lunes, 26 agosto, 2019
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Los partidos de vuelta de las semis de Europa League prometían emoción. La Champions nos había dejado extasiados, con duelos definidos por la emoción y en donde los ingleses mostraron los resultados de años de trabajo, esfuerzo reflejado también a nivel selección. La exhibición de la pareja gunner Lacazzette-Aubameyang en Mestalla y el maratónico duelo entre Eintracht y Chelsea que Eden Hazard, puntal del ataque blue, se encargó de definir desde el punto del penal. En definitiva un bonito torneo y que siempre nos deja historias interesantes.

Mientras en tierras valencianas celebraban el pase a la final, los dirigidos por el español Unai Emery, (experto en fases definitorias de esta competición), una historia comenzaba a esparcirse. Una especie de deja vú con respecto a lo que había ocurrido en suelo azerí hace unos siete meses.

El relato nos ubica en la víspera de un partido fase de grupos de Europa League, en el que Arsenal visitaba al Qarabag, en octubre de 2018. Fue allí donde saltó la noticia. Henrikh Mkhitaryan, mediocampista armenio del club inglés, decidió no viajar con el resto del equipo debido a la situación que existe entre su país y Azerbaiyán, tierra del Qarabag. La UEFA, en su momento, garantizaba que el jugador podría participar con un permiso especial, a pesar de que la expedición del visado para que Mkhitaryan pudiera viajar a Azerbaiyán supondría un gran problema.

La Guerra del Alto Karabaj, una disputa territorial entre ambas naciones y que duró seis años, puso fin definitivamente a las relaciones entre ambas antiguas repúblicas soviéticas. Y es que, desde el inicio del conflicto, ningún ciudadano armenio ha podido pisar territorio azerbaiyano y viceversa. Por tanto, a las razones de seguridad se unen motivos diplomáticos.

No era la primera vez que el conflicto afectaba a Henrikh. En el 2015, formando parte del Borussia Dortmund, tampoco pudo viajar a ese país para un partido ante Qabala. Había mucha confusión entre numerosos fanáticos del deporte rey, que no entendían el hecho de que el fútbol no pudiera unir pueblos. Lo que pasa es que este caso es sumamente especial.

El conflicto territorial por Nagorno-Karabaj entre la Armenia y el Azerbaiyán independientes se agravó en 1918, con la Independencia del Imperio Otomano por parte de los armenios. Algunos años después, Stalin declaró este territorio -de mayoría armenia- región autónoma dentro de la misma Azerbaiyán.

En 1988 comienza un movimiento tanto en la capital armenia, Yereván, como entre los karabajíes armenios por la unificación. Los karabajíes armenios declararon la independencia en un referéndum de acuerdo a la ley soviética de 1990. Al año siguiente se produció el intento de golpe contra Gorbachov y la violencia finalmente se desata. La negativa de Moscú y de Bakú desencadenaría un conflicto armado que finalizó con aproximadamente 20.000 muertos y 800.000 refugiados.

Los armenios creen que el mundo no prestó suficiente atención a Nagorno-Karabaj porque estaba pendiente de las guerras que asolaban Yugoslavia y los consecuentes conflictos que estallaron con la caída de la Unión Soviética. Para muestra esta el hecho de que en los años de enfrentamiento entre armenios y azeríes también se desarrollaron los de la guerra civil de Tayikistán, los de la secesión de Transnistria de Moldavia y el inicio de la primera guerra de Chechenia. De algún modo, Nagorno-Karabaj fue su detonante de todo aquello.

El alto al fuego llegó en 1994 entre ambos contendientes, aunque con idas y venidas. La guerra, de hecho, continúa. No pasa un día en que unos y otros se acusen de violar el alto el fuego en la línea de contacto. Desde la finalización del conflicto bélico no se expiden visados de paso. De hecho, lo podemos confirmar leyendo las recomendaciones de extranjería de Azerbaiyán: “Los ciudadanos de la República de Armenia, así como sus descendientes, sean del país que sean, tienen prohibida la entrada a Azerbaiyán. Incluso si cualquier extranjero aporta un pasaporte con visita a la región del Alto Karabag, tiene prohibida la entrada”.

Ya nombramos al FK Qarabag, quién también tiene una participación especial en todo este conflicto. Los Atlılar («Caballeros de Karabaj») fueron fundados en la localidad de Agdam, aunque allí no jueguen desde el estallido de la guerra.

Agdam, una ciudad azerí de poco más de 50.000 habitantes y a seis kilómetros de la frontera oficial de Nagorno-Karabaj, fue atacada y saqueada en julio de 1993, en venganza por la ocupación azerí de Mardakert. El equipo se vio obligado a trasladarse desde el estadio Imarat a Bakú, mientras que el entrenador del equipo, Allahverdi Bagirov, fallecía en la guerra.

Los problemas financieros afectaron al club entre 1998 y 2001, pasando por momentos difíciles. En 2001 llegó Azersun Holding, empresa que comenzó a patrocinar al equipo. El equipo usó el nombre de Qarabağ-Azersun por dos temporadas, pero luego regresó a su nombre original en 2004. Con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los clubes más laureados del país y el de mayor éxito en competiciones europeas.

La guerra, de hecho, continúa. En abril de 2016 ambos países volvieron a tener otro conflicto que fue bautizado como “La Guerra de los Cuatro Días“. Detrás del fútbol hay vida, y por tanto, también política. El hecho de que un conflicto bélico te arrebate la posibilidad de disputar una final así lo refleja. Nuevamente se invisibiliza un conflicto a través de la pelota.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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