sábado, 1 mayo, 2021
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 Por Matías L. Sartori.

No apta para cardíacos. Así puede denominarse los dos duelos entre el PSG y el Bayern Múnich por los cuartos de final de la Liga de Campeones. Un doble enfrentamiento que tuvo todos los componentes necesarios: goles, oportunidades, presión, dominio, contragolpes y cambios de ritmo. Solamente careció del ambiente propicio que te ofrece el público en las gradas. No obstante, las emociones volvieron a estar a flor de piel. 

Y aunque los partidos se preparan en los entrenamientos y en el vestuario, la suerte de los resultados corre a cuenta de los goles. Pero, además del dibujo que cada técnico plasma de la pizarra al césped, hay otro componente que trasciende de la propia esencia futbolística: la gestión de emociones

La Champions genera eso, es verdad. Desde la previa, el calentamiento, los viajes, el himno hasta las transiciones y el desarrollo del partido, el cuerpo y la mente se someten a circunstancias como la presión, la tensión, la euforia, la adrenalina, el estrés y un carrusel de emociones particulares propias de dicha competencia que afectan -y mucho- a cualquier deportista de élite. En ese sentido, Pochettino se ha convertido en un maestro en la gestión de emociones para encarrilar un partido (o una eliminatoria) de esta índole.

Mauricio es un gestor de proyectos. En el PSG ha potenciado a sus jugadores no solamente en el aspecto físico, sino también en el mental. En ese trabajo radica saber conducir y administrar las emociones antes y durante de cada compromiso que requiera la mayor exigencia. Tras el 2-3 conseguido en la ida en Múnich, supo apelar a la reciente experiencia del 1-4 logrado en el Camp Nou en los octavos de final, para corregir los matices relacionados a la confianza que surgen en el seno del vestuario encarando así el segundo desafío con la concentración óptima.

 

 

Gestionar estas emociones requiere trabajo, pero también experiencia en situaciones críticas o tensas. Y aunque Mauricio es una persona pasional, ha desarrollado una frialdad casi ajedrecística tallada a base de vivencias del pasado. Desde la presión que supone pelear por la permanencia con el Espanyol y el Southampton hasta la euforia de luchar por puestos europeos con ambos equipos. 

Aguantar el ritmo frenético de rivales como en el Manchester City, Liverpool o el Leicester en su lucha por la Premier, semana a semana, es otra prueba de la exigencia que experimentó con el Tottenham en cada una de sus temporadas. Posiblemente, los episodios que más se aproximan a lo que vivimos en la eliminatoria contra el Bayern fueron las que apreciamos en la Champions League 2019 ante el Manchester City (cuartos) y frente al Ajax (semifinales). 

Ante los de Guardiola lograron un triunfo por la mínima en Londres (Agüero falló un penal) y en el Etihad Stadium lograron la clasificación agónica (4-3) con aquel recordado gol de Fernando Llorente y después de que el árbitro anulara el gol de Sterling en el 93’.  Máxima emoción de principio a fin.

Llegamos a Amsterdam con una excitación enorme, pero a la vez con una cierta sensación de haber perdido el primer partido. Teníamos que hacer una gesta importante para pasar a la final que tanto soñábamos. Creo que todas las sensaciones que fuimos teniendo en la previa demostraron que el fútbol no es lógica. Después de perder en Londres, vimos el partido de vuelta del Liverpool-Barcelona y nos hizo ver que, creyendo, teniendo confianza y compitiendo de la mejor manera, podríamos torcer las cosas a nuestro favor. Y así fue”, revelaba. 

Frente al flamante Ajax, cayeron en casa por la mínima y los de Pochettino tuvieron que remontar en Amsterdam un 2-0 tras una mágica segunda parte con un hat-trick de Lucas Moura -el último gol marcado en el 96’-. Euforia mayúscula. 

Pero no todas las sensaciones son positivas. Queda recordar la final continental perdida ante el Liverpool donde, según el propio Mauricio, tuvo su mayor desafío emocional. “Perder una final de Champions te baja a lo más profundo de absolutamente todo. El postpartido fue durísimo. Fue difícil de asimilar, como toda derrota. Había sido un año de esfuerzo y de trabajo enorme. Lógicamente, tienes esa sensación de ingratitud de quedarte un año vacío. Es normal que después del partido te invada ese sentimiento que es tan difícil de llevar”, reflexionaba entonces. 

Pochettino y su staff se convirtieron en un equipo técnico experto en gestionar este tipo de situaciones gracias a la variada experiencia que adquirieron durante mucho tiempo antes de arribar a París. Anoche, en el Parque de los Príncipes, fuimos testigos de un nuevo capítulo de ‘Poche’, la Champions y sus vaivenes emocionales.

Fuentes: Atreverse es hacerlo, de Matías Sartori.

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