miércoles, 14 agosto, 2019
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Fue en el Mundial Femenino Canadá 2015 donde Julie Johnston se consolidó como titular en la selección de Estados Unidos. Con apenas 23 años, era la segunda más joven del plantel.  Jugó todos los partidos de esa Copa del Mundo y fue nombrada dentro del 11 ideal de la FIFA.

Aquel 30 de junio, corría la pelota en el Estadio Olímpico de Montreal. Jugaban por un pase a la final, las dos mejores selecciones del mundo (Estados Unidos #1 v Alemania #2). Era un encuentro parejo, nadie quería -ni podía- cometer errores, porque podían salir caros.

Al minuto 62’ con el marcador empatado a cero, hubo una falta de Johnston ante Alexandra Popp en el área. Se cobró penal. La cara de la estadounidense lo decía todo, una mezcla de sensaciones. Nervios y tristeza denotaba su mirada. Celia Sacic fue la encargada de cobrar la pena máxima. En ese instante en el que se detiene el mundo y parece que los segundos son eternos, ocurrió un milagro. Sacic falló el penal y la americana no pudo contener las lágrimas.

La capitana, Carli Lloyd animó a la joven tras lo ocurrido, diciéndole: “no pasaba nada, tienes que mantener la concentración”. El resto del partido es historia. Estados Unidos ganó 2-0 y clasificó.

En la final ante Japón, Johnston cometió un error más, aunque fue involuntario. Estados Unidos ganaba aquel partido 4-1 y en un tiro libre Julie quiso despejar, pero la pelota entró y las cosas se ponían 4-2. El partido acabó con 5-2, la US Women´s National Team (USWNT) que volvía a ganar un Mundial tras 16 años sin poder conseguirlo.

 “Todavía miro aquella jugada, y se siente horrible, yo me sentía como la chica mala”

Julie Beth Ertz Johnston nació en Mesa, Arizona, el 6 de abril de 1992. Cuenta esto como una anécdota que, para fortuna de ella, tuvo un final feliz. Cuando se trata de fútbol puede llegar a ser una persona muy emocional y competitiva, tanto así que a sus 27 años no sabe todavía cómo lidiar con la frustración tras haber perdido un partido.

En 2016 en los Juegos Olímpicos de Río sufrió por primera vez una derrota con la selección, en aquel partido ante Suecia, donde fueron eliminadas por penales. Para Ertz fue tan frustrante que pasó pensando en lo ocurrido durante un par de semanas.

La mentalidad en un deportista es un factor importante, cuando se trata de mantenerse firme ante la adversidad.

“Cuando cometes un error aprendes mucho de ello. Te preguntas ¿qué habría pasado si lo hubiera hecho bien? “

En 2017 y tras las olimpiadas, Julie atravesó un momento oscuro en su carrera: ahora era parte del banquillo, pasó casi un año en el que ella no era alineada en el 11 inicial. Ese momento la hizo reflexionar. Era difícil, pero jamás preguntó por qué no la tomaban en cuenta.

Una de las características que más resalta en la norteamericana es la mentalidad fuerte que posee. En cada entreno al que iba, le decía a Jill en su cabeza: “te voy a demostrar que no contar conmigo es un error”.  Después de un tiempo comenzó a ver todo diferente, pensó hasta en retirarse, que no la tomaran en cuenta solo la desanimaba.

Ertz, que nació con el gen ganador, solo tenía dos opciones: se quedaba sentada y enojada por no jugar o se preparaba lo mejor que podía para volver. Su mismo carácter la llevó a optar por la segunda opción. “Cuando enfrentas la adversidad como atleta puedes señalar a los demás o apuntarte a ti y reflexionar, preguntarte ¿cómo puedo mejorar? Y eso es lo que ella hizo.” declaraba Zach, su esposo, en una entrevista.

Julie quería volver y para ello tenía que trabajar más duro que las demás. Comenzó a hacer ejercicios fuera de los entrenamientos, se remontó a su infancia, donde practicaba con un trampolín junto a su hermana todas las tardes, para ser mejor cada día. Porque ser deportista de élite requiere una alta exigencia.

Las grandes victorias no llegan fácil, hay que hacer muchos sacrificios y dedicar horas de trabajo para conseguirlo, pero no hay nada más gratificante cuando la recompensa por tanto esfuerzo se presenta. El reconocimiento a su esfuerzo llegó, recuperó la titularidad y fue una pieza fundamental del plantel que ganó el Mundial en Francia.

“Mi familia sabe perfectamente mis sacrificios, saben que mi tiempo es muy limitado, pero ellos saben que mis metas y sueños son así de grandes y ellos solo quieren estar ahí para apoyarme.”

A los 20 años dejó su casa para ir en busca de un sueño que siempre tuvo bien claro: “ser futbolista”. Partió a California, jugó en la Universidad de Santa Clara hasta 2013. Al año siguiente fue la tercer seleccionada en el draft de la NWSL, fichó por Chicago Red Stars, club en el que milita actualmente, tras cinco temporadas. Ella se describe como el tipo de persona al que le gusta aprovechar todas las oportunidades.

Para poder ser profesional tuvo que dejar de estudiar, cuando la chance de jugar al más alto nivel se presentó. Decidió alcanzar sus metas y dejar su nombre en lo más alto de la historia de este deporte.

A veces, sus padres le preguntan cuándo terminará su carrera, pero a ella le incomoda un poco el tema, sabe que está en el mejor momento, que no será eterno y lo tiene que aprovechar.

A los deportistas solo se les conoce por las victorias, pero no por los sacrificios que hacen para lograr sus objetivos. Viajar por el mundo y conocer nuevas culturas puede ser una buena recompensa, que no tiene el mismo sabor cuando eso implica estar lejos de casa en fechas especiales o no poder estar en los momentos importantes de los que uno ama.

Existe una anécdota de un momento en el cual ella se perdió uno de los partidos más importantes en la carrera de su esposo Zach, porque ese mismo día a la misma hora jugaba ella también ante Dinamarca. Ertz anotó un gol y luego de vencer 5-1 a su rival todo era felicidad.

Pero la cabeza de Julie solo pensaba en una cosa: el resultado del partido de Zach. Cuando un reportero se acerca a entrevistarla y le cuenta lo sucedido, los Eagles ganaron y su esposo iba a jugar en el Superbowl. No pudo contener el llano de la emoción, estaba feliz y orgullosa del él. En la otra escena una reportera entrevista a Zach, y le muestra el video que se había hecho viral de su esposa emocionada por él. Lo ve, sonríe y da su entrevista con la voz entre cortada y los ojos llorosos.

El deporte puede quitarte muchas cosas, pero te lo devuelve con creces cuando los éxitos llegan. Ambos están totalmente comprometidos con sus carreras, saben que ahora es el momento de hacer historia y que después habrá tiempo para disfrutar todo lo que hoy están sacrificando.

El tren solo pasa una vez y hay que subirse. Representar a un país y ser exitosa es algo que no muchas pueden presumir, pero el esfuerzo y la dedicación -el siempre querer más- han llevado a Julie a lo más alto del fútbol Mundial.

 “Cada vez que escucho el himno antes de un partido, no importa si es una final de un Mundial o un amistoso. Yo me siento agradecida: por mi papá, mi mamá, mi hermana, mi esposo y el resto de amigos y familia, que tienen un rol importante en mi vida. Es importante agradecer por la oportunidad de vestir los colores de mi país y representarlo. Al final del himno miro a los fans y saludo, descargo mis piernas un poco, moviéndolas y estoy lista. Cuando acaba el himno es tiempo de creer.”

Campeona el Mundial Sub 20 (Japón 2012) donde fue incluso la capitana. Campeona del mundo en Canadá 2015 y Francia 2019. Hoy está en la lista de las nominadas al premio The Best.

Ertz es esa futbolista que deja todo en cancha, que resalta por su entrega en cada partido, a la que no le importa el sacrificio, solo quiere ser mejor. Cree en sí misma a tal punto que logra convencer a los demás de creer en ella, con lo que hace. Sabe que su imagen es importante, quiere servir de inspiración para otros. Una persona con metas, con ambición y determinación, libre de vicios.

Conocida como “la jugadora que puede derribar barreras con una sonrisa.” Por fuera es cálida como el sol, pero por dentro es toda una guerrera. Inteligente, trabajadora, dedicada y con una gran capacidad para entender el juego, así la describen los que viven con ella el día a día. Julie Ertz sabe que la exigencia, te lleva a la excelencia.  

 

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Yolanda Aguilar

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