miércoles, 18 septiembre, 2019
Banner Top

Cuando la nacida en Inglaterra Jillian Anne Ellis (Portsmouth, 6 de septiembre de 1966) decidió aceptar la propuesta de la USWNT para comandar a la selección estadounidense ésta venía recuperando el terreno perdido luego de una dura década del 2000. De la mano de la sueca Pia Sundhage,el equipo de las bandas y las estrellas había logrado retornar a una final de una Copa Mundial de la FIFA (perdiendo de manera ajustada ante Japón) y se habían quedado, además, con el oro olímpico en Londres 2012 (cobrándose venganza de las Nadeshiko). Pero para los estándares que maneja el fútbol femenino norteamericano todo esto terminaba sabiendo a poco: cualquier cosa que no fuese alcanzar el Mundial sonaba a profunda decepción.

Es por ello que el puesto siempre fue un fierro caliente. Si bien para cualquiera es un sueño ser llamado a liderar las filas estadounidenses, también saben que deben pensárselo dos veces antes de tomar una decisión, ya que, de aceptar, sobre ellos caería desde el primer momento una pesada espada que se posaría sobre sus cabezas dispuesta a decapitarlos al primer error.

Pero para Ellis la elección terminó siendo sencilla, ya que ella había dado todos los pasos previos sin saltarse ninguno: fue asistente y entrenadora principal en distintas universidades norteamericanas desde 1988 hasta el 2010, además de haber dirigido a las selecciones estadounidenses Sub-20 y Sub-21, para luego ser asistente de la mayor y hasta interina, cargo que ocupó primero en el 2012 -luego de la partida de la sueca- y en el 2014, tras la destitución de Tom Sermanni. Fue por ello que cuando le ofrecieron ser la head coach del mejor equipo del mundo no lo pensó dos veces: estaba lista.

“Conozco las expectativas” le diría a la prensa en su presentación como entrenadora principal. Ella sabía que habría gente que la amaría y que la odiaría por partes iguales, pero para Ellis esto debía ser lo normal: era parte de la igualdad de condiciones que pedía, no quería que se la tratase distinto o con mayor condescendencia solo por ser mujer.

Rápidamente, Ellis puso manos a la obra y, tomando la base dejada por Sundhage, se animó a luchar por el premio mayor: la Copa Mundial, esa caprichosa copa que ya llevaba 16 largos años sin posarse en las vitrinas estadounidenses. Los pasos dados en la vecina Canadá terminarían depositando al equipo de Jill en la final del torneo por segundo certamen consecutivo. Enfrente esperaba nuevamente Japón, ese némesis que parecía ser el único capaz de plantarse sin miedo ante la gran favorita. Se esperaba una final fascinante, llena de goles y emociones, pero todo se acabó demasiado pronto: Carli Lloyd anotaría un hattrick en apenas 16 minutos de juego y la historia se acabaría tan rápido que apenas les dio tiempo a los espectadores a sentarse. Hope Solo, Ali Krieger, Julie Johnston, Becky Sauerbrunn, Meghan Klingenberg, Tobin Heath, Lauren Holiday, Morgan Brian, Megan Rapinoe, Alex Morgan y la propia Lloyd (más las ingresantes Kelley O´Hara, Abby Wambach y Christie Rampone) serían las escogidas por Ellis en aquel histórico 5-2 ante las asiáticas.

Por supuesto, el título obtenido no aplacó las críticas que parte de la prensa y el público le proferían a Jill, ya que se decía que el objetivo se había alcanzado más por las suerte de contar con uno de los mejores equipos de todos los tiempos que por su mano como entrenadora. Por supuesto, los comentarios hirientes volverían con más fuerza un año más tarde, tras la sorpresiva derrota ante la Suecia de Sundhage por los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Río, lo que le significó a la selección de los Estados Unidos quedarse afuera de las semifinales de un gran torneo por primera vez en su historia. Como expresaría Gemma Clark en su libro (Soccerwomen: the Icons, Rebels, Stars, and Trailblazers who transformed the beautiful game):

Aunque los EEUU perdieron en la tanda de penales ante Suecia en los JJOO del 2016, el consenso fue que la verdadera derrota se produjo en el juego abierto, en la falta de Jill de un plan de juego claro y en la excesiva dependencia de los balones largos. Pero este análisis no tuvo en cuenta otros factores: Suecia estacionó el autobús en su área, lo que significa que (Pia Sundhage) puso a todas sus jugadoras detrás del balón para defender. Estados Unidos tuvo veintiséis tiros contra tres de Suecia y tuvo casi el 70% de la posesión. Aún así los expertos le echaron la culpa: el equipo de Jill había sido demasiado frenético en el ataque, no lo suficientemente “medido”. Además, se había arriesgado al traer a Megan Rapinoe, que aún no estaba en forma después de un largo período fuera, solo para sustituirla en el tiempo extra”.

Pero, pese a todo, ella se mantuvo firme en sus decisiones. En su interior sabía que no había ganado el Mundial solo por coincidir con una gran plantilla, sino que ella fue clave para recuperar ese espíritu competitivo de antaño, ajustar las tuercas necesarias en ataque y, además, saber manejar bien los egos bastante elevados de aquel plantel.

Tener tres años para planificar el torneo de Francia le sirvió para terminar de encontrarle la vuelta al equipo, volviéndolo aún más poderoso. Dejó el tradicional 4-4-2 para pasar a un potente 4-3-3, convirtiendo a Tobin Heath en la puntera derecha del seleccionado, a la vez que posicionaba a Rapinoe a la izquierda y dejaba a Morgan en el centro del ataque. El otro gran acierto fue poner a Julie Ertz como número cinco (mediocampista central), cuyo trabajo terminaría siendo decisivo en tierras galas, sobre todo cuando la dupla defensiva Sauerbrunn-Dahlkemper fallaba. Por si fuera poco, encontró en una joven Rose Lavelle y en Crystal Dunn una garantía de buen juego y velocidad por la banda izquierda.

Con estos ajustes y con el tiempo a su favor terminaría de demostrar que lo suyo no había sido casualidad, sino causalidad. Así, llevaría a su grupo de guerreras a conseguir el back-to-back, algo que solo había alcanzado entre las mujeres Alemania (2003-2007), pero en su caso consiguiéndolo con un logro extra: se convirtió en la primera mujer en conseguir una doble corona mundial, lauro que hasta ese momento solo tenía el italiano Vittorio Pozzo (1934-1938).

Si bien su contrato finalizaba este año, tenía la posibilidad de ampliarlo hasta Tokio 2020, aunque sorpresivamente decidió decir que no para poder tomarse un más que merecido descanso una vez finalizado el Tour de la Victoria (en octubre juega los últimos partidos, ante Corea del Sur).

Ellis se convertirá en una embajadora de la US Soccer, aunque seguramente la veamos pronto en los banquillos, ya que la entrenadora con mayor cantidad de juegos dirigidos en una selección (y con más partidos ganados) volverá a tener hambre de victoria. Ojalá la veamos nuevamente dentro de cuatro años, quizás para frenar a su propia creación.

 

Tags: , , , , , ,
Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

Related Article

0 Comments

¿Qué te pareció la nota?

A %d blogueros les gusta esto: