lunes, 3 mayo, 2021
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El año pasado, y pese a la pandemia, el mundo del tenis tuvo su gran golpe en forma de Dominic Thiem, quien logró quedarse con el US Open, cortando de esta forma con una racha de 14 triunfos consecutivos del Big Three en Grand Slams (Federer, Nadal y Djokovic), tomando de esta forma el relevo del suizo Stan Wawrinka el que había sido el último samurai en pie en el 2016, curiosamente, también en suelo norteamericano. Desde que Roger se quedara con su primer Grand Slam en el 2003 (Wimbledon) el circuito de la ATP ha vivido bajo el yugo de tres de las mejores raquetas de todos los tiempos.

Siempre lo normal fue que algún jugador dominara el certamen disputado bajo su superficie favorita, pero lo cierto es que ellos tres -y en menor medida Murray y Wawrinka- se convirtieron en acaparadores compulsivos de torneos grandes. Pero hubo una época en la que la paridad todavía se mantenía y allí fue donde tuvo la posibilidad de brillar el héroe de esta historia.

Marat Mubinovich Safin nació en Moscú un 27 de enero de 1980. Sus padres, Mikhail y Rauza, son tártaros, por lo que el pequeño no solo fue creciendo y desarrollando durante el final de la Unión Soviética aprendiendo la historia de aquel moribundo país, sino también aprendiendo las costumbres y el lenguaje de sus antepasados. Pero aquello no fue todo, ya que una pequeña esfera de color amarillo con vivos blancos se cruzaría en su vida para no marcharse jamás. Y es que su progenitor manejaba el club de tenis Spartak, lugar donde dio sus primeros pasos en el deporte junto a otras grandes tenistas como lo serían Anna Kournikova, Elena Dementieva y Anastasia Mystina. A los 14 años armó su maleta para marcharse hacia la otra punta de Europa, recalando en Valencia para completar su entrenamiento, donde sumó músculos a su cuerpo de 1,93 m.

El joven ruso se mostró desde entonces como uno de los grandes talentos a seguir, ya que poseía una calidad asombrosa, además de un saque cada vez más demoledor (en su mejor momento llegó a alcanzar la bestial velocidad de 230 km/h). Sin embargo, un problema lo acompañaría durante toda su trayectoria: era una personaje al mejor estilo McEnroe, con rabietas y broncas continuadas, algo que sintieron tanto sus adversarios como sus pobres raquetas. Con ese combo completo, el genio medio loco empezó a dar sus primeros pasos, llegando al top 50 a sus 18 años y logrando su primer Grand Slam (US Open) apenas dos años más tarde, cuando dejó en el camino por la copa a jugadores como Grosjean, Ferrero y Sampras, llegando incluso a ser el mejor jugador del mundo apenas unos meses después, el 15 de noviembre, manteniéndose allí por nueve semanas.

“Para mí fue muy extraño en mi experiencia llegar al No. 1 y ser el No. 1. No estaba preparado para eso porque no podía imaginar unos meses antes que tendría la oportunidad de convertirme en el No. 1 en el mundo. Estaba en el Top 50, cayendo, jugando muy mal (…). Me subestimé… no creía en mí mismo y me veía más débil que los demás, lo cual es increíble. Ahora puedo entender mejor el tenis” le dijo tiempo después al sitio de la ATP.

Kafelnikov, Agassi, el propio Sampras, Kuerten, Moyá, Ferrero, Hewitt, Santoro, la insipiente Legión Argentina. Marat tuvo que medirse ante todos y cada uno de estos grandes gladiadores de la época previa al Big Three y logró salir muchas veces airoso. El público siempre tuvo la posibilidad de disfrutar cada vez que lo veía de su juego sumamente pulido para un atleta de su altura. Con su colosal cuerpo podía cubrir mejor los espacios libres, algo que dificultaba las jugadas de sus oponentes. Y cuando encontraba un hueco libre no dudaba: realizaba golpes limpios, fuertes y quirúrgicos, imposibles de agarrar.

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En los años posteriores a su título, Marat, a pesar de no poder volver al número uno del ranking, si que se mantendría siempre a la expectativa, siendo uno de los mejores del ranking, llegando a dos finales de torneos grandes (Australian Open 2002 y 2004) e incluso ganando la Copa Davis en el 2002, venciendo a Francia en la final por 3-2, aportando dos triunfos clave en el single. Pero al ruso todavía le faltaba dar un golpe más, y lo dio un año después de caer ante Federer en tierras australianas. En Oceanía comenzaba una de las últimas grandes aventuras del moscovita.

 

Y al fin, el segundo

El Abierto de Australia ya parecía una obsesión para el hombre de hielo. Si, había sido semifinalista en Estados Unidos (2001) y Francia (2002), pero nada se comparaba con lo que estaba viviendo en la casa de los koalas. Tras unos primeros años en donde no le había ido muy bien -lo máximo había sido en el 2001, donde llegó hasta la cuarta ronda-, lo cierto es que en el 2002 ganó a jugadores como Youznhy, Sampras y Haas antes de sucumbir ante el sueco Thomas Johansson por 3-6, 6-4, 6-4 y 7-6 (7-4) en una gran final. Su segundo intento de ganar el primer Grand Slam de la temporada llegaría en el 2004. Esta vez no bastó con vencer a Blake, Roddick o Agassi, ya que en el último partido sería Federer quién lo enviaría a casa con la plata al derrotarlo por 7-6 (7-3), 6-4 y 6-2.

El 2005 se presentó como una nueva posibilidad. Arrancó el certamen como el cuarto preclasificado, por detrás del suizo, Roddick y Hewitt. Curiosamente, en la primera ronda se enfrentó a uno de los mejores jugadores de la siguiente década, el serbio Novak Djokovic. Este había clasificado desde la qualy, aunque su nivel todavía no era el que le íbamos a ver unos años más tarde. Fue por ello que no le costó mucho trabajo al ruso atravesar esta primera instancia: 6-0, 6-2 y 6-1. El siguiente desafío tampoco significó problema alguno. El checo Bohdan Ulihrach hacía tiempo había pasado su mejor nivel (22° en 1997) y aquello se notó, con un 6-4, 6-1 y 6-3 que le permitió a Safin seguir con su camino.

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Ya en tercera instancia el croata Mario Ancic, que estaba viviendo sus mejores años, ofrecería una mayor resistencia, llevándolo por primera vez hasta un cuarto set. Tras un 6-4 y 3-6 nadie podía prever que podía llegar a suceder, pero el de Moscú logró levantarse y ganar las dos siguientes mangas (6-3 y 6-4) para llegar a la cuarta ronda, donde debería sudar sangre para sacarse de encima la correoso belga Olivier Rochus. Safin cayó en el primer set por 4-6 y luego ganaría los tres siguientes, pero todos ellos en el tie break. Tras estas primeras rondas ahora solo quedaban los ocho mejores, entre ellos los primeros cuatro preclasificados. Cualquier error podía dejarte afuera y eso todos los sabían. Ya no había partidos accesibles…excepto para Safín, que superó al eslovaco Dominik Hrbaty por 6-2, 6-4 y 6-2 para meterse en semis.

En semifinales Safín tendría la oportunidad de cobrarse su tan esperada revancha ante un Federer que hasta ese momento no había cedido ni un solo set, ni siquiera contra Agassi. Es por ello que el ruso llegaba con las apuestas en su contra, más después de perder por 7-5 en la primera manga. Se recuperó en el segundo set, ganando por 6-4, pero cedió el tercero nuevamente por 7-5. En el cuarto, el helvético logró tener un match point con un 6-5 a su favor, pero Safin se salvó y llevó la contienda a un quinto y decisivo set. Era uno de los mejores partidos del torneo. Nadie se quería levantar de sus asientos, estaban observando una Master Class de tenis.

José Morón, en el sitio Punto de Break, describe como fue el último set: “Aquí, más de lo mismo. El nivel no bajaba ni ante un Federer visiblemente cansado y pidiendo el fisio. El de Basilea tuvo que salvar bolas de partido con 3-5, 4-5 y 6-7 pero con 7-8 abajo, Safin logró convertir la séptima que tuvo y cerraba el partido a su favor después de más de cuatro horas de lucha por un marcador de 5-7, 6-4, 5-7, 7-6 (6) y 9-7. Sin duda, uno de los mejores partidos de la historia”. Safin volvía a su tercera final en cuatro años y debía medirse nada menos que ante un local, Hewitt, que en otro gran partido se sacó de encima a Roddick.

Desde 1976 que un local no lograba ganar el certamen en su tierra (Mark Edmonsson fue el último) y desde 1988 tampoco llegaba un australiano al último partido (Pat Cash), por lo que todo el mundo estaba volcado con el suyo. Era un choque entre jugadores fabulosos e iracundos, genios que podían sacar conejos de su galera o también sierras eléctricas. 16.000 personas se agolparon en el court central para ver este choque de maestros.

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Safin, pese a su experiencia, comenzó nervioso en el primer set. No era el golpeador de siempre y eso lo aprovechó Lleyton para ganar con un sorpresivo 6-1. Parecía que la aventura llegaría a su final prontamente, que el Australian Open no estaba hecho para él. Pero sus fuerzas volverían pronto. No, no quería volver a caer allí. El 6-3 comenzaba a callar algunas voces de personas que ya estaban seguras de que saldrían a festejar. En el tercer set el australiano se pondría 4-1, pero inexplicablemente su nivel comenzó a decaer desde allí, ya que Safín ganó cinco games de forma consecutiva para llevarse aquel parcial por 6-4.

El ruso mantuvo su nivel, golpeando a su decaído rival con sus aces (18 en total) y sus poderosos derechazos hacia las líneas. Con otro 6-4 llegaría el final de la maldición y Marat, por fin, podía levantar al cielo aquel hermoso trofeo, ese que había estado tan cerca de levantar en dos oportunidades previas. Fueron 2 horas y 45 minutos de puro tenis, con sus subes y bajas, con ambos teniendo su momento de brillar, aunque al final solo uno terminaría siendo el mejor.

Al final de su trayectoria Safin sumaba 15 títulos en singles (2 Grand Slams y 5 Masters 1000 entre otros), dos en dobles y dos Copas Davis (en el 2006 sería clave nuevamente, derrotando al argentino José Acassuso en el quinto duelo de la serie). Las malditas lesiones, sin embargo, lo irían relegando.

“Tenía muchísimas molestias en mi rodilla lo que me impedía poder correr en la cancha. La operación tenía mucho riesgo así que decidí dejarlo todo por mi bien. No me arrepiento de nada de lo que hice. También es cierto que en mis últimos años la fatiga que arrastraba era notable, después de muchos años viajando por todo el mundo para disputar muchos partidos. La fatiga puede combatirse, pero las lesiones no. Lo supe en 2006, cuando regresé después de romperme la rodilla. Ahí me di cuenta de que estaba en la etapa final de mi carrera y que simplemente estaba alargando la agonía, ya que no sentía lo mismo que antes” recordaría ante ESPN.

Trabajaría luego del retiro para la Federación Rusa de Tenis y para el Comité Olímpico de su patria, además de lograr llegar al Parlamento. Sin dudas, una carrera igual de movida que cuando tuvo que hablar a través de su raqueta.

 

 

Fuentes:

  • Punto de Break
  • ATP Tour
  • ESPN

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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