jueves, 1 octubre, 2020
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Todo equipo que tenga como misión unir la pasión de su comunidad por el fútbol con la importancia de la equidad de género merece ser tomado en cuenta. Lo curioso es que todo comenzó muy lejos de Minnensota, sede actual de la Asociación de Fútbol de Karen (KFA). Aceptada por CONIFA (organización futbolística que agrupa a territorios no reconocidos, etnias y regiones no aceptadas por FIFA) a finales de 2018, este proyecto insiste en enseñar a nuestra cultura y sociedad que las mujeres y los hombres siempre estarán en igualdad de condiciones. Bien lo dicen en su página web: “estamos encantados de exhibir tanto un equipo femenino como masculino, mostrando al mundo nuestra pasión por el juego”. Esto es un esfuerzo que ha involucrado la construcción de instalaciones, la captación de talentos y el uso de las nuevas tecnologías y metodologías para lograr una mejor preparación y rendimiento.

A pesar de los pocos registros escritos que se tienen del origen de su historia, se sabe que el pueblo Karen comenzó a habitar lo que finalmente se convirtió en Myanmar hace unos dos mil años. Viajaron desde Tíbet y China y se establecieron principalmente en las colinas que bordean la región montañosa oriental del país asiático. En realidad, el pueblo Karen englobaba un territorio que incluía a grupos étnicos tales como los mon, shan, tailandeses, birmanos y y los mismos karen. Cuando los británicos colonizaron Birmania en 1886, estos grupos se convirtieron en parte de Myanmar. Por un tiempo la calma fue moneda corriente pero todo implosionó de un momento a otro.

Debido a la guerra, el pueblo Karen comenzó a dirigir su destino a países como Estados Unidos, Australia, Canadá, Noruega, Suecia e Inglaterra. Bien dicen que las historias tienden a repetirse cada cierto tiempo. Todo esto a fines del siglo XX y principios de la década de 2000. Ambos equipos, femenino y masculino, son muestra de esa integración, al estar actualmente conformados por jugadores provenientes de Tailandia y la propia Myanmar. Una mezcla de culturas que venía desarrollándose en escenarios dispersos, propios del fútbol amateur norteamericano. Esto se ha convertido en una práctica común en muchos de los equipos CONIFA, tomando como base la diáspora que tienen en diversos países debido a la persecución que han sufrido por los estados de los que forman o han formado parte. Esto es algo para resaltar de cualquier forma, por lo que a veces toca remar a contracorriente.

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La realización de campamentos de entrenamiento en San Diego y Atlanta, el programa de escolaridad y el impulso de un programa juvenil de fútsal contrastan con las duras tierras del Sureste Asiático, donde no se imaginaban los pobladores ancestrales que tendrían que abandonar. La idea es ir preparando a las generaciones venideras, dándoles modelos a seguir con los cuales puedan identificarse. Los obstáculos nunca están lejos y el balón sirve como termómetro de esta lucha, digna representación de la cultura y el valor que muchos quieren enarbolar. De esto se trata. La lucha y el apoyo, lo bonito de ver personas capaces de hacer cosas impresionantes. Y ahí es donde realmente comienza la belleza.


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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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