lunes, 26 julio, 2021
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Pasaron 20 años y la hazaña de Jutta Kleinschmidt sigue más que vigente en el mundo automotor al seguir siendo la única mujer que ganó un Rally Dakar. Con un hecho curioso mediante, la alemana derrotó a grandes figuras de principios de siglo como Hiroshi Masuoka y Jean Louis Schlesser, entre otros, y se convirtió en una inspiración para miles de pilotos mujeres a las que, indirectamente, les allanó el camino para participar en este tipo de competencias.

Al tratarse de una chica de clase media baja, sus inicios en las carreras fueron a puro pulmón y esfuerzo. En 1980, con tan solo 18 años, Kleinschmidt dejó la casa de sus padres en Colonia y se mudó para estudiar ingeniería física en la Academia de Ciencia y Técnica Natural mientras se las rebuscaba para mantener viva su pasión por las motos. Para su trabajo de tesis ingresó a BMW como parte del equipo de Investigación y Desarrollo, posteriormente pasó al de Diseño, y con su sueldo pudo comprar una moto con varios desperfectos, que fue arreglando hasta tenerla en óptimas condiciones para competir.

El dinero que ganaba en BMW también fue vital para sus primeras incursiones en las competencias como corredora privada de la mano de su motocicleta blanca, con la que participó en el Rally de los Faraones de 1987. Un año más tarde dio el salto definitivo al anotarse, también como piloto independiente, en el Rally Dakar en el cual fue su propia mecánica por su falta de capital. Esto la obligaba a correr durante el día y revisar y arreglar cualquier desperfecto que le encontrara a su moto después de cada etapa, algo que era insostenible durante más de 10 etapas y que la forzó a abandonar.

 

 

Mantuvo su fidelidad con las dos ruedas hasta 1997, año en el que se decantó enteramente a los autos. Desde hacía cinco años que intercalaba competencias entre motos y autos, pero sus sueños, y sobre todo el dinero, venían en una base de cuatro ruedas. Hay que remarcar esto porque su cambio no se debió a malos resultados en una categoría. De hecho, en 1992 fue campeona de la división femenina de motos del Dakar, con un pie fracturado, y del Rally de los Faraones, hitos que repetiría en 1994.

Su inicio en los automóviles se dio en 1992 en competencias de circuito como las 24 horas de Spa y de Nürburgring aunque un año más tarde, tuvo su debut en esta categoría dentro del Dakar como navegante de Jean Louis Schlesser, que en aquel momento era su pareja. Kleinschmidt lo conocía por sus campeonatos en la Fórmula 3000 y en el Mundial de Prototipos, pero, sobre todo, por las dos carreras que corrió en la Fórmula 1, una de ellas para Williams reemplazando a Nigel Mansel. Él, por su parte, había quedado deslumbrado por la belleza de la alemana, a la que le llevaba 14 años de diferencia. Esta experiencia como navegante sumada a la insistencia de Schlesser para que corriera por su cuenta con uno de los buggies de su escudería llevaron a Kleinschmidt a debutar como piloto de autos en el Dakar en 1994. 

Tuvo que esperar un par de años para empezar a hacerse notar por su rendimiento dentro de la categoría, ya que la atención por ser la única mujer compitiendo en una disciplina de hombres la seguía desde su inicio en 1988. Fue en la edición de 1997 cuando rompió todos los pronósticos al convertirse en la primera mujer en ganar una etapa del Rally más exigente del mundo en el trayecto comprendido entre Agadez y Oclan, regiones de Níger.

Sin embargo, mientras la carrera de la alemana iba en ascenso, su relación iba en la dirección totalmente contraria. A Schlesser no le gustó ser opacado por su pareja y sus celos llegaron a ser tan irracionales que en la edición de 1998 obligó a Kleinschmidt a frenar su vehículo porque no soportaba ser más lento que ella. Esta fue la gota que rebalsó el vaso y que terminó por sepultar una relación a la que, años después, la alemana iba a referirse como “el peor error que cometí en mi vida”.

1998 también marcó el final de la relación entre Kleinschmidt y los buggies de su ex pareja y significó el inicio del contrato que la vinculaba con Mitsubishi, que en ese entonces dominaba la categoría por sobre Nissan y el equipo de Schlesser. Fue justamente con el Mitsubishi Pajero con el que nuestra protagonista se metió junto a su navegante Tina Thörner en el último escalón del podio de la edición de 1999, en la que el francés se terminaría imponiendo.

El año siguiente Kleinschmidt terminó 5°, puesto que Mitsubishi consideraba un fracaso luego de la performance de 1999 y por lo cual había dudas sobre si le iban a ofrecer una extensión de contrato. El acuerdo llegó y la oriunda de Colonia pudo participar del Dakar 2001 aunque con algunos cambios. En primer lugar, no iba a correr con el Pajero, sino que iba a estar a bordo de un Montero modelo 2000 que pesaba 200 kilos más que los autos oficiales de esa edición. Y, en segundo lugar, fue parte de una campaña de marketing de la empresa japonesa bajo el logo “una mujer puede correr el Dakar con nuestro coche, tú también puedes hacerlo”. Poco iba a durar esa frase ya que tres semanas después tuvieron que cambiarla por “una mujer puede ganar el Dakar con nuestro coche, tú también puedes hacerlo”.

Pero, ¿cómo fue posible esto si Kleinschmidt no ganó ninguna etapa de la edición 2001? Al principio se mencionó que tuvo una cuota de suerte vinculada a un hecho curioso y, capaz por caprichos del destino, éste involucraba a su ex pareja. Resulta que antes del inicio de la anteúltima etapa el líder de la general era Hiroshi Masuoka, por lo que le correspondía abrir camino en la etapa que iba de Tambacounda a Dakar. Sin embargo, en un intento de sabotaje, en la largada Schlesser y su compañero José María Serviá se pusieron ilegalmente por delante de él y partieron juntos para crear una cortina de arena que le dificultara la visión al japonés y, en consecuencia, le hiciera perder tiempo. La jugada iba a surtir efecto ya que, en un intento desesperado por pasarlos, Masuoka se desvío del camino y terminó impactando el costado de su Mitsubishi contra un árbol, dañando la suspensión trasera y teniendo que parar para repararla. Esto le costó 50 minutos y a Schlesser una penalización de una hora, dictaminada por los comisarios de carrera luego de la etapa y de la instancia de defensa del francés, que le sirvió en bandeja el liderazgo de la general a Kleinschmidt, que hasta entonces marchaba tercera. Lo único que debía hacer era completar los 25 kilómetros de la última etapa sin ningún accidente para llegar victoriosa al Lago Rosa. Y eso fue lo que hizo para completar una de las hazañas históricas del Dakar: la primera mujer que ganaba una categoría del rally más duro del planeta.

 

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Los festejos se desataron en el podio pese a que Schlesser apeló el resultado ante la FIA para que le removieran la penalización de una hora que lo relegó en la clasificación general. El ente madre del automovilismo internacional se tomó un mes y medio para ratificar la sanción y el 5 de marzo Jutta Kleinschmidt se coronó, oficialmente, como campeona del Dakar 2001 en la categoría de automóviles.

El hito también le sirvió para convertirse en piloto oficial de Mitsubishi, escudería con la que volvería al podio en 2002 y 2005 en el 2° y 3° lugar respectivamente. En total fueron cuatro ediciones en las que terminó en el top 3 de su categoría con 10 victorias de etapas en su haber, récord que, a día de hoy, está lejos de ser superado.

Sin embargo, por más contradictorio que suene, desde su retiro la alemana siguió trabajando para que alguien la acompañe en su lista de records. Se dedicó a dar conferencias y charlas motivacionales para niñas que se estaban iniciando en distintas categorías del automovilismo, en 2016 lanzó un programa de captación de talentos femeninos en Catar y desde 2018 es presidenta de la Comisión de Rally Cross de la FIA.

Fue justamente gracias a su programa de talentos que descubrió a Cristina García, ganadora de una etapa en esta edición 2021 del Dakar en la categoría de Vehículos Ligeros con un OT3. Al estar en Arabia Saudita trabajando en la organización de la competencia, Kleinschmidt felicitó personalmente a la española y está en continuo contacto con Laia Sanz, corredora española en motos, y con Dania Akeel, la primera mujer árabe en obtener una licencia FIA en 2019 y que sueña con participar del Dakar 2022. Como si esto fuese poco, todas hablan maravillas de la alemana. “Me siento feliz de que mi primera profesora esté aquí”, declaró García después de ganar la primera etapa de este año, mientras que Akeel sostuvo que le ha “impresionado su fuerza de voluntad” a la hora de trabajar en el sector de rally raid. 

Sin dudas, Kleinschmidt pasó a los libros de historia por sus logros y es muy probable que siga estando sola por un largo tiempo en la lista de mujeres que ganaron un Rally Dakar, pero su legado se ve aún más agigantado y cimentado cuando las corredoras actuales la toman como referente a más de 16 años de su retiro de las competencias.

 

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¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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