lunes, 10 junio, 2019
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Antes de la fundación de la Bundesliga, el fútbol en Alemania tenía una estructura de clubes atrasada con respecto a otros países. No se jugaba una liga como lo hacían otras naciones europeas. Por aquellos años previos a la década de los 60’s, la típica mentalidad germana con respecto a este deporte era aún un poco amateur y estaba organizada en campeonatos regionales. El equipo campeón era aquel que resultaba victorioso de unas eliminatorias jugadas entre los campeones de los diferentes estados. Pero vayamos por partes.

Fundada en 1949, la Oberliga quedó conformada por 14 equipos, con un formato de competencia que hacía que los clubes se enfrentaran tres veces: de local, de visita y en un territorio neutral. Los equipos más característicos y tradicionales eran el Dynamo Dresden, Dynamo Berlin, Lokomotiv Leipzig, Carl Zeiss Jena y Magdeburg.

Tras la caída del Tercer Reich y terminada la 2da Guerra Mundial, el territorio alemán quedó dividido entre las potencias ganadoras, por lo que quedó repartida entre la República Federal de Alemania o Alemania Occidental y la República Democrática de Alemania o Alemania Oriental. Las tensiones de la Guerra Fría llegaron a tal punto que en 1961 se comenzó la edificación del Muro de Berlín.

Mientras el Muro se iba haciendo más grande y alto, el fútbol alemán buscaba tener una liga más profesional y competitiva. Tomando nota de lo que hacían otros países europeos —y a pesar de la tensa situación política— en 1962 se fundó la Bundesliga en Alemania Occidental. Invitaron a 16 equipos que tenían méritos para participar en aquella Primera División. Curiosamente, el Bayern Múnich y el Borussia Dortmund fueron relegados a Segunda porque no eran aún lo que son hoy en día.

Como ocurrió a nivel de selecciones nacionales, el balompié en el lado Occidental se fue convirtiendo en toda una potencia. Sus equipos competían con otros gigantes del continente europeo. Hannover incluso saboreó la gloria de la Copa de Campeones. Borussia Dortmund, Borussia Mönchengladbach, Eintracht Frankfurt y Bayer Leverkusen también levantaron alguna copa europea.

En Alemania Oriental el deporte era un cuestión de estado y cada triunfo deportivo era una victoria ideológica. Los equipos de la Oberliga contaban con recursos y una buena organización. Sin embargo, y a pesar de haber buscado impulsar a sus clubes, sólo el Magdeburg triunfó a nivel continental. Ganaron una Recopa en 1974. Sin importar el esfuerzo que hicieran para tener mayor trascendencia fuera de sus fronteras, siempre estuvieron a la sombra de su contra parte occidental. En gran medida, se debía a que el control gubernamental llegó a tal grado que marginaba a cualquier futbolista si existía el más mínimo atisbo de disparidad ideológica. Eso debilitaba a los equipos y provocaba la fuga de talento.

8 de noviembre de 1989. La Oberliga había programado una fecha entre semana. En medio de un clima cada vez más enrarecido, con las primeras grietas abiertas en la Cortina de Hierro, con 60 mil personas que se habían manifestado en Leipzig y con el rechazo en las calles de Berlín a los festejos oficiales por los 40 años de la RDA, el fútbol no se detuvo. Pero se veía que esa décima fecha no iba a ser una jornada más.

La atracción máxima de la jornada se planteaba en Dresden, donde el puntero Dynamo Dresden, con Matthias Sammer y Ulf Kirsten a la cabeza esperaba al escolta, el Magdeburg de Uwe Rösler.

Un día después, Günter Schabowski, miembro del Politbüro, anunció en directo por televisión la nueva normativa que permitía los permisos de viaje hacia Berlín Occidental, “desde ya, inmediatamente”. En medio de la confusión, miles de orientales comenzaron el cruce pacífico. Los guardias ya no tenían orden de disparar a matar.

Leipzig, 9 de noviembre de 1989. Una veintena de jóvenes se apiñaban ante el televisor de la Escuela de Deporte de la RDA. Primero inquietados, luego asombrados y finalmente eufóricos, esa noche celebraban un acontecimiento histórico que sorprendió al mundo. El Muro de Berlín, la pared que eclipsaba el horizonte de 16 millones de ciudadanos germano-orientales y que desgarraba Europa, estaba desmoronándose. El planeta sostiene la respiración mientras CNN retransmite en directo el final de la Guerra Fría. Alemanes de un lado y otro lloran de alegría y se abrazan tras 40 años de división.

Aquellos jóvenes congregados ante el televisor en Leipzig eran los futbolistas de la selección de la RDA y tenían un motivo más que el resto del país para celebrar. Sí, la dictadura daba sus últimas bocanadas, la democracia se acercaba, la reunificación era posible… pero, para ellos, la caída del Muro suponía esencialmente la desaparición del insalvable obstáculo que separaba sus carreras de la tentadora y jugosa llamada de la Bundesliga.

Hasta entonces, era impensable que jugadores del ‘Estado de los trabajadores y campesinos’ (como se definía constitucionalmente la República Democrática Alemana) aceptara la oferta del ‘enemigo occidental’. Al igual que ocurría con el resto de la población de Alemania del Este, el Muro cercenaba las posibilidades vitales y profesionales en el fútbol, los condenaba a vegetar en la gris y mencionada Oberliga, una competición con equipos de pueblo y rimbombantes nombres que solía ganar el Dynamo de Berlín. No en vano, se trataba del club de la ‘Stasi’, la temida policía política y el Ejército. No hace falta tener mucha imaginación para intuir el lugar que la imparcialidad arbitral ocupaba en tales circunstancias.

 

 

Jugando para la ‘Stasi’

Erich Mielke, un anciano funcionario comunista, era el jefe de la ‘Stasi’ y, lamentablemente, también aficionado al fútbol. Combinó ambas características al ejercer como presidente del Dynamo durante casi 40 años. La crueldad que exhibía en su puesto de trabajo como cabecilla de una institución que espiaba a uno de cada tres habitantes de la RDA le acompañaba luego al estadio: obligaba a los mejores jugadores del país a fichar por su equipo y se encargaba de infiltrar en cada club a algún agente de la ‘Stasi’. Su misión: evitar que algunos futbolistas aprovecharan las competencias internacionales para huir del ‘paraíso socialista’.

Celoso de la pasión desatada en otras ciudades como Dresden, Rostock y Leipzig, en 1975 Mielke había decidido “apadrinar” al equipo que había creado años atrás. El mecenazgo incluyó expropiación de jugadores de otros equipos, flagrantes ayudas arbitrales y otras perlas propias de un régimen atroz donde nadie perdía tiempo en las sutilezas ni en el disimulo, mucho menos Mielke y su red de espías.

El mismo Mielke también manejaba a los árbitros y decidía cuáles eran los que viajaban al exterior a dirigir partidos de Copas Europeas, premio que cualquiera soñaba tener. No hace falta ser muy inteligente para descifrar el resto. El Dynamo, que hasta entonces nunca había ganado un título, arrasó en las siguientes diez temporadas pero se transformó en el equipo más odiado del país.

 

 

La promesa perdida

El prometedor Lutz Eigendorf fichó por el Dynamo con sólo 14 años. Enfundado con la camiseta granate iría madurando un centrocampista defensivo portentoso con llegada a puerta, pero también un joven con una aversión creciente hacia el sistema comunista. Tras debutar en la selección y consolidarse en su club, devino en una especie de Beckenbauer del Este. Muy a su pesar, se convirtió en la joya de la corona de Mielke. Esa sería su perdición.

Eigendorf no fue ni el primero ni el último en huir al Oeste. Pero al viejo funcionario ninguna defección le dolió tanto. En 1979 aprovechó un partido amistoso en Kaiserlautern para quitarse de una vez la camiseta del Dynamo y pedir asilo. La RDA protestó y UEFA sancionó por una temporada al disidente mediocampista, pero para Mielke no era suficiente.

Fueron 61 partidos en Bundesliga, con Kaiserslautern y Eintracht Braunschweig, los que disputaría el talentoso Lutz. Una noche, cuatro años después de su huida, Eigendorf se estrelló con su Alfa Romeo. Encontraron alcohol en su sangre, aunque todos sostienen que él no tomaba. Un documental hecho después de la caída del Muro revela que en los archivos secretos de la Stasi se deja constancia de que había 50 agentes secretos asignados a Eigendorf.

 

 

Cruzando la frontera

Sólo un lustro después, los compañeros de Lutz contemplarían el derrumbe del Muro. Y, acto seguido, experimentaron su conversión al profesionalismo capitalista sin tener que jugarse la vida. Una tras otra, las principales figuras de aquella selección cruzaron la frontera al Oeste: Ulf Kirsten, Thomas Doll, Matthias Sammer o Andreas Thom cambiaron la esclerotizada Oberliga por una Bundesliga que, a principios de los 90’s, brillaba a nivel mundial.

A cambio, los equipos orientales comenzaron a fichar ‘medianías’ de la RFA a precio de oro. Casi tres décadas después de estos hechos hay que escarbar en las categorías más bajas del fútbol alemán para toparse con alguna de las escuadras (Dynamo Dresden, Magdeburg, Lokomotiv Leipzig, Dynamo Berlín) que marcaron el balompié de la RDA.

 

 

“La caída del Muro ocurrió demasiado pronto…”

En la noche del 9 de noviembre de 1989 la Bundesliga aún estaba muy lejos de la Escuela del Deporte de Leipzig. La selección se concentraba allí para preparar un decisivo partido ante Austria: un empate en Viena y la RDA participaría por segunda vez en un Mundial en su historia. “Tras aquella noche, los jugadores no tenían la cabeza donde debía estar”, se lamentaba Eduard Geyer.

Como seleccionador nacional, Geyer estuvo a punto de conducir al combinado oriental hacia Italia 1990, tan sólo cuatro meses antes de la reunificación alemana. “Hubiera supuesto un broche de oro para nuestro fútbol, pero no pudo ser”. Toni Polster, delantero del Sevilla en ese entonces, deshizo con un triplete las aspiraciones de un grupo que ya se encontraba en plena desbandada mental.

“La caída del Muro ocurrió demasiado pronto, mejor si hubiera ocurrido tras el partido”, ironiza. Puede sonar ingeniosa la broma pero, en boca de Geyer, adquiere ribetes macabros: en 1989 llevaba 18 años espiando futbolistas para la ‘Stasi’ bajo el nombre de agente ‘Jahn’.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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