lunes, 25 octubre, 2021
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Ramón Ángel Díaz (La Rioja, 1959) es, sin ninguna duda, uno de los máximos ídolos de River Plate. Su nombre es sinónimo de éxito, su imagen es omnipresente y su recuerdo ocupa un lugar privilegiado en el corazón del hincha millonario. El ”Pelado”, como todos lo conocemos, marcó una época y rápidamente se instaló en el Olimpo de los dioses riverplatenses; junto a Pedernera, Bernabé, Labruna, Alonso y Amadeo. Se podría decir que la inquebrantable historia de amor entre el equipo de Núñez y aquel astuto, hábil y extraordinario goleador nació la tarde del 13 de agosto de 1978 cuando debutó en Primera. Sin embargo, no fue allí, ni en las divisiones menores, fue mucho tiempo atrás, incluso antes de nacer.

¿Cómo así? Ramón Bartolo Díaz, padre de nuestro personaje en 90 de los 90, fue un ferviente fanático de River Plate. Por tal motivo, no dudó ni un segundo y decidió que su hijo llevara el nombre de ”Ángel”, en honor a Labruna (símbolo y referente de la institución, tanto como jugador y como entrenador).

Habitualmente, los banquillos argentinos suelen ser los más calientes e inestables del continente: perder un clásico, cosechar una serie de malos resultados, discrepar con la dirigencia o la poca experiencia en el cargo son motivos suficientes para que te muestren la puerta de salida y tener una ”muerte” prematura. Ramón Díaz, consciente de ello, no se amilanó e inició su aventura en el banco millonario. Dando un salto gigante en su carrera, como Charly García desde el noveno piso de un hotel mendocino. 

En 1995, Ramón le puso punto final a su travesía -como jugador- en el Yokohama Marinos de Japón y reemplazó a Carlos Babington en el banco de River. Su debut se produjo el 26 de julio nada más y nada menos que ante el vigente campeón del mundo: el Vélez Sarsfield de Carlos Bianchi, en un partido correspondiente a los cuartos de final de ida de la Copa Libertadores. El juego se disputó en el estadio Monumental ante más de 60 mil espectadores y fue dirigido por Javier Castrilli. Flavio Zandoná (12´) puso en ventaja a los de Liniers, mientras que Gabriel Amato anotó el empate en la agonía del encuentro. Aquella noche, el riojano dispuso del siguiente once: Javier Sodero; Hernán Díaz, Celso Ayala, Ernesto Corti, Ricardo Altamirano; Matías Almeyda, Leonardo Astrada, Sergio Berti; Marcelo Gallardo; Ariel Ortega y Hernán Crespo.

Una semana más tarde, River igualó sin goles en su visita al estadio José Amalfitani y selló su clasificación a las semifinales gracias a los disparos desde el punto de penal (5-3). Empero, luego se produjo la primera decepción para el riojano en su nueva etapa como DT; sus dirigidos no pudieron alcanzar la final y cayeron ante Atlético Nacional de Medellín (Colombia) por la misma vía (7-8). En el Torneo Apertura, el equipo de Ramón debutó con una victoria (2-1) sobre San Lorenzo. Lastimosamente, perdieron el rumbo y terminaron el certamen ubicado en la séptima casilla con 29 unidades: siete triunfos, ocho empates y cuatro derrotas. En ese lapso de partidos, la suerte le fue esquiva ante los otros grandes: Independiente de Avellaneda (0-0), Racing Club (1-1) y Boca Juniors (0-0).  

Luego de once meses en el cargo, Ramón Díaz por fin pudo saborear el éxito y consiguió la tan ansiada Copa Libertadores (segunda en la historia del club). River inició su camino en el Grupo 5 junto a San Lorenzo, Minervén y Caracas de Venezuela. En total, sumaron cuatro victorias y dos empates. Ya en octavos, cosecharon su primera derrota tras caer (1-2) en su visita a Lima ante Sporting Cristal. En el duelo de vuelta, el estratega consiguió una de las victorias más contundentes de su carrera después de apabullar (5-2) a los peruanos con una gran actuación de Hernán Crespo, quien se disfrazó de Enzo Francescoli y marcó un extraordinario tanto de chalaca (o chilena).

En cuartos de final, River se cruzó con un viejo conocido: San Lorenzo. El primer match se llevó a cabo en el Nuevo Gasómetro y terminó con victoria para los visitantes tras las anotaciones de Crespo y Ortega. ”River es más que San Lorenzo. Y esto va más allá del 2-1 que el equipo del Pelado le aplicó en el mentón al equipo del Bambino para tumbarlo en el primer round de la definición argentina de la Copa”, apuntó Daniel Arcucci para la revista El Gráfico. En el juego de vuelta, Crespo volvió a hacerse presente en el marcador y abrió la cuenta a los 55′. Sin embargo, el Ciclón no bajó los brazos y logró el empate por intermedio del mundialista Oscar Ruggeri (82). Los minutos finales se jugaron con mucha intensidad y se llenaron de dramatismo hasta que el pitazo final selló la clasificación del equipo de Ramón. 

Ya instalados entre los cuatro mejores del continente, a River le tocó medir fuerzas con la Universidad de Chile de Marcelo Salas. La banda se hizo fuerte en Santiago y consiguió un valioso empate (2-2) con dianas de Enzo Francescoli y Juan Pablo Sorín. El partido de vuelta se jugó una semana más tarde tal y como se había previsto: con muchos nervios y cargado de emociones. Matías Almeyda destrabó el marcador y consiguió el único tanto de la noche, el que significó el boleto a la gran final. Así, Ramón Díaz quedaba a un paso de escribir su nombre en las páginas doradas del club. ¿Su último escollo? El América de Cali, un viejo conocido de la fanaticada riverplatense.

El 19 de junio de 1996, América de Cali recibió a River en el estadio Olímpico Pascual Guerrero por la primera final de la Copa Libertadores de América. Los colombianos se terminaron quedando con el primer round gracias a un solitario tanto de Antony de Ávila. Germán Burgos se erigió como una de las figuras del encuentro tras desviar un disparo desde los doce pasos de James Cardona. Una vez finalizado el juego, Ramón Díaz elogió la propuesta de sus dirigidos en una entrevista a El Gráfico. ”River dio la imagen de un equipo que está para campeón. Controlamos el trámite del partido, no nos crearon demasiadas situaciones de gol y nosotros llegamos dos o tres veces. Incluso Crespo convirtió un gol, que toda la prensa colombiana dio como válido. Pero todo eso es producto de jugar afuera del país”. Más adelante, confesó su deseo de ganar la Copa. ”Yo quiero ganar la Copa Libertadores, nada más”

La noche del 26 de junio, el estadio Monumental lució un marco espectacular, digno de una final y como nunca antes visto en el fútbol argentino. Los hinchas de River coparon todas las graderías y le brindaron un recibimiento de ensueño al equipo de Ramón. Francescoli lideró la salida desde el túnel y también fue el encargado de levantar el trofeo luego de la victoria (2-0) sobre el cuadro cafetero. Hernán Crespo, nacido en las inferiores del club, se convirtió en el héroe de la jornada tras marcar por duplicado. ”El pibe del destino, el enviado de Dios para tantos corazones millonarios al borde del soponcio, cumplió con su sagrado deber de goleador. La empujo de cabeza y se rajó la tierra. No era para menos. Este River, como tantos otros que fueron y vendrán, ya está en la historia”, sentenció El Gráfico. 

Luego de poner a su equipo en la cima del fútbol sudamericano. Díaz se encaminó rumbo a su primer título liguero y el segundo de su cuenta personal. River sumó un total de 46 puntos en el Apertura 96´ y gritó campeón el 18 de diciembre tras una goleada (3-0) sobre Vélez con goles de Marcelo Salas (2) y Roberto Monserrat. Justamente, el chileno fue una de las caras nuevas -tras la obtención de la Copa Libertadores- junto a Eduardo Berizzo, Monserrat, Leonel Gancedo, Sergio Berti y Julio Cruz. En total, el equipo del riojano cosechó 15 triunfos, un empate y tres caídas. Una de ellas, ante Boca (2-3). River tuvo la oportunidad de cerrar el año de la mejor manera, pero no pudo ante la Juventus en Japón y terminó cayendo por la minina diferencia en la final de la Copa Intercontinental.

Así llegamos hasta 1997, año del tricampeonato y de la Supercopa Sudamericana. La temporada perfecta y soñada para Ramón Díaz. El Clausura arrancó con una victoria sobre Gimnasia Esgrima y La Plata con anotaciones de Julio Cruz y Enzo Francescoli, quien lideró al equipo y se convirtió en el jugador más determinante (máximo goleador del torneo con 12 tantos). Uno de los partidos más recordados de aquella campaña fue ante Boca en el Monumental. River apeló a su historia y remontó un 0-3 en contra: Sergio Berti logró el descuento en la agonía del primer tiempo, Luis Villalba acortó las distancias sobre los 76′, mientras que Celso Ayala anotó el 3-3 de un testarazo y desató la locura en Núñez. Finalmente, el 9 de agosto, River doblegó a Vélez y alcanzó el bicampeonato. 

Días después, la banda emprendió su camino rumbo a una nueva consagración. Esta vez, el uruguayo Francescoli estuvo acompañado por Salas y Gallardo, con quienes formó un temible tridente ofensivo. River arrancó el torneo con un cómodo triunfo (3-1) sobre Lanús. En la séptima fecha derrotaron (3-2) a Racing con tantos de Cardetti (2) y Eduardo Berizzo. Sin embargo, en la décima jornada recibieron un duro golpe y cayeron en condición de local ante el rival de toda la vida. Más adelante, vencieron a San Lorenzo por la mínima y golearon (3-0) a Independiente de Avellaneda con doblete del Muñeco y un tanto del Matador. Precisamente, Salas anotó en el empate a uno frente a Argentinos Juniors la tarde del Tricampeonato (cuarto en la historia del club).

Aquella histórica consagración se produjo el 21 de diciembre en cancha de Vélez. Cuatro días antes, el equipo de Ramón Díaz conquistó su segundo título internacional y acrecentó su historia en el banquillo millonario. River inició la Supercopa Sudamericana compartiendo grupo junto a Racing Club, Vasco da Gama y Santos de Brasil.  Luego de cinco victorias y una derrota, River se clasificó a las semifinales y el riojano se encontró con un viejo verdugo: Atlético Nacional de Medellín. En el partido de ida, Salas marcó por duplicado y selló el triunfo (2-0) del cuadro bonaerense. En el juego de vuelta, River cayó 1-2, pero el gol de Marcelo Gallardo sirvió para obtener el pase a la final. Allí se vio las caras con el poderoso Sao Paulo.

La primera final se jugó en el estadio Morumbí y terminó con el marcador en cero. Sergio Berti vio la tarjeta roja y se perdió el encuentro de vuelta. Como era de esperarse, el estadio Monumental lució un lleno total el 17 de diciembre de 1997. Marcelo Salas se plantó como la gran figura de la noche tras anotar un doblete en la victoria (2-1) sobre el tricolor. Más adelante, Ramón Díaz reconoció que fue el campeonato que más disfrutó. ”No voy a decirles que fue la noche más feliz de mi vida, pero sí estoy seguro de que nunca voy a olvidar el miércoles 17 de diciembre de 1997. Sin dudas, la Supercopa fue el campeonato que más disfrutamos los jugadores y el cuerpo técnico desde que asumí como director técnico de River”, El Gráfico (27 de abril de 2020).

1998 no fue el mejor año para el pueblo Millonario. Vélez y Boca se quedaron con los campeonatos locales y Vasco da Gama los dejó fuera de la Copa Libertadores. En 1999, el eterno rival se quedó con el Clausura y quedó a puertas del tricampeonato. Sin embargo, al frente tenían a Ramón Díaz y a los endiablados Javier Saviola, Pablo Aimar y Juan Pablo Ángel. River arrancó el certamen con un categórico triunfo sobre Instituto (4-1), mientras que en la undécima fecha recibieron a Boca en el Monumental. Aquella tarde, Aimar y Ángel le dieron su primer triunfo –como DT- a Ramón Díaz sobre el cuadro azul y oro luego de varios intentos. La última jornada se disputó el 19 de diciembre y River (43) llegó como puntero del campeonato, seguido por Boca (40) y Rosario Central (40). 

Al equipo del riojano les bastó un empate a dos en el Nuevo Gasómetro para volver a gritar campeón y sumar una nueva estrella. Atrás quedó el cuadro canalla con 43 puntos y Boca con 41. Ramón, un hombre pintoresco y acostumbrado a calentar los partidos, ironizó con los resultados de la última fecha y ser burló de Boca tras el empate con Talleres. ”¿Tercero salieron? Jaja”… Y como no recordar sus palabras previo al choque ante Deportivo Cali por el Grupo 2 de la Copa Libertadores: “Todos los argentinos nos van a apoyar contra el Deportivo Cali”. Rápidamente le consultaron si ”¿Los de Boca también?”. Tras ello, el entrenador no dudó y sentenció: “Dije los argentinos, je”. Mauricio Macri, ex presidente de Boca y ex presidente de la Nación, también fue víctima de las burlas del DT. En 1997, tras la obtención de la Supercopa Sudamericana confesó: “Macri debe estar en un baúl”.

Con la llegada del nuevo milenio, Díaz vivió una de sus peores jornadas en el banquillo de River Plate. Sus pupilos no pudieron ante un Boca plagado de juveniles y el riojano tuvo que dejar su cargo. “Presento la dimisión indeclinable a mi cargo, porque mis ideas y convicciones no concuerdan con las de la comisión directiva del club”, sentenció. Sin embargo, la historia de Ramón Díaz no terminó allí, el riojano regresó a River Plate en 2001 y conquistó el Clausura 2002. Una década después, el ”Pelado” volvió al Monumental, tomó las riendas del club y ganó el Torneo Final 2014. En su primer periodo, RD dirigió un total de 250 partidos. Consiguiendo un total de 126 triunfos, 66 empates y 58 derrotas. Además, conquistó seis títulos: Copa Libertadores 1996, Recopa Sudamericana 1997, Apertura 96, 97 y 99 y Clausura 97.

Fuente: El Gráfico

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