lunes, 18 octubre, 2021
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En los ochenta, un slogan de Nike rezaba “In my mind I am a Kenyan”. Justamente a mediados de esa década, más precisamente el 5 de noviembre de 1984, nació en Kapsisiywa el atleta Eliud Kipchoge, actual poseedor del récord mundial en maratón y oro en dicha prueba en Río de Janeiro 2016. 

Cuando Kipchoge nació, su país ya tenía varias medallas. Melbourne 1956 y Roma 1960 fueron las participaciones estreno para Kenia, aunque sin lograr ninguna presea. Y en Tokio 1964 llegó la primera medalla como una premonición de lo que sería el crecimiento de la nación en los Juegos Olímpicos; y es que el atletismo (con el bronce de Wilson Kiprugut en los 800 metros) ubicó por primera vez al país en el medallero olímpico. 

Siguieron 18 medallas entre México 1968 y Múnich 1972 (9 en cada uno) destacándose Kipchoge Keino (dos oro y dos platas), Naftali Temu (un oro y un bronce) más el boxeador Philil Waruinge (una plata y un bronce). Tras dos ediciones sin participar (Montreal 1976 y Moscú 1980) por el boicot africano y el boicot estadounidense, Kenia regresó en Los Angeles 1984 –meses antes del nacimiento de Kipchoge- y solo pudo obtener tres medallas: el oro de Julius Korir (3000 metros con obstáculos) y los bronces de Michael Muskoyi (1000m) y el boxeador Ibrahim Bilali en la categoría Mosca.  

Siempre con el atletismo y el boxeo como estandartes Kenia fue mejorando en cada Juego hasta convertirse –al menos hasta la previa de Tokio- en el país africano mejor posicionado en el medallero histórico: ocupa el puesto 29. 

Pero como quien nos ocupa es Eliud Kipchoge vamos con un poco de su historia. Kapsisiywa –su ciudad natal- se encuentra muy cerca de Iten y Eldoret, cuna de grandes fondistas. Eliud empezó a correr desde pequeño y con 18 años ya comenzó a llamar la atención. Con esa edad –en el Mundial París 2003- se impuso a otras dos leyendas de África –el marroquí Hicham El Guerrouj y el etíope Bekele- en la prueba de los 5000 metros. En sus inicios todavía Kipchoge no corría maratones.  

Un año después, Atenas 2004 sería su primer Juego Olímpico. Kipchoge no pudo repetir lo realizado en París y se quedó con el bronce detrás de El Guerrouj y Bekele. En la siguiente cita olímpica, Pekín 2008, Kipchoge escaló hasta el segundo puesto, sólo por detrás de Bekele y por delante de su compatriota Edwin Cheruiyot Soi. 

Kipchoge ya estaba instalado en la élite de los atletas del mundo y de su país, pero para Londres 2012 no fue seleccionado, y fue la figura de Patrick Sang -subcampeón olímpico de 3.000 metros con obstáculos en Barcelona 1992 y su ídolo de la infancia- lo impulsaría para dedicarse al maratón. 

En lugares como Iten o Eldoret son muy comunes los campamentos de entrenamientos para corredores. “Se pusieron en marcha para apartar a los atletas de la distracción de sus familiares y conocidos, así como del resto del mundo exterior”, cuenta Adharanand Finn en su libro Correr con los keniatas. Patrick Sang es quien manda donde entrena Kipchoge. “Él es más que mi entrenador. Es mi entrenador para la vida. Yo sólo soy el estudiante. Él es el profesor”, dijo alguna vez Kipchoge sobre Sang. 

Así fue que tras no poder estar en Londres 2012, Kipchoge volvió a tener una nueva experiencia olímpica en Río de Janeiro 2016. Llegó a Brasil habiendo ganado las maratones de Hamburgo (2013), Chicago (2014), Berlín (2015) y Londres (2015 y 2016) y en suelo carioca siguió haciendo historia consiguiendo su primera medalla de oro. Con un tiempo de 2:08:44, se quedó con el primer puesto del podio por encima del etíope Feyisa Lilesa y el estadounidense Galen Rupp. Los días en el centro de entrenamiento Kaptagat, lejos de su familia y junto a su profesor Sang y compañeros, dieron sus frutos. En Kaptagat, lo único que diferencia a Kipchoge del resto es que tiene dormitorio propio mientras que el resto debe compartir la habitación. 

En octubre de 2019, Kipchoge se transformó en el primer atleta en correr la maratón en menos de dos horas. Marcó 1h59s40 en Viena pero, como fue una carrera no oficial que se armó especialmente para él, el tiempo no fue homologado por la Federación Internacional. 

Nuestra vida es simple, muy simple. Nos levantamos, salimos a correr. Si es un día que toca limpieza, limpiamos el lugar; si no, nos relajamos. Almorzamos, pasamos por un masaje, volvemos a correr, tomamos el té de la tarde y nos vamos a dormir“, contó a mediados de 2020 en una entrevista con la BBC. 

El próximo objetivo para este ferviente católico, que de no haber sido atleta le hubiese gustado ser tenista, será quedarse con la tradicional prueba en Tokio. Un ícono del atletismo mundial que va por más gloria. 

Fuentes:  

También puedes leer:   Anthony Nesty: el rey de la mariposa

Clarín, La Vanguardia, Corriendo con Kipchoge, El Mundo, Runners World

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Suipachero de nacimiento y amante del fútbol africano. Casi una década de periodismo con pasado en Diario Clarín y El Gráfico. Colaborador en Revista Don Julio y El Enganche. Apostando por un nuevo periodismo en The Line Breaker.

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