miércoles, 30 septiembre, 2020
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Kobe Bean Bryant nació un 23 de agosto de 1978 en Filadelfia. Años más tarde su familia se mudó a Italia, donde el pequeño Kobe pudo adaptarse bien y aprender un nuevo idioma mientras su padre, un basquetbolista que llegó a jugar para los 76ers de Filadelfia, seguía jugando con el pequeño Bean asistiendo a sus entrenamientos y partidos. 

Su pasión por el deporte siempre existió; su mentalidad tan característica se formó en esos años, siempre quería ser el mejor. Estaba obsesionado con ganar. Desde muy pequeño se notaba que podía lograr cosas grandes en el baloncesto, aunque también probó sus habilidades en fútbol donde tampoco le fue mal. Pero el destino había escrito su nombre en la duela para que se creara una historia mágica entre ambos. Años más tarde, siendo un adolescente, regresó a su país y allí comenzó la historia de una leyenda. 

 

El nacimiento de una estrella 

 

Kobe Jugó para los Aces de la Lower Merion High School, con los que en su segundo año en el equipo comenzó a demostrar que tenía todo para ser un grande. Consiguió ser el mejor anotador de su categoría con 2.883 puntos y así superar a quien fuese el dueño de muchos récords individuales del baloncesto del Estado de Pensilvania: Wilt Chamberlain. Ese mismo año recibió el premio que otorgaban al jugador del año los periódicos USA Today y Parade Magazine. Sus números eran impresionantes, llegando hasta los 30,8 puntos, 12 rebotes, 6,5 asistencias, 4 robos de balón y 3,8 tapones por partido, números más que suficientes para liderar a su equipo a conseguir el título. Además, en una de sus mejores actuaciones logró un total de 50 puntos y para ese entonces, no tenía ni 20 años. 

Al terminar sus estudios tomó la decisión de no entrar a la universidad y dirigirse directamente al Draft de la NBA, mientras en Lower Merion decidieron retirar su camiseta en su honor; el número 33 quedó en la historia de ese lugar. En el Draft de 1996 los Hornets habían elegido a Bryant en la posición número 13, pero días más tarde fue traspasado a los Lakers a cambio del histórico pero ya veterano jugador serbio Vlade Divac. Había quienes ya sabían del potencial de Kobe, pero nadie imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir.

Su primera temporada no fue como la imaginó, las lesiones lo privaron de jugar más minutos y lo poco que estuvo en cancha no logró demostrar todo su potencial. Muchos se cuestionaban si en verdad iba a poder brillar como se esperaba. Para esa primera temporada promedió 7,6 puntos, 1,9 rebotes, 1,3 asistencias y 15,5 minutos en 71 partidos, únicamente siendo titular en 6 partidos. 

Pese a no haber podido equiparar de momento las expectativas que se tenían del joven de 18 años, su calidad se vio recompensada con el llamado al All Star Weekend y convirtió 31 puntos en el partido reservado para los mejores novatos y además fue elegido como el mejor jugador en el concurso de clavadas en el que ganó con 49 de 50 puntos, cuando hizo una pirueta que dejó a todos impresionados al pasar el balón entre sus piernas. Esa vez se convirtió en el jugador más joven en ganar el concurso y desde ese entonces ningún otro Laker ha vuelto a participar en él. 

 

 

Su segunda temporada mejoró, comenzó a jugar más minutos, logró ser titular en la franquicia angelina y fue el jugador más joven en disputar el All Star Game. Su equipo tuvo una gran temporada y él cada vez iba sintiéndose más cómodo, mostrando más sus habilidades. Sin embargo, aquel año perdieron las finales de conferencia ante los Utah Jazz, a la vez que sucumbieron en semifinales de conferencia en la 98/99. Pero dicen que todo lo bueno tarda en llegar, y esos años sin duda estaban sirviendo de preparación para lo que vendría en el inicio de una nueva era. 

 

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Los primeros campeonatos 

 

A seis años de su debut Bryant ya se había consolidado en el equipo amarillo y púrpura y, aunque aún no había logrado pisar las finales, ya había anunciado con su forma de jugar que pronto llegarían los títulos. La llegada de Phil Jackson ayudó a unos Lakers que hacía un par de años que se quedaban cerca de rozar la gloria. El ex entrenador de los Chicago Bulls regresó del retiro para escribir otra gran historia en los libros; bajo su mando se estaba formando otro equipo que marcaría una época, como ya lo había hecho en Chicago con Michael Jordan, y esta vez con más experiencia repetiría una gran hazaña en su nueva casa, Los Ángeles. 

Con él como entrenador Kobe llegó a convertirse en uno de los mejores escoltas de la liga y fue entonces cuando nació una de las mejores duplas de la NBA: Shaquille O’Neal  – Kobe Bryant. Una asociación que funcionaba a la perfección en la pista. Tan bien se entendían, que con pocos gestos sabían comunicarse y entender cuál sería el próximo movimiento. Esa temporada los Lakers fueron demoledores y el momento de Bryant parecía haber llegado. Después de varios intentos todo comenzaba a florecer, por fin se habían clasificado para las Finales de la NBA, para conseguir el primer título desde 1988 para el club y el preciado primer anillo para Kobe. 

El siguiente año fue igual de bueno para los Lakers, aunque el dominio fue menor, el nivel del equipo siempre fue el mismo, con un Bryant y un O’Neal siendo una dupla invencible una vez más repitieron viaje a las Finales para disputarse el título contra los 76ers del ícono Allen Iverson, que no puedo frenar la topadora californiana que se proclamó campeona por segunda vez consecutiva.

La siguiente campaña ganaría un título más de la NBA, realizando el famoso three-peat. Ya eran tres anillos consecutivos y Kobe ya era uno de los mejores jugadores de la historia franquicia. Esta vez logró su primer MVP del All Star Game, en un partido que describen como icónico, que tuvo como protagonistas al ídolo Laker y a Michel Jordan en un juego parejo, que Kobe logró rescatar en lo último cuando todo parecía perdido para alargarlo y terminar dándole la victoria a su equipo. Por primera vez fue el jugador más votado por los fans con 1.474.386 de elecciones, y qué mejor lugar para consagrarse de esa forma que en su ciudad natal, Filadelfia. 

 

 

El regreso 

 

En la temporada 02/03 los Lakers quedaron eliminados por los San Antonio Spurs en semifinales de conferencia, sin embargo, Kobe seguía incrementando sus números, aportando sumas en promedio de 30 puntos por partido, alcanzando además una cifra histórica al anotar 40 o más puntos en nueve partidos consecutivos. Tras ese desliz, todo parecía mejorar cuando retornaron a la última serie por el campeonato, pero el final del cuento sería en esta serie ante Detroit Pistons, que con una defensa espectacular frenaron a unos Lakers que buscaban hacer más grande su leyenda y conseguir un anillo más. Para su mala suerte la serie fue dominada los Pistons de Chauncey Billups y Rasheed Wallace que ganaron 4-1. 

Después de la derrota con Detroit hubo que rearmar el equipo, que se encontraba golpeado anímicamente y sufría los ya insostenibles problemas personales entre Kobe y Shaq que tuvieron como consecuencia el traspaso de O’Neal a los Miami Heat, sumado a la llegada de un nuevo entrenador. Todo aquello que un día había sido felicidad y armonía se había derrumbado, al menos por ahora. Este fue justamente el momento en el que a Kobe Bryant le tocó asumir las riendas de un barco que se estaba hundiendo. Ahora la estrella era él, pues ya no iba a jugar más a la sombra de Shaq; era un momento para renovarse y demostrar que podía ser el líder. 

Aparte de los problemas en cancha Bryant tenía problemas fuera de ella, donde tuvo que enfrentar una acusación de abuso sexual que dañó su imagen. Era momento de hacer cambios drásticos en su vida, asumir responsabilidades y afrontar consecuencias y así lo hizo.  Para la temporada 2005/2006 Jackson regresó al banquillo Laker, Kobe ya había resuelto sus problemas y era momento de enmendar una historia; ahora el líder era él. Su equipo como ya era costumbre se clasificó para los Playoffs y entonces el nuevo Bryant comenzó a brillar como aquella noche de diciembre ante los Mavericks en la que consiguió anotar 62 puntos. 

 

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En 2006 escribiría su nombre en los libros de récords y se colocaría junto a los más grandes de este deporte. En una noche mágica ante Toronto Raptors la Mamba anotó 81 puntos. Parecía una total locura, pero era real. El único jugador que lo superaba en ese registro era Chamberlain con 100 puntos. Por si fuera poco, ese mismo mes superó otro récord, al convertirse en el primer jugador desde 1964 en anotar 45+ puntos en cuatro partidos consecutivos. El cambio había funcionado, Kobe había renacido. Esa temporada la terminó batiendo varios récords.

Cuando llegó a los Lakers quiso utilizar el 33 porque era su número en el instituto con el que consiguió batir muchos récords de joven, pero esa camiseta ya estaba retirada en honor al gran Kareem Abdul-Jabbar. Se dice que pidió el 143 pero en la NBA no se permiten números de 3 cifras, entonces los sumó y el resultado final fue un 8, razón por la cual utilizó ese número. Más tarde, debido a todos los problemas anteriores decidió cambiar de dorsal. Dejó el 8 que por años lo había acompañado y pasó a utilizar el 24; algunos dicen que lo eligió porque era el número que seguía al mítico 23 de Jordan y muchos lo nombraban su sucesor, aunque él siempre quiso ser Kobe. 

Adoptó el apodo de de Black Mamba para referirse a si mismo como una serpiente asesina, con la cual se sentía identificado por como era él en cancha. Y además quería separa su vida personal de la mediática, por eso se denominó así, para que en el colectivo imaginario de las personas hubiese una nueva idea de Kobe Bryant. Y esa imagen se grabó a fuego una vez que luego de varios intentos de lograr un nuevo anillo, en la temporada 2008/2009 la magia de los Lakers regresó para acceder la final y Kobe fue nombrado por primera vez MVP de las Finales, en las que vencieron a los Orlando Magic y así consiguió su tan ansiado cuarto título de la NBA

 

 

Para la temporada siguiente Bryant redobló sus esfuerzos, tenían un objetivo en mente y era ganar un nuevo anillo. Se convirtió en el jugador más joven en llegar a anotar 25,000 puntos y superó a Jerry West, el logo de la NBA, como máximo anotador de los Lakers. No había duda, estaba en lo más alto de su carrera nuevamente. 

Y en esa senda continuó su carrera y la de los Lakers cuando al año siguiente dieron un golpe sobre la mesa ante los clásicos rivales de siempre, los Boston Celtics, en uno de las series más vistas de la historia de la liga, que se alargó hasta el juego número siete. En el último partido Bryant consiguió 23 puntos y 15 rebotes y logró así su quinto anillo de la NBA, además de otro MVP de las finales. Después de tanto esfuerzo el resultado había llegado. Kobe lo había conseguido una vez más, los Lakers estaban en la cima, eran los mejores. 

 

El fin se acerca 

 

En 2011 ya no pudieron superar la segunda ronda de los Playoffs tras ser vencidos por los Mavericks, pero el final se veía cerca, al finalizar esa temporada Phil Jackson se retiró, dando paso así a una nueva generación. Kobe siguió liderando el equipo, pero los días de gloria habían terminado. Los Lakers ya no eran los de antes y aunque Kobe tenía el espíritu y mentalidad de un ganador su cuerpo sabía que el momento de dejar todo estaba cerca. 

Pasaron seis años desde la última gran hazaña de Bryant, y su sexto anillo jamás llegó. Las lesiones lo atacaron y a pesar de tener una mentalidad fuerte, comparable con ninguna otra, los malos resultados y el tiempo que pasó  fuera de la cancha lo habían golpeado anímicamente. Kobe no era el mismo, su corazón le decía que debía continuar, pero su mente sabía que lo mejor era decir adiós. 

En 2016 el momento del retiro de Kobe llegó, tras 20 años de carrera, días gloriosos, 5 títulos de la NBA, 18 veces elegido para el All Star de la NBA, 4 MVP (2002, 2007. 2009, 2011) dos oros olímpicos, 81 puntos en un partido ante los Raptors en 2006 y la seguridad de haber escrito su nombre en el libro de leyendas de la NBA. 

Se despidió por lo más alto a pesar de no llegar a  los Playoffs;  su último partido lo jugó en su casa ante su gente y con una victoria memorable. Los Lakers perdían el encuentro ante los Utah Jazz y faltaban pocos minutos para el final cuando un asombroso Kobe Bryant viajó en el tiempo y se convirtió en el jovencito que maravilló al mundo del baloncesto. 

Anotó 60 puntos y remontó el partido para darle la victoria a su equipo y retirarse con un cierre de película. Esa noche el Staples Center enloqueció al ver a Kobe. Fue un día de emociones encontradas, para todos los fans de él y de la franquicia, pero se sabía que sería una noche digna de recordar y el encargado de hacerlo fue el mismo Kobe Bryant. Tras una noche inolvidable, al finalizar el partido y el homenaje que le realizaron todo se acabó, el final de The Black Mamba llegó.

 

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Su legado 

 

Su mentalidad, su personalidad, su ambición por ganar, su forma de jugar, su forma de ganar, su forma de saber perder, su amor por el juego y su pasión por lo que hacía. Todo eso sirvió para erigir su nombre en el Olimpo del baloncesto. Inspiró a muchos niños y niñas que hoy son basquetbolistas, algunos incluso defienden ahora los colores del equipo que tanto amó. Además, ayudó al crecimiento de la WNBA, porque él como nadie creía en el deporte femenino.  Era fiel fan del baloncesto femenino, y fue mentor de muchos jugadores que tanto en la NBA como en la WNBA hoy sobresalen. 

Fue tan querido por cómo era con los demás; su presencia era notable en cualquier lugar, pero su humildad lo hacía más grande. La historia de un jugador que amó tanto lo que hizo y a quien la vida le devolvió con creces todo ese esfuerzo se transformó en leyenda cuando Bryant falleció el 26 de enero de 2020 en un trágico accidente junto a su hija Gianna. La noticia, al nivel de su importancia como ícono que trascendió al deporte, conmovió al mundo entero. 

El 24 de agosto ha sido declarado en Los Ángeles como el día de Kobe, para honrar la memoria de una persona que le dio tantas alegrías a la ciudad. En Los Angeles celebran el día de su ángel, de su cinco veces campeón, y de su ícono que con la #8 y la #24 colgadas en el techo del estadio guarda la historia de una de las franquicias más laureadas y veneradas de la historia del deporte. 

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Yolanda Aguilar

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