jueves, 23 septiembre, 2021
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La natación es uno de los fuertes históricos de los Estados Unidos. Los primeros cinco grandes medallistas a nivel masculino (Michael Phelps, Mark Spitz, Matt Biondi, Ryan Lochte y Gary Hall Jr) provienen del poderoso país del norte de América, mientras que las mujeres copan casi todo el top-10 con leyendas de la talla de Jenny Thompson, Amy van Dyken, Dana Vollmer, Missy Franklin o Dara Torres. Sin embargo, Tokio 2020 cerca estuvo de ver como todas ellas eran superadas por una fémina nacida en Washington DC un 17 de marzo de 1994.

Kathleen Genevieve Ledecky, al igual que Phelps o Spitz, logró su plaza en varias distancias con el objetivo de seguir sumando preseas. En Río 2016 se transformó en una de las nuevas caras de la natación tras llevarse nada menos que cuatro preseas doradas (en los 200, 400 y 800 metros libres y en la posta 4×200, también libres), las cuales se sumaron a su oro en los 800 metros libres obtenidos en Londres 2012, generando un total de cinco oros, algo que la dejaba a solo tres de Thompson, la máxima campeona entre las mujeres. Sin embargo, el camino en Japón no sería un paseo por los campos de cerezos.

Como ocurre con muchos niños y niñas alrededor del mundo, la influencia que ejercen los hermanos mayores a la hora de elegir actividades es muy fuerte. Ella empezaría a dar sus primeras brazadas gracias a observar a su hermano Michael, quién nadaba en la Universidad de Nuevo México, aunque su madre, Mary, también había hecho lo mismo para dicho establecimiento educativo. En Bethesda (Maryland) comenzaría su historia con el agua, siendo la gran figura de la Stone Ridge School of the Sacred Heartla escuela católica donde comenzó a demostrar su enorme valía. Sus grandes marcas le hicieron ganarse una beca deportiva en la Universidad de Stanford, donde hace poco se recibió de licenciada en psicología.

Su primer gran evento fueron los trials estadounidenses de cara a la cita olímpica de Londres, donde lograría clasificar en los 800 metros libres, la prueba que se convertiría en su especialidad. Estuvo cerca también de meterse en los 400 metros freestyle, aunque finalizó tercera. Sin embargo, dejó su sello al hacer el tiempo más rápido para un sub-16. Con 15 años, cuatro meses y 10 días, Ledecky se convirtió en la deportista más joven de la delegación estadounidense, una que, por primera vez, tuvo a más mujeres que hombres clasificados. Aquella juventud no sería un impedimento para terminar en lo más alto, logrando el récord de toda América con sus 8:14.63, venciendo a la española Mireia Belmonte y a la campeona reinante, la local Rebecca Adlington.

Un año después comenzaría la destrucción de marcas globales. Barcelona sería la tierra que vería a aquella sirena eliminar a todas sus rivales, llevándose cuatro oros y consiguiendo en el camino el mejor tiempo de la historia tanto en los 800 como en los 1500 metros libres, además de ver como su nombre era el mejor de América en los 400 metros. ¿Acaso podía dar más de si? Por supuesto: en los Juegos Pan-Pacíficos (donde compiten naciones muy fuertes como Australia, Sudáfrica o Canadá) Ledecky se alzó con el triunfo en cinco pruebas (de los 200 a los 1500 metros, más los 4×200), siendo plusmarquista mundial en los 400 y 1500 y la mejor tiempista del certamen en los demás eventos. Y un año más tarde, en el Mundial de Kazán, volvería a quedarse con estas cinco pruebas, rompiendo las marcas mundiales en los 800 y 1500 metros libres.

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Así, y tras un paso triunfal por los trials, llegaría a Río 2016, siendo ya no una adolescente desconocida, sino una de las mejores deportistas del planeta, una mujer que había que seguir con el mismo entusiasmo con el que se vería a Phelps nadar por última vez, en ese ciclo eterno en el cuál una leyenda se va pero otra aparece. La primera prueba fue la posta 4×100 libres, donde en la final compitió al lado de Simone Manuel, Abbey Weitzeil y Dana Vollmer, una de las figuras de los Juegos de Londres. Hicieron lo mejor que pudieron, pero tuvieron que contentarse con la plata, viendo como el cuarteto australiano rompía el record mundial.

Tras esto vinieron los 400 metros y allí no hubo color: ya en los heats rompió el récord olímpico de la francesa Camille Muffat, ganando luego el oro con un nuevo mejor registro global, dejando el reloj en 3:56.46. Tras esto vinieron los 200 metros, donde logró ganar con 1:53.73, luchando codo a codo ante la sueca Sarah Sjostrom. En la misma distancia, pero en la posta y junto a Allison Schmitt, Lean Smith y Maya DiRado conseguiría su tercer oro, venciendo al gran equipo australiano y a las canadienses.

Y luego, otra vez la gloria en los 800 metros, especialidad en la cual ya era la plusmarquista mundial -además de la defensora del título- y donde comenzaría a dejar su sello desde la primera ronda, ya que con sus 8:12.86 lograría romper la mejor marca olímpica (que había conseguido Adlington en el 2008), aunque en la final todo se descontroló: con sus 8:04.79 vencería a la británica Jazmin Carlin y a la húngara Boglarka Kapas con 12 segundos de diferencia, una enormidad. Ah, y además batiendo su propio registro global.

Ledeckster se convirtió, durante aquella cesión en el Estadio Olímpico Acuático, en un ser mitológico capaz de romper las aguas para nadar a voluntad. “Te animo a que te pongas metas realmente altas. Establezcas metas que, cuando lo hagas, creas que son imposibles. Pero luego todos los días puedes trabajar para lograrlas y todo es posible, así que sigue trabajando duro y sigue tus sueños”. Con esas palabras, la mujer estadounidense más campeona en una sola edición de unos Juegos Olímpicos en la natación demostraba tener la mentalidad necesaria para salir a buscarlo todo. Pero, por supuesto, no todo es solo tener metas: también hay que trabajar muy duro, algo que realiza a diario, nadando 10 kilómetros por jornada.

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Los siguientes años mantuvieron la misma tónica ganadora: en la temporada 2016-2017 rompió 12 récords de la NCAA y luego ganó cinco oros y una plata en el Mundial de Budapest. En el 2018 se pasó al ansiado profesionalismo, dejando de lado su elegibilidad para competir con su Universidad. “He tenido dos grandes años de natación universitaria, he estado en un equipo increíble que ha ganado campeonatos nacionales consecutivos. Siento que ahora es el momento adecuado para hacer esta transición y comenzar este próximo capítulo” le manifestaría al Washington Post. Esa misma temporada, en los Juegos del Pan-Pacífico, empezaría la fuerte competencia ante la que se convertiría en su gran rival de estos últimos años, la australiana Ariarne Titmus, a quién derrotó en los 800 metros.

En el 2019 cedió en los 400 metros ante Titmus en el Mundial de Gwanju, aunque lo cierto es que, durante esas jornadas, un virus estomacal la tuvo a maltraer, llevándose solamente la carrera en los 800 metros.

Tokio 2020 estaba a la vuelta de la esquina y con eso en mente la futura psicóloga empezó a prepararse, aunque luego sobrevino la pandemia y todo pareció oscurecerse. Sin embargo, tras pasar el mal trago inicial, pudo ver la luz al final del túnel, al menos de forma provisoria. “Durante seis días a la semana, en el lapso de tres meses, Ledecky y su compañera olímpica Simone Manuel se detuvieron en la casa de Tod Spieker, un exnadador famoso a nivel local, para entrenarse de la mejor manera. Aparecían todos los días, con los trajes ya puestos, con esnórquel, patinetas y remos, además de toallas. Así fue su vida en la cuarentena inducida por coronavirus en marzo de 2020. Estados Unidos estaba mayormente bloqueado, las piletas estaban cerradas y las opciones acuáticas eran casi inexistentes” explicaría el sitio web de TyC Sports.

 

 

Finalmente los Juegos llegaron y allí estaba ella, buscando convertirse en la máxima campeona de la historia olímpica femenina en una de las pruebas madre del torneo. Sin embargo, no iba a ser sencillo, no solo por su entrenamiento rudimentario, sino también por el crecimiento de sus rivales, sobre todo Titmus. La Terminator australiana sería la encargada, justamente, de demostrarle que el paso por Japón no sería para nada fácil, derrotándola en los 400 metros libre. Este fue un duro golpe para la norteamericana, ya que era la primera vez que caía de manera individual en unos JJOO. Y en los 200 metros la historia sería aún peor, ya que ni siquiera pudo llegar al podio, terminando en el quinto lugar.

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Las alarmas comenzaron a saltar. La gran campeona, la plusmarquista máxima, la leyenda en ciernes, estaba sufriendo mucho los primeros días en Tokio y nadie sabía si podría sobreponerse a tan duros golpes. Sin embargo, y tras otra plata (en este caso en la posta 4×200 metros libre, donde corrió junto a Allison Schmitt, Paige Madden y Katie McLaughlin, con quienes consiguió el mejor registro nacional en la especialidad), cambiaría su suerte. En los 1500 metros, que se corrían por primera vez en la historia, dejaría su nombre grabado a fuego. En el heat conseguiría, con sus 15:35.35, el récord olímpico. Y en la final, curiosamente, quedaría lejos de aquella marca (15:37.34), pero igualmente se quedaría con el primer lugar (y su primer oro), venciendo a su compatriota Erica Sullivan.

Y, por último, vendría la joya de la corona, su especialidad, los 800 metros, prueba donde era bicampeona y donde llegaba con las mejores 23 marcas de la historia de dicha distancia. Y aquí no hubo color: ganó tanto la eliminatoria como la final (con 8:12.57), venciendo a su gran rival Titmus. Al final, Ledecky, si bien aun no ha podido superar a Thompson, si que ha quedado a nada de ella, llegando a 7 oros y 3 platas, por lo que París 2024 será el escenario propicio para intentar quedar en lo más alto de este ranking.

Katie se va contenta de Tokio. Podrá no haber logrado todos los primeros puestos que deseaba antes de comenzar la cita, pero supo reponerse a un inicio no tan ganador como hubiera esperado para convertirse en la gran cara de la natación mundial, sumando récords, títulos y distinciones en el proceso. Parece toda una veterana de guerra, pero apenas tiene 24 años, por lo que en Francia estará, seguramente, en el pico máximo de su rendimiento. Quién sabe, a lo mejor si se le pueda dar esa sumatoria de victorias que en la tierra del Sol Naciente se le negó.

 

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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