tengo que llevar una vida ordenada. Si yo fuera a discotecas, saliera con actrices y me dedicara a otras diversiones perdería en las primeras ruedas. En cambio estoy siempre en las finales, y eso es porque prefiero pasear y entrenar a mis pastores alemanes, coleccionar posters, leer sobre la Segunda Guerra Mundial y escuchar rock por la radio. ¡Soy un tipo normal!”, decía por aquel tiempo quien había perdido cinco de sus seis primeras finales de Grand Slam. Cayó tres veces consecutivas en la definición del Abierto de Estados Unidos (Connors en 1982 y 1983) y Mc Enroe (1984), también en Roland Garros (Borg, 1981) y luego en el Abierto de Australia (Wilander, 1983) hasta ganar su primer gran torneo venciendo a Mc Enroe en la final de Roland Garros 1984.

Al año siguiente de su primer Grand Slam, Lendl se convirtió en el primer tenista en sobrepasar los nueve millones de dólares en ganancias. Algo paradójico que dentro de un tenis cada vez más profesionalizado –con dólares por doquier y en el marco de un mundo capitalista- fuera un tenista del Este socialista el primero en lograrlo. Alcanzó tal hito tras vencer en la final de Stratton Mountain a Boris Becker. Desde que ingresó al circuito, el año 1982 (con poco más de dos millones de dólares) fue el de mayor recaudación.

Para Marcos Zugasti, del equipo digital de ATP en español, “Lendl fue el primer súper gran jugador que hubo en el tenis mundial. Fue un jugador que trabajaba cada aspecto del juego sin dejar nada librado al azar. Fue de los primeros que se preocupó tanto por aspectos técnicos como por cosas externas al juego”.

También puedes leer:   El inolvidable 1995 de “Musterminator”

 

 

Desde su primer gran título y hasta 1990 se vio el mejor Iván Lendl, que pasó de ser el eterno segundo al número 1 indiscutido. Volvió a ganar Roland Garros en 1986 y 1987, tres veces en fila el US Open (1985, 1986 y 1987) y dos veces el Abierto de Australia (en 1989 y 1990). Le quedó la espina clavada de no poder coronarse en el césped de Wimbledon y se vio privado de entrar en el grupo de selectos que pudieron ganar los cuatro grandes torneos del tenis. En Wimbledon perdió las finales de 1986 y 1987 (ante Becker y Cash, respectivamente) y llegó en cinco ocasiones más a semifinales pero será por siempre el pendiente de Lendl.

“Fue el principal protagonista de las finales de los ochenta y principios de los noventa –agrega Zugasti-, época en la que había no menos de diez o quince jugadores que eran candidatos a poder ganar cada torneo que se jugaba. Fue quien marcó el camino a los tenistas, que hoy son verdaderos atletas que estudian de forma conceptual, analizando y estudiando el juego de cada rival para sacar el mayor rédito posible”.

El 11 de octubre de 1993, Iván Lendl ganó su último título: en Tokio ante el estadounidense Todd Martin. Al año siguiente puso fin a su exitosa carrera y se dedicó al golf.

En 2012, volvió a la escena principal como entrenador de Andy Murray, al que ayudó a superar una situación similar de sus inicios –cuatro primeras finales de Grand Slam perdidas- para quedarse con el Abierto de Estados Unidos de ese año y Wimbledon al año siguiente. También fue entrenador del alemán Alexander Zverev.

En 2018 se conoció que el checo –afincado en Estados Unidos-, colaboraba con la USTA (Federación de Tenis Estadounidense) en la búsqueda por encontrar y pulir a los nuevos talentos del tenis norteamericano.

No cabe duda que Iván Lendl fue uno de los mejores tenistas de la historia. Ni siquiera haber perdido 11 de 19 de finales de Grand Slam le impiden estar no muy lejos del tridente que en los últimos años conformaron Federer, Nadal y Djokovic. Un jugador muy respetado en el ambiente de la raqueta que marcó una época.

También puedes leer:   Dominic Thiem: el líder del Next Gen llegó para quedarse

 

Fuentes: El Gráfico (Argentina), PuntoBreak, Actualidad Deportiva

Tags: , ,
Francisco
Suipachero de nacimiento y amante del fútbol africano. Casi una década de periodismo con pasado en Diario Clarín y El Gráfico. Colaborador en Revista Don Julio y El Enganche. Apostando por un nuevo periodismo en The Line Breaker.

Related Article

1 Comment

Avatar
Anónimo 25/06/2020 at 20:49

¡Excelente nota Pancho! ¡Gracias!

Leave a Comment

The BreakerLetter

¡Ya salió la The Lines 13!

Consíguela haciendo clic aquí

Wing, el espíritu del fútbol

Mis Marcadores

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Archivo